Bienvenida

Hola, amig@.
Este es un blog dedicado a los caminos del ser humano hacia Dios. Soy cristiano, pero no pretendo dar una visión exclusivamente cristiana de estos temas.
Tampoco, y esto es muy importante, deseo que nadie tome lo que escribo como temas doctrinales. No imparto cátedra, líbreme Dios de algo que sólo está adjudicado a los sabios doctores con autoridad para impartir doctrina.
Lo mío es mi experiencia de vida y pensamiento, y lógicamente, puedo estar equivocado.
Dicho esto, y sin intención de cambiarle los esquemas a nadie, la pregunta que debes hacerte si quieres encontrar algo interesante en este blog es la siguiente:
"Si tengo y siento a Dios en mi vida, lo demás carece de importancia"
"Si no tengo o no experimento a Dios en mi vida, lo demás carece de importancia"
Si esta declaración va contigo, entonces, bienvenido seas.
Si no te dice nada, échale no obstante un vistazo; mal no creo que te haga, aunque sí puede que te haga rascarte la cabeza y plantearte cuestiones acaso "religiosamente incorrectas". Sobre todo ve a la entrada 19.- sitúate en el umbral
En cualquier caso, que la Paz esté contigo.
El título de blog "Todos los santos de Dios", afirma un convencimiento personal de que "todos los santos de Dios son todas aquellas personas de buena voluntad y sincero corazón, para los que Dios tiene sentido en su vida, aunque sean pecadores, aunque caigan una y otra vez, aunque incluso sean "ovejas perdidas de Dios", pero sienten algo dentro de sí que no saben lo que es, pero buscan el Camino de Regreso a Casa, con independencia de raza, nación y religión que pudieran profesar. Incluso aunque digan no creer. Si aman, y creen en la verdad, con todos sus defectos, forman la gran comunidad de Todos los Santos de Dios. Una Comunidad para los que Jesús de Nazareth vivió, murió y resucitó, aunque ni lo sepan, e incluso, ni lo crean.
Ya empezamos mal, desde el punto de vista doctrinal católico, pero no creo que esto a Dios le importe demasiado.

Si es la primera vez que entras, abre primero de todo la página "¿Quienes somos?, creo que te sorprenderás.
Luego consulta la página "Presentación del blog"
Y para navegar por las entradas de la página principal, vete mejos a la página "Índice", porque así encontrarás las entradas por orden de incorporación al blog.

Si, por otro lado, te interesa el pensamiento sistémico, te invito a que pases también a ver mi nuevo blog "HORIZONTE TEMPORAL", una visión sistémica del mundo para imaginar algo más allá de lo que pueden percibir nuestros sentidos.
Va de temas de aquí abajo, y de cómo plantearnos una forma holística de comprender los problemas que nos abruman en este mundo.

Correspondencia: alfonsoypaloma@gmail.com

lunes, 11 de octubre de 2010

19.- Sitúate en el umbral...


Imagínate…

En una noche oscura,
quedando ya tu alma sosegada,
sintiendo la hermosura,
con la mente callada,
de la infinita bóveda estrellada;
bañándote en la luz de las estrellas,
con todo tu ser abierto al infinito;
si percibes un estremecimiento...
ante la inmensidad total que te rodea,
al tomar conciencia de lo poco que tu ser y tu esencia constituyen,
ante el gran Universo que te cubre,
y un escalofrío recorre tu piel,
y las lágrimas brotan de tus ojos extasiados al contemplar tanta belleza,
lo creas o no, estás sintiendo en ese momento,
en ese instante eterno, el abrazo de Dios.


Él es mucho más que todo. Es tanto, que la mente resulta ser un estorbo para poder experimentar su presencia.

Ante tanta inmensidad, el alma sólo puede decir “Amén”, y callar, hacer silencio, y dejarse amar por la “Clara Luz en el vacío de la noche”.

Es Todo y lo demás, todo lo que existe, es nada.
Cuando esto sucede, cuando te sientes inundado de tanta belleza, abres los ojos y no ves nada, porque nada existe que no sea Él; porque no ves nada que no sea Él. Y las criaturas agachan la cabeza, y dando un paso atrás, dejan que Su Presencia se haga evidente en ti y en todo lo que te rodea; y tus ojos sólo ven el esplendor de una Luz ante la que el Sol queda totalmente eclipsado. Si has experimentado “eso”, has experimentado a Dios dentro de ti.

Si alguna vez has vivido algo así, aunque haya sido por un instante y casi ya ni te acuerdes, porque los asuntos de la vida cotidiana te absorben totalmente; si alguna vez sentiste algo así, te lo aseguro, experimentaste a Dios.

Y si experimentaste a Dios, aunque sólo fuera un instante, abriste los ojos a tu Vida Interior, y pudiste contemplar el camino hacia tu plenitud.

Pero antes de nada, ¿Qué es la Vida Interior?
 “Vida Interior” no es “vida privada”. No es, “yo y mis pensamientos” que no comparto con nadie, porque a nadie le importa determinadas cosas de mí, y que están protegidas por la Ley Orgánica de Protección de Datos de carácter personal. Tampoco es el conjunto de ensoñaciones que uno se pueda imaginar cuando se emociona ante una “experiencia religiosa” al límite de lo sentido como sublime.

La Vida Interior es algo que está más allá de las cosas de este mundo.

La Vida Interior es tu propia vida, tu más auténtica identidad, la que brota de lo más hondo y desconocido de ti mismo, la que ignoras por estar permanente enredado en tus asuntos de la vida cotidiana y desde donde tu ser se puede unir en absoluta intimidad con Dios.

La Vida Interior es el camino que te comunica con el vórtice de salida de este mundo para entrar en el Océano de Dios.

La Vida Interior es la que experimentas cuando cerrando los ojos, y acallando la mente, notas cómo casi tu espíritu y tu “mente – cuerpo” se disocian y casi podrías volar hacia otros horizontes de la mano de “Algo” o “Alguien” que te sostiene.
 
No sabría decir si Vida Interior es lo mismo que el subconsciente o el inconsciente de Freud. Ni lo sé, ni tampoco tiene demasiada importancia, porque no se trata aquí de abordar un estudio psicológico de las profundidades de la mente. Insisto, la Vida Interior es algo que está más allá de las cosas de este mundo.

De Vida Interior es lo que pretendo compartir en este blog. Lo dije en la motivación. Lo hago de una forma heterodoxa, si se mira desde un enfoque religioso concreto; y lo hago así, para que cualquier persona de buena voluntad y sincero corazón pueda plantearse si no podría ella también meterse en sus propios adentros para tratar de descubrir el tesoro escondido que nos ha sido depositado en lo más íntimo de nuestro ser.

“Aprender a ser”. Esta es una expresión que utilizo en algunas ocasiones para referirme a en qué consiste nuestro paso por este mundo, un proceso de aprendizaje nada fácil, en el que comenzando con nuestra vida eminentemente natural y sometida a las leyes de la Naturaleza, el Creador nos da la luz suficiente como para intuir (quien esté dispuesto a intuirlo) que nuestro destino no es la paz de los cementerios, sino la plenitud de nuestro ser. Pero aprender a ser  no es un camino fácil, y las dificultades proceden de toda las direcciones de la rosa de los vientos en el horizonte de la vida.

La doctrina se aprende, se estudia, y se puede escribir tesis doctorales sobre ella. La Vida Interior, como su nombre indica es una experiencia vivida intensamente en lo más profundo de ti, que necesariamente se proyecta también intensamente en Amor a los demás, o mejor olvídate. No es doctrinal, de modo que el contenido de este blog ni es doctrinal ni pretende serlo. Sería una necedad por mi parte pretender tal atrevimiento. Es simple experiencia personal y referida a los maestros que aquí voy a citar.

A Dios gracias, he viajado por el mundo lo suficiente como para darme cuenta de que si los católicos aceptamos que no hay salvación fuera de la Iglesia, a 5.000.000.000 de personas (las 4/5 partes de la Humanidad) más le valdría no haber nacido. Lo que es una soberana estupidez; simplemente no puede ser posible.

Así que abro mi exposición a todo aquel que pueda considerar seriamente si esta frase:

Si experimentas y sientes a Dios en tu vida, lo demás carece de importancia.
Si no experimentas y no sientes a Dios en tu vida, lo demás carece de importancia.

 
… Puede ir con él, puede ir en concreto contigo.

Las entradas del blog, van a estar divididas en tres partes, que reciben los mismos títulos de las tres partes de la novela de Walter Miller Jr. “Cántico a San Leibowitz”, Fiat homo, Fiat lux y Fiat voluntas tua.

1.- “Fiat homo”, en nuestro caso describe la vida del hombre confinado a este mundo, y sus primeros intentos de aproximación a Dios con sus propios medios y fuerzas.
2.- “Fiat lux”, describe cómo desde lo Alto, el ser humano puede empezar a recibir “la luz que procede de Aquello” que habitualmente denominamos Divinidad, y así comprender, darse cuenta de cuál es su auténtica realidad.
3.- “Fiat voluntas tua”, que describe la experiencia del alma que ya toma plena conciencia de Dios y cómo experimenta la Unidad total con la Divina Realidad.

Soy consciente de que mi exposición será aceptada de un modo directamente proporcional a tu disposición a admitir como válidas otras formas de vivir la relación del ser humano con Dios, que no sea la que tradicionalmente te han enseñado.

 
Que tengas un buen día.




domingo, 10 de octubre de 2010

18.- Todos somos Uno (introducción)




Amig@.

Con esta entrada, llega a un momento de este blog bastante difícil, porque voy a tratar, más que de explicarte (lo que es literalmente inútil), de exponerte algo que la Humanidad lleva miles de años tratando de comprender, y por lo visto no lo ha conseguido ni lo conseguirá jamás si intenta hacerlo con la única herramienta de su inteligencia, muy útil para casi todo, pero no para esto…

Si consigo que lo pilles, es decir, que lo intuyas, le verás sentido a seguir leyendo lo que en él voy a escribir a partir de ahora.

Si no consigo que lo pilles, amig@, dedícate a leer otras cosas, porque lo que vendrá a partir de ahora, no le encontrarás ningún significado. Que tengas un buen día, encantado y gracias por haber leído algo de este blog.

Lo que llevamos miles de años tratando de comprender y aún los humanos no hemos conseguido es ser conscientes de que todos somos Uno.

Las palabras “común – unidad” y “común – unión”, de donde se derivan comunidad y comunión, exigen para no estar diciendo gilipolleces, que lleguemos a comprender que todos los seres humanos constituimos una misma esencia en torno a la Esencia de las esencias, en torno y junto a la Unidad que hace de la existencia algo coherente, le aporta razón de ser, y justifica que el Universo se “haya tomado la molestia de existir”, en palabras de Stephen Hawking.

La propiedad fundamental por la que se manifiesta la común unidad, se ha dado en denominar “Amor”, palabra millones de veces proclamada y otras tantas adulterada por lo que no es.

Lo que estoy tratando de exponer, no es una nueva teoría. Es una sabiduría milenaria que una serie muy selecta de hombres sabios han dejado expuesta desde hace miles de años. Es como una semilla que está tardando mucho tiempo en germinar, porque se enfrenta a una insuperable barrera, la mente humana.

Hace dos mil años, esta sabiduría fue expuesta a los seres humanos por un hombre sabio llamado Jesús de Nazareth. En torno a Él, han habido antes y después grandes maestros que más o menos han venido a decir cosas semejantes. Así podríamos mencionar a Moisés, Isaías, Lao Tse, Buda, Shankara, Mahoma, Confucio, Wen tzu, Rumi, y tantos y tantos otros que han venido a proclamar este importantísimo mensaje: “todos somos Uno”. No obstante todos ellos fueron de alguna forma precursores o expositores de lo que Jesús de Nazareth dejaría absolutamente establecido de un modo definitivo, “el Reino de los Cielos”.

El devenir de la Historia ha hecho que los humanos, al no haber comprendido en toda su dimensión este mensaje, esta Sabiduría, hemos convertido su simple contenido, tan simple que un niño lo entendería, en sistemas de pensamiento tremendamente complicados sobre los que se han cimentado organizaciones igualmente complejas, denominadas organizaciones religiosas. Hemos convertido este mensaje, auténtica esencia de liberación, en un objeto de culto, cada cual adaptado a su cultura y a su tradición. Y así se ha escrito la Historia. Y probablemente no ha podido ser de otro modo, dada cómo es la naturaleza humana. Digamos que tal y como se ha desarrollado la Historia, entraba en el guión de la película. Las fiestas de mi pueblo, se seguirán celebrando en honor del santo patrón, como siempre.

Lo de las organizaciones religiosas es algo inevitable, lo mismo que las tradiciones. Los humanos necesitamos organizarnos para trabajar organizadamente, y las gentes necesitan de sus tradiciones, sus tótems y sus tabúes para sentirse vivas. Lo contrario sería un caos, la anarquía absoluta. El órgano es el elemento sistémico que da entidad a un conjunto de personas relacionadas hacia un objetivo común, así como las tradiciones suponen una fuerza interna que aúna las voluntades de las gentes. El problema por tanto no es el hecho de que existan organizaciones religiosas, sino que cada una pretenda ser la única y excluya a las demás del derecho a la Verdad. De igual forma el problema no está en la devoción de mi patrón, sino en pretender que el de mi pueblo sea más santo que el del otro pueblo y genere rivalidad.

Existen dos formas de ver este mundo, la primera es tratando de encontrarle un “por qué”, aunque no sepamos muy bien saber y comprender el “para qué”.

La segunda, sabiendo ver el “para qué”, aunque no sea necesario entender ni justificar el “por qué”.

La primera requiere reflexión y análisis, la segunda requiere simplemente “contemplación”.

Me explico.

La mente humana, al enfrentarse a los acontecimientos, a la realidad, al estado de cosas en los que ha de vivir, trata desesperadamente de comprender el por qué de todo esto. Nos devanamos los sesos intentando encontrarle un sentido retrospectivo a lo que estamos viviendo. Por ejemplo, por qué Dios consiente el mal en el mundo, y cosas así.

Vivir tratando de encontrar un por qué a todo esto, entra dentro del terreno de la inteligencia, de la mente que busca “explicaciones”.

Vivir sin tratar de encontrar un por qué, sino un para qué, entra dentro del terreno del espíritu, del alma que trata de encontrar la Luz que guíe su camino hacia la Plenitud.

La palabra “inteligencia” viene del latín intellegere (inter “entre” y legere “escoger o leer”). Así que inteligente es alguien que sabe escoger la mejor alternativa, la mejor explicación entre varias posibles. De ahí viene que uno de los atributos más fructíferos de la inteligencia es la capacidad de análisis, de deliberación, de inferencia, de interpretación y de decisión. El paradigma de inteligencia podría ser “la navaja de Occam”, o la explicación más sencilla es la más probable.

La palabra “espíritu”, viene del latín aspirare (aspirar). Es algo que aspira a ser algo que aún no es.

Los seres humanos somos un batiburrillo de cosas que dispuestas en capas, como las matriuscas rusas, conforman lo que somos: cuerpo o soma, emociones, inteligencia y espíritu o consciencia.

 

El cuerpo, las emociones y la inteligencia constituyen lo que podríamos denominar nuestro “yo apañao”, tremendamente útil para movernos por nuestro pequeño mundo.

La consciencia o espíritu, constituyen nuestro Yo Real, nuestras honduras, el hondón de nosotros mismos, nuestras más profundas moradas, donde Dios habita, y que constituye la salida de este mundo.

Habitualmente, nuestro “yo apañao” conforma casi la totalidad de nuestra existencia, con el trabajamos, nos movemos y casi existimos, mientras que nuestro espíritu es algo que reside en nuestras profundidades.

Las religiones tratan de espabilarle de vez en cuando a base de prácticas religiosas tales como ceremonias, sacrificios, rezos y demás actividades orientadas a sacarle del letargo en el que habitualmente se encuentra. Una vez terminan estas prácticas, el espíritu vuelve a dormirse y hasta la próxima vez en la que toque otra práctica religiosa.

Los católicos somos muy dados en dividirnos en dos grandes grupos, los practicantes y los no practicantes. Los primeros espabilan su espíritu de vez en cuando, tradicionalmente cada domingo, oyendo misa, y los no practicantes le dejan roncando profundamente. Yo no me considero ni de un grupo ni de otro, lo que me está originando no pocos quebraderos de cabeza, porque no me encuentro a gusto en ninguno de los dos grupos.

Pero quitando estas prácticas, el espíritu humano es como la bella durmiente, la doncella que espera casi eternamente a que venga el príncipe azul y la despierte con un beso, mientras la mente y el cuerpo se dedican plenamente a “sus asuntos”.

La tragedia de todo esto está en el hecho de que tanto Jesús de Nazareth como los demás maestros de la Sabiduría de la Antigüedad no hablaron para que nuestras mentes les entendieran, sino para despertar nuestro espíritu y que viera la Luz de un nuevo amanecer. Pero nuestra mente, que es un enojoso engorro en todo esto, no hace más que molestar, y dándole un soberano bofetón al espíritu, le hace callar, le encierra en la torre del castillo, y pretende ser ella, la mente, la reina del mambo, la listilla que se las vale sola para comprender las cosas. Algunos intuyen que en esto consistió lo del pecado original.

Y así nos ha ido desde que el mundo es mundo.

Incluso, la mente humana ha tenido la osadía de inventarse una ciencia, a la que llaman Teología, para comprender y analizar el Espíritu de Dios.

Como anécdota, Tony de Melo cuenta en su libro “El canto del pájaro” que Santo Tomás de Aquino - autor de la Summa Theológica, perteneciente a la orden de Predicadores, competidora con los dominicos a ver quien se llevaba el gato al agua de ser los más grandes en el Magisterio de la Iglesia-, una vez que concluyó su descomunal obra teológica, debió experimentar la iluminación de la contemplación. Dándose cuenta de lo inútil de su trabajo, no volvió a escribir nada más, aunque ya era demasiado tarde; sus ideas ya estaban empezando a hacer efecto en el pensamiento escolástico.

La conclusión de todo esto es un hecho que los humanos nos resistimos a admitir:

Dios no es un mensaje para la mente, sino para el Espíritu.

En estos asuntos, tratar de anteponer la mente es el mayor de los desatinos. Pero no parece que hayamos aprendido después de dos mil años que Jesús de Nazareth rogase al Padre “que todos seamos Uno en Él”, en su oración de Getsemaní.

Pero con el paso del tiempo y tras darnos de cabezazos teológicos y religiosos para tratar de comprender con la mente lo que sólo el Espíritu puede intuir, parece que las cosas pueden estar empezando a cambiar.

La cosa es ciertamente sorprendente. Y no viene de donde se podría suponer, la religión, sino de algo tan pragmático y aparentemente alejado de lo espiritual y religioso, como es la Física, la ciencia encargada de estudiar la materia de la que está hecha el Universo, la Creación.
En Octubre de 1927, se celebró en Bruselas la V reunión de Solvay, organizada por el químico Ernest Solvay. Se considera esta reunión la concentración de sabios más numerosa de la Historia. Diecisiete premios Nóbel, y uno de ellos, la única mujer, Marie Curie, con dos premios, el de Física y el de Química.

 

En esa reunión, se produjo una famosa discusión entre Niels Böhr y Albert Einstein donde este le dijo “Dios no juega a los dados”. Parece ser que ganó el danés Böhr, porque esta reunión se conoce como la “Interpretación de Copenhague” de la mecánica cuántica, dejando comprometida para siempre la inadecuación de la Física clásica de Newton, para interpretar el mundo, por no poder aplicarse para comprender los fenómenos subatómicos. La cuestión dejaba un vacío conceptual que necesariamente planteaba el cómo la mecánica cuántica lograría ocupar el vacío dejado por la Física clásica de Newton.

La formulación de Solvay 27, coronaba la cuántica como sucesora. Einstein se opuso a ella hasta su muerte, aunque con el tiempo tuvo que reconocer su validez.

La formulación de Copenhague dice más o menos lo siguiente:

“No importa a qué se refiere la mecánica cuántica; lo importante es que funciona”

Con esta declaración, lo racional comenzaba a mezclarse con lo irracional.

La Física clásica de Newton, la que todos hemos aprendido en el colegio y en las universidades de ciencias, explica prácticamente todo el mundo físico que conocemos. Gracias a ella el hombre ha podido desembarcar en la Luna con una precisión de la trayectoria del vuelo casi milimétrica. Es decir, la Física de Newton hace posible toda la ingeniería que utilizamos en nuestro mundo. Nadie puede atreverse a decir que es inútil para explicar nuestro mundo y para ser el soporte de todo lo que el hombre fabrica y construye para hacer la vida más agradable y confortable… o más hostil y despiadada.

Sin embargo, cuando se pretenden aplicar los axiomas de Newton a lo muy pequeño, a lo atómico, o a lo muy grande, al Universo macrocósmico, hay algo que no funciona bien. Es decir, parece que la Física de Newton tiene unos márgenes de seguridad, que son lo que están dentro de 10 elevado a menos 10 y 10 elevado a 10 metros, es decir, dentro de 20 potencias de diez, en las que se mueve nuestro pequeño mundo. Por debajo de 10 a la menos diez y 10 a la diez, por poner unos márgenes aproximados, Newton parece que no funciona. Es decir, no es que la teoría sea errónea, sino que sirve sólo en determinados escenarios del Universo. En lo atómico y subatómico, o en lo macrocósmico, parece que se enfrenta a situaciones y comportamientos de la materia, que no puede explicar. metros es decir, dentro de las 20 potencias de diez en la que se mueve nuestro pequeño mundo. Por debajo de 10

Algo barruntaba Newton de lo que podía pasar con sus leyes, al no saber explicar cómo una manzana cae al suelo si se desprende del árbol.


“No he sido capaz de descubrir las causas de estas propiedades de la gravedad basándome en sus fenómenos, y no he sacado ninguna hipótesis… Me basta con decir que la gravedad existe realmente y actúa acorde con las leyes que hemos explicado (directamente proporcional al producto de las masas, e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia). Y además, sirve para explicar todos los movimientos de los cuerpos celestes.” 
Newton. Philosophiae Naturalis Principia Mathemathica”

Tras la declaración de Copenhague, la Física ha entrado en un terreno frontera entre lo racional y lo no racional (¿o espiritual?).

Para la Física clásica, el mundo es una cosa que está fuera de mí, y “yo” soy otra cosa, separada del mundo por una tenue barrera, aunque mi cuerpo sí participa del mundo real, y de qué modo. Casi “yo” y mi cuerpo físico somos cosas distintas…

Esto conduce a lo que se denomina “objetividad absoluta”. Yo, que estoy fuera del mundo, no prejuzgo nada, me limito a observar para comprender cómo funcionan las manillas del reloj, de las que me separan la esfera de cristal.

La Física cuántica, dice lo contrario, que no es posible observar la realidad sin cambiarla.

Dice Carl Jung: “Cuando lo individual permanece intacto, individido y no adquiere consciencia de su contradicción interna, el mundo tiene que eliminar forzosamente el conflicto que se desgarra en dos mitades opuestas”

Y dice Pauli: “Desde un centro interno, la psique parece moverse hacia fuera, en el sentido de la extroversión, hacia el mundo físico”

Si ambos están en lo cierto, entonces, la Física es el estudio de la estructura de la consciencia.

Baste de momento esta sorprendente explicación para hacerte ver, querid@ amig@, que hasta la Ciencia empieza a vislumbrar que la mente humana, que comprende perfectamente bien el mundo visible, es incapaz de enfrentarse a los nuevos retos de la Física, la estructura íntima de la materia. El hombre necesita de algo más que su inteligencia para encontrar sentido a lo que ve. Es como si hubiera llegado al límite de su aparente capacidad para pensar.

Para lo que le sigue a la Física, que es conseguir “atrapar” la teoría de la Gran unificación, la Teoría del Todo, va a tener que ver “todo lo que existe” con una nueva perspectiva. Algunos autores como Fritjof Capra, empiezan a ver cómo la Física y la Espiritualidad no están tan separadas como se ha pretendido. En su libro “El Tao de la Física”, explica el sorprendente paralelismo que la nueva Física y el milenario Tao o Zen, tienen entre sí.

Todo esto es tan extraño, como extraño es para nosotros el pensamiento y la vida de los místicos.

Volvemos a lo mismo que he referido en la Entrada 13 de este blog, que la clave de nuestra espiritualidad, de nuestra vida, la han sabido ver los místicos, no los teólogos clásicos, por el hecho de tener estudios.

Entender a Jesús de Nazareth sólo es posible hacerlo con el alma. La mente no sirve para nada en todo esto. La lógica aristotélica, ampliamente utilizada por Tomás de Aquino, no da más de sí, la pobre.

Jesús, Lao Tse, Buda y los demás son como los físicos que hablan de Mecánica cuántica a mentes que sólo entienden la Física de Newton. Hay una barrera que separa a ambas entidades, imposible de superar con nuestro deseo de comprender el “por qué”.

La Física clásica es a la práctica religiosa y a Teología clásica, lo que la Física cuántica es a la Mística y a la Filosofía perenne.

La Física clásica se basa en la certeza absoluta, es determinista, mientras que la cuántica se basa en probabilidades, es estadística.

De la misma forma, la Teología clásica se basa en dogmas irrefutables, en verdades eternas, inmutables y declaradas ex cátedra. Separa a los hombres de forma dicotómica en creyentes y no creyentes.

La mística es simple y pura experiencia de Dios desde lo más íntimo del alma humana, desde la oscuridad de la fe, dejándose llevar por Algo o Alguien en quien confía le guíe por cañadas oscuras. Une a todos los hombres en torno al Amor.

La base del Amor, de la Creación, de la Común Unidad, está fuera de las cosas de este mundo. Los físicos empiezan a intuirlo, no sé si los teólogos clásicos.

A partir de este momento te invito a entrar en el terreno de la Mística y de la Filosofía perenne, o lo que es lo mismo, en la intimidad del Todo, desde la intuición del Espíritu, no desde la reflexión intelectual.

Para lo que sigue, amig@, la inteligencia convencional no te va a servir de mucho, como la Física clásica no sirve para comprender lo que sucede en lo muy pequeño y en lo muy grande del Universo, sólo sirve para entender nuestro pequeño mundo, que ya es bastante. Tu inteligencia te puede servir como primera aproximación, hasta que te veas obligado a creer de verdad, si quieres llegar en algún momento a ver.

Si aceptas el reto, puedes que encuentres el sentido que tiene tu vida y todo lo que experimentas y estás viviendo, tus anhelos, tus sinsabores, tus añoranzas tus alegrías y tu sufrimiento.

Y que conste, que todo lo que escribiré a partir de ahora, como lo que llevo escrito, no es fábrica personal. Tan sólo soy a lo sumo, correa de transmisión de mis maestros, en especial de uno a los que muchos aceptamos como el Mesías, el Hijo de Dios vivo, y casi todos respetan como una figura histórica excepcional, se trata de Jesús de Nazareth.

Algún imbécil podría pensar que me las doy de listo y que quiero formar una nueva secta protestante, o que pertenezco ocultamente a alguna de ellas como las que he visto en Estados Unidos o en Honduras, o empiezo a ver aquí en España; o que pretendo escribir un best seller y forrarme. Para nada, no quiera Dios. Cuanto más en el anonimato esté, mejor para todos. Yo soy católico, respeto a mis mayores y afirmo ir con regularidad a misa dominical, si a eso vamos.

Me siento al escribir esta entrada, como se sentía Max Planck (salvando la abismal distancia entre ambos), cuando presentó con más miedo que vergüenza su teoría cuántica a la comunidad científica, con el temor de que le echasen huevos podridos a la cara; aunque algo le tranquilizaba, sabía que estaba en lo cierto, y que la ciencia no tardaría en aceptarlo. Como así fue. Hasta Einstein tuvo que reconocerlo.

Que tengas un buen día.

Tómate una aspirina si te he levantado dolor de cabeza.

sábado, 9 de octubre de 2010

17.- Todos los Santos de Dios

Para escuchar la canción, pincha>>> Louis Armstrong - When The Saints Go Marching In



Cuando Todos los Santos de Dios estén entrando en la Gloria, yo quiero estar con ellos, ansío pertenecer a ese número.


¿Quiénes son todos los Santos de Dios?


No son aquellos que se creen en el derecho de serlo porque cumplen unas determinadas condiciones digamos jurídicas o profesionales; no son los que ocupan los primeros puestos en las ceremonias. No son los que quedan justificados al recibir el halago de todos los que buscan algún favor de ellos, porque tienen poder, porque tienen capacidad de decidir sobre lo divino y sobre lo humano.


Sencillamente Todos los Santos de Dios son que cumplen estas condiciones:


Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.


Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.
[...]
Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

(Mateo 5, 3-12)


En Honduras les hemos conocido por su nombre…


Son, entre muchos otros, estos…

Yola, Bélgica, Reina Margarita, Miguel Ángel, Fredy, Carol, Alejandra, Josué, Silvio, Don Ángel, Jarizel, Ivan y María, Michael y Gilma, Lourdes, Don Hugo, Don Santos, Osorio, Griselda, Don Pedro, Don Nicolás, Trypi, Don Ramón, Doña Vicenta, Nelson, Selena, Rebeca, Anabel y un interminable etc, etc, etc, de benditos de Nuestro Padre que viven en medio de los infiernos que la ambición humana ha creado, o que viviendo en nuestro acomodado mundo, han entregado, están entregando o entregarán sus vidas para compartirla con los bienaventurados.


Fuimos a ayudarles, pretendimos ir allí para aliviarles en su dolor, y al final, como no podría ser de otra forma, han sido ellos los que nos han mostrado el Camino, la Verdad y la Vida.

Son ellos los que nos han dicho “es por aquí”; por aquí se entra a la senda estrecha, la que conduce directamente a la Luz, a la clara luz del vacío; la que te permite traspasar la “Nube del desconocer”, la que te quita la venda de los ojos y te permite ver dónde y en qué consiste la Verdad.


Son ellos los que están materializando con su sufrimiento diario, soportando la espantosa carga de la riqueza que disfruta el Primer Mundo que les condena a ser pobres, la preciosa y memorable frase de Mohamas Gandhi…


La ley que rige la Humanidad es el amor. Si la violencia nos hubiera regido, nos habríamos extinguido hace muchísimo tiempo. (Gandhi, Amor incondicional)


Fuimos allí para ayudarles, y son ellos los que nos han ayudado a Paloma y a mi.

Fuimos allí para salvarles, y son ellos los que nos han salvado.

Fuimos allí para mostrarles el camino, y son ellos los que nos lo han mostrado.

Así que volvemos con el rabo entre las piernas, pidiendo perdón a Dios por nuestra altanería, por nuestra insolencia y nuestro orgullo vano.


La conclusión que podemos dar de nuestra vivencia de Honduras, como podía serlo de India, de Congo o de Sierra Leona o Bolivia, es que todo aquel que desee encontrar el Camino de la Salvación, debe atreverse a mirar a los ojos de los pobres, fijamente, y pedirles humildemente perdón, porque tiene que descender a sus infiernos (al de ellos) para comprender con el corazón, desde lo más profundo de su ser, desde “sus honduras”, que en ellos está en germen la Resurrección, y que en nuestra acomodada forma de vivir está la condenación. 
Esta palabra, "condenación", es muy fuerte, pero no encuentro otra mejor para expresar que vivir en nuestro primer mundo puede ser un privilegio para nuestra mente y nuestro cuerpo, pero es una auténtica tragedia para nuestra alma, es decir para nosotros mismos, para nuestra auténtica realidad, si no nos damos cuenta de la Realidad que nos rodea.


¿Lo pillas, querido lector?


Ellos no saben nada de esto. Viven sus vidas en medio de la amargura y del llanto de sus miserias, de la violencia que les martiriza, del desprecio de los poderosos a los que son sometidos. Pero es justamente porque lloran, porque son mansos y humildes de corazón, porque sufren, porque su vida es un calvario, es por eso que tienen las llaves del Reino de los Cielos.


Amig@ que me estás leyendo, quisiera que pudieras sentir en tu corazón este gran mensaje:


La vida no consiste en ver para creer, sino en creer para lograr ver.
Este es el consejo que le dio Jesús a Tomás cuando sólo al ver sus llagas creyó y le dijo "Jesús mío y Dios mío".

Y para creer, no tienes que someterte a la superchería de la gente, ni acatar las creencias y devociones de cada pueblo y localidad.
Creer no es acatar las creencias impuestas por tu tribu. Una cosa es la fe y otra bien distinta las creencias.


Creer significa “contemplar”. 
Y contemplar significa simplemente “ver cómo las hojas caen de los árboles” en palabras de Consuelo Martín. Es decir, ver la Vida sin más, y verla con ojos infantiles, con ojos puros.

Porque la contemplación es un estado del ser, ni fácil, ni difícil de alcanzar.

Es simplemente sencillo, si se sabe cuál es su fundamento.

Consiste en atravesar la barrera del silencio y escuchar.

Contemplar es vivir el presente eterno, vivir el momento que nos ha sido dado, bastándole cada día su afán, aceptando humildemente la gracia de disponer del pan de cada día.

Contemplar es no estar encadenado ni a experiencias del pasado, ni a proyectos de futuro.

Contemplar es simplemente ver sin emitir juicios, ni razonamientos, ni elaborar modelos mentales para tratar de comprender.

Contemplar es observar sin emitir criterios de realidad.

Contemplar es ver sin influir en lo observado, sin elaborar fantasías.


Contemplar supone amar lo que es.


Contemplar supone renunciar al uso del pensamiento para acceder a Aquel que da soporte a nuestra existencia.

Contemplar es hacer desierto en el alma.

Contemplar es hacer vacío de uno mismo.

Como Moisés sacó a su pueblo de la esclavitud de Egipto, y le condujo por el desierto, también nuestro pensamiento tiene que dar el primer paso y ser consciente de sacarnos de la vida cotidiana, conducirnos por el desierto.

Pero has de saber que con él no podemos entrar en la Tierra prometida, en el centro de nosotros mismos, donde Dios habita, por nosotros mismos.

Existe una Puerta que no podemos abrir nosotros.

Más allá de esa Puerta, está el Océano de Dios.


Amigo, y con esto termino…


Si no has comprendido lo que te he escrito, es señal de que has tratado de comprender con la mente, lo que hace inútil tu esfuerzo, y mejor sigue viviendo tu vida, pues lo vas a pasar muy mal, dándote contra un muro imposible de romper.


Si no habiendo comprendido, crees que estoy borracho al decir estas cosas, lo siento por ti.


Si no habiendo comprendido te has quedado intrigado, esto es buena señal.


Si intuyes algo, significa que tu mente empieza a callar, y tu corazón comienza a creer. Y a poco que creas, comenzarás a ver.


Es por eso que cualquier experiencia, cualquier vivencia que un voluntario, un cooperante, un misionero, pretenda vivir, sólo puede tener éxito si se vive desde el interior, desde las honduras del corazón.


Si se te ocurriera ir a India, a Sierra Leona, a Honduras o a Bolivia, o a cualquier otro país en vías de desarrollo (en expresión políticamente correcta), y vas allí con la mente como única herramienta para comprender, te vas a dar una bofetada de la que no te podrás recuperar.


La senda de los pobres de este mundo es para ti, la senda de tu propia Vida Interior, la que has de vivir desde tus propias honduras, desde lo más profundo de ti, donde Dios habita, lo creas o no, lo quieras o no.
 

Es la senda de la Contemplación, de la vida contemplativa.

Es la senda por donde caminan “Todos los Santos de Dios”.

martes, 5 de octubre de 2010

16.- Descender a los infiernos (segunda parte)


Prepárate para escuchar un relato un poco largo pero estremecedor…

En un momento determinado, yo le hice una pregunta a una de nuestras religiosas: ¿cómo puede ser que si Honduras como el común de Latinoamérica, ha sido de siempre católica, de unos años para acá ha proliferado tanto la iglesia protestante, con tantísimas confesiones como vemos implantadas acá?
La respuesta que recibimos, tira de espaldas; es el resultado del plan más maquiavélico que mente humana haya podido urdir.

Al concluir el Concilio Vaticano Segundo, los obispos y cardenales, de regreso a sus países, tenían el mandato de comenzar a diseñar la estrategia de aplicación de las consignas emanadas de aquel. Los obispos de América Latina, comenzaron a estudiar la situación en sus países, de cómo podía la Iglesia ser “lumen gentium”, para dar “gaudium et spes” a las gentes.
Estudiando el terreno social, comenzaron a ver la situación de pobreza, y a veces de miseria extrema en la que vivían millones y millones de personas. Se les caía la cara de vergüenza de sostener una pastoral tradicional, con el cura como mero administrador de sacramentos. Las directrices del Concilio, proponiendo una pastoral renovada, con la participación del pueblo, tampoco era coherente con la situación de esas gentes, que se tenía que quitar el hambre a guantazos. No se podía predicar una doctrina supuestamente salvadora de almas, mientras no se diesen pasos decididos para sacar a esa gente de la miseria corporal.
De estos planteamientos surgió en 1968 el Documentos de Medellín, base ideológica de lo que sería posteriormente la pastoral liberadora, en la que el pueblo, unido como fuerza social, primero de todo fuera consciente de su situación, y viese a los católicos como personas realmente comprometidas en la lucha contra la miseria.
Eso de que el pueblo “despierte de su letargo” no es algo que siente demasiado bien a los poderosos.
El documento de Medellín se siguió estudiando, como plan estratégico que debería materializarse en proyectos de desarrollo, lo que dio lugar al Documentos de Puebla, allá por 1972-73 (Bélgica no se acordaba bien de la fecha). Para ese momento, Leonardo Bof, inicialmente un teólogo clásico, academicista y escolástico (por así decir), fue dándose cuenta gracias a la situación que veía entre las favelas de Rio de Janeiro, de cómo la teología convencional de la Iglesia Católica era para esa gente un ejercicio perfecto de fariseísmo, orientado a decirle al pobre, “no te preocupes, hijo mío, ten paciencia con tu miseria, que el Señor te recompensará en la otra vida”.
Al tratar de explicar en Roma su planteamiento, primero pan, después rezos, los del Vaticano parece haberle dicho algo así como el equivalente más o menos de…, “anda chaval, no te calientes la cabeza con esas cosas, que ya nos encargamos en Roma de atar y desatar”.
Y nace, no obstante la incomprensión del Vaticano,  la Teología de la Liberación, verdadera amenaza de insurgencia popular para los poderes fácticos de Latinoamérica, y un grano bastante incómodo para la curia, que nunca ha querido enfrentarse a los políticos y poderosos.
La cosa empezaba a tomar un cariz nada deseable, de modo que algo había que hacer. Y uno de los que empezaba a ponerse nervioso por el problema de dejar que el pueblo se empezara a articular en su lucha al lado de la Iglesia católica, fue nada menos que el Tío Sam, al que le importaba muchísimo mantener a todo ese continente, así como a África y a Asia, sumido en la pobreza, porque sus recursos les harían falta a ellos en el Siglo XXI (así reza textualmente en un documentos increíble de la Administración Reagan, el National Security Study Memorandum 200, de 1974, redactado tras los primeros estudios del Club de Roma sobre la superpoblación y los límites al crecimiento).
La respuesta fue el “Plan Rockefeller”, según lo llaman aquí, (no creo que Rockefeller tenga algo que ver, pero su nombre representa el imperio norteamericano), financiado por varias multinacionales norteamericanas, entre ellas.
Divide y vencerás, por un lado, y por otro; démosles armas a los campesinos para justificar un “casus beli”.
Divide y vencerás; es decir, por cada templo de la Iglesia Católica, plantemos un templo protestante (evangélico, baptista, menonita, cuáquero, da igual), una alternativa a los católicos, con todo el dinero necesario para construir, y para promocionar a los nuevos seguidores, y un mensaje: el fin de los tiempos es inminente, y lo que importa es salvar el alma. De veinte años a acá, el desembarco de los protestantes en Latinoamérica, ha sido como el de Normandía, hasta tener la situación que estamos viendo en Honduras, con cientos de templos de cientos de sectas protestantes, que dan la impresión de que este es un país que adora a Jesucristo.
Y démosles armas a los campesinos, empujémosles hacia el precipicio de la violencia, lo que nos proporcionará un perfecto “casus beli”, para tacharles de guerrilleros comunistas, al calor de la revolución cubana.
La Iglesia oficial, no sé si engañada, o dejándose engañar, tachó a los de la Teología de la Liberación de comunistas, con lo que el Vaticano rechazó esta tendencia, con las consecuencias que todos conocemos.
¡Pues ya está, caso resuelto! Mejor no ha podido salir. Se ha conseguido el objetivo del Plan Rockefeller; número uno, se ha conseguido fragmentar la solidez de un mensaje auténticamente evangélico, con el beneplácito implícito o explícito del Vaticano, arrancando a millones de católicos americanos hacia centenares de confesiones protestantes, que lo único que realmente no tengo claro qué es lo que persiguen, a tenor de los resultados. Acaso pensar en el más allá, para que el más acá siga como al Tío Sam y a sus gobiernos amigos puestos en las diferentes repúblicas, les interesa. Y número dos, se ha podido  justificar la respuesta armada de las diferentes “contras”, con lo que se ha podido justificar el asesinato de los principales líderes católicos de la Teología de la Liberación, entre ellos, a monseñor Oscar Romero, auténtico mártir de la causa para los latinoamericanos.
Y encima, se da la impresión ante el mundo de que Latinoamérica es “profundamente cristiana”, con un Jesucristo convertido en artículo masivo de consumo, como la Pepsi, y de paso, desprestigiar a la Iglesia oficial, al Vaticano, como amiga de los poderosos, que mira para otro lado ante las injusticias, por lo que está perdiendo parroquia, que se va desencantada a otras confesiones.
A Lucifer, la jugada le ha salido absolutamente perfecta. ¡Es abracadabrante! Me gustaría que este relato no fuera cierto. Me gustaría que sólo fuera una interpretación maliciosa. Pero creo que es rigurosamente veraz.
Esta es la versión de una religiosa de convento, hasta que al preguntarse, pero ¿dónde está Dios, en el interior de mi convento, o fuera, sufriendo con los pobres? Se respondió a sí misma, como otras muchas, comprendiendo que la fe no puede ser sólo contemplativa, sino contemplativa de acción.
Muchas veces me he preguntado el misterioso significado de la frase que rezamos en el Credo “descendió a los infiernos”.

¿Qué fue a hacer allí Jesús?

¿Qué hemos de hacer allí nosotros también?

15.- Descender a los infiernos (primera parte)

Honduras parece ser un país muy religioso, si nos atenemos a las innumerables iglesias y comunidades cristianas, que se cuentan por centenares. Los coches y autobuses tienen grandes carteles con slogans propagando el amor de Dios y la fe en Jesucristo. Así visto, lo lógico sería pensar que algo así debería ser el Paraíso Terrenal.
Sin embargo, la realidad, al menos para el viajero que pasa una temporada allí, parece bien distinta. Honduras, o al menos la zona donde nosotros hemos estado en junio de 2010, es un país donde pasear por las calles de noche parece casi un intento de suicidio ¿Por qué la gente no se atreve a pisar la Rivera Hernández? ¿Por qué vivir aquí, aunque sólo sea un mes, como nosotros, es considerado por propios y ajenos como un acto de heroísmo?.
Porque la religiosidad que se respira aquí, tengo la impresión de que parece ser una fachada, un uso fraudulento de Dios para beneficio de unos pocos.
Antes de venir aquí, sinceramente yo tenía en mejor estima a las iglesias cristianas separadas, pero uno se da cuenta de que a falta de otro mejor, Jesucristo impresiona ser un lucrativo artículo de venta. Se gana una pasta que no veas a base de enfervorizar a las gentes con soflamas incendiarias para estimularles una fe en no sé muy bien en qué, pero eso sí, les mantiene sumisos a su desgracia, mientras pagan “religiosamente” los diezmos al predicador.
Es, probablemente uno de los impactos más agresivos que he sentido al vivir allí, del que no me he recuperado. Es como si hasta que fuimos allí, nos hubieran contado una de indios respecto de la misión de las iglesias, para ver cómo el modelo construido en mi mente, se desmorona como un castillo de naipes.
Tras el montaje religioso que allí “creo haber visto”, la vida sigue igual, con las maras por las calles asesinando a propios y ajenos (en una semana mataron creo que a cinco personas que venían de las maquilas con su sueldo quincenal, y otro  día mataron a un chaval, que a su vez tenía sobre sus espaldas tres vidas que él había eliminado; o sea, ajustes de cuentas.
Y esta es la vida aquí, una vida entre rezos y balazos. Para que la cosa esté balanceada.
Y sin embargo, los ojos de esta gente están pidiendo a gritos “háblame de Dios”.
Nosotros, los misioneros que hemos estamos aquí, y los que permanecen o volverán, no somos ni mejores ni peores; que Dios juzgue a cada cual según sus actos.
Lo que voy a decir, lo digo con mucha prevención, porque se puede malinterpretar. Jamás he tenido nada en contra de las confesiones protestantes, salvo lo que me molesta del conjunto de las iglesias cristianas, incluida la católica, la cizaña que inyectan todos aquellos que ambicionando poder, nos utilizan para sus oscuros intereses. Sólo basta releer la Historia de dos mil años de cristianismo para comprobar que no estoy diciendo ninguna calumnia, que hemos tenido que soportar las sombras de escándalos, cismas, traiciones y tristes acontecimientos, igual que hemos de enorgullecernos de la fortaleza que contra el maligno ha sabido mostrar. La miríada de confesiones cristianas no habla muy a favor nuestro.
Dad gratis lo que habéis recibido gratis. Esa es la exigencia. Y sobre todo dad amor callado, sosegado, en paz; sin alharacas, sin esperpentos, sin aspavientos, pero sobre todo sin exigir nada a cambio.
Nuestros misioneros voluntarios reciben unos 1500 lempiras al mes para sobrevivir, y no piden nada más; y lo hacen a gusto.
Hablarle de Dios a la gente consiste en tratar de aliviar sus males físicos, sacarles de la ignorancia, enseñarles a lavarse las manos después de defecar, para no volverse a contagiar con sus propios parásitos. Hablarle de Dios a la gente, consiste en enseñarles a alimentarse mejor con lo poco que tienen. Hablarles de Dios es compartir con unas parejas cómo ha sido nuestra relación de matrimonio felizmente casado durante casi treinta años. Hablarles de Dios, es enseñar a los chavales el verdadero sentido de la sexualidad y del amor y respeto por una mujer que se merece un monumento, y no el desprecio, el machismo y la violencia.
Hablarles de Dios es ir casa por casa visitando a la gente impedida, hablar con ella, detectar sus problemas y tratar de aliviar, en la medida de lo posible sus angustias.
Hablarles de Dios es concienciarles de que no se pueden rendir ante la miseria, que no se pueden resignar ante las injusticias, de que ellos, como sociedad civil tienen que asumir la responsabilidad que no asumen los políticos corruptos y ponerse en pie para luchar por sus derechos.
Hablarles de Dios es enseñarles a orar, “allí, en lo escondido”, en lo profundo del corazón, a dar gracias y a pedir fortaleza para seguir caminando por la senda estrecha, y en comunidad a celebrar su amor sin grandes esperpentos.
Hablarles de Dios es todo eso junto, pero si me apuras, es lo primero de todo, aliviarles, o demostrarles que tratas de aliviarles sus problemas materiales y afectivos, unos problemas que les ahogan cada día, porque la miseria que hemos visto aquí, ni de lejos nos la podemos imaginar en Occidente, por mucho que nos la cuenten los medios de información. Y con una vida así, no me vengas con rezos a la Virgen, por favor.
Esa es la gran diferencia entre unos y otros.
Nosotros hemos tenido el increíble honor de poder participar por unos pocos días en esta genial labor que la Iglesia misionera está haciendo por estos lugares, aparentemente dejados de la mano de Dios.
Y por ello decimos que Dios está aquí, en medio de nosotros con toda su realidad, aunque cueste creerlo a veces.
Sin embargo, a pesar de todos nuestros esfuerzos, parece haber una barrera insuperable entre el Reino que queremos transmitir, y la realidad que estamos viendo allí.

domingo, 3 de octubre de 2010

14.- ¿Qué venís a hacer aquí?


¿Qué venís a hacer aquí? Nos preguntaba un altivo gallo que nos impedía el paso del estrecho callejón para visitar a Don Pedro Velasques, un cadáver viviente de 82 años, torturado por una hidrocefalia debida a un tumor cerebral que le mantenía consciente en un continuo e insufrible dolor imposible de aliviar.
¿Qué venís a hacer aquí? Nos preguntaba el gallo, como reprochándonos la desfachatez de siquiera acercarnos a su dolor y el de sus amos.
¿Venís a regodearos de nuestra miseria? ¿Venís a hacer turismo humanitario, para luego volver a vuestro acomodado mundo y contar a vuestros amigos lo santos y entregados que sois? ¿Venís aquí para aliviar vuestras conciencias, para justificar con esta acción vuestros remordimientos? ¿Venís aquí para quedaros tranquilos porque al menos le habéis puesto un poco de Betadine a las profundas escaras de mi martirizado amo, que no se puede pagar un drenaje de líquido cefalorraquídeo?

¿Qué venís a hacer aquí?

Esta pregunta que me lanzaba el escuálido gallo de aquella casucha de los Asentamientos humanos, oscura, infectada de pulgas y mosquitos, en medio de un calor húmedo y asfixiante, que nos envolvía en el insoportable hedor de la miseria, me ha venido torturando desde que se cruzó en mi camino.
¿Qué hemos ido a hacer allí?
¿Solidaridad? ¿Misericordia? ¿Justificación moral? ¿Darnos a la vuelta el pote de lo valiente y entregados que hemos sido para que la gente nos admire, pero a continuación volver a nuestros asuntos?
¿Habéis venido para sacar unas cuantas fotos de nuestra miseria para enseñarlas en una reunión de amigos y dejarles con la boca abierta?

¿Qué hemos ido a hacer allí?

¿Qué hemos ido a hacer allí, cuando a la vuelta, días después nos gastamos en una cena lo que una familia necesita para vivir un mes entero?

¡Fuera de aquí! Hipócritas; volveros a vuestro mundo, que si queréis ver como morimos día a día, ya os ofrecen  esto los informativos y documentales.

Sentí cómo el gallo se convirtió en la voz de mi conciencia. Quizás hasta ese momento, nuestra estancia en Honduras la sentía envuelta de un orgullo, ahora me doy cuenta que inmerecido, con el que me sentía a gusto, tranquilo, feliz de comprobar cómo habíamos sido valiente al atrevernos a dar el paso de entregar nuestras vacaciones para una buena acción.
Pero ese gallo, me chafó la fiesta, me devolvió a la condición de hipócrita y acomodado urbanita, rodeado de todo tipo de comodidades.

Pensaba que atrevernos a ir a Honduras me devolvería un poco la paz de espíritu, me sentiría justificado ante Dios y ante los hombres. Ya he comprado mi parte de Paraíso. He dado ya ese uno por ciento, ahora le toca a Dios devolverme el ciento.
Ese es el trato ¿no es así?
No es así. Ese gallo me advirtió que ese no es el Espíritu de Dios. Me advirtió que los que nos tomamos estas cosas de esta manera, aunque nos pasemos un mes entre el polvo y la miseria de los desheredados de la tierra, seguimos haciendo toreo de salón.
Entonces ¿qué podemos hacer?
¿Qué podéis hacer para qué, para acallar vuestras conciencias?

Te voy a contar una historia, a ver si te enteras – me respondió el gallo-.
Había una vez un joven rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un hombre pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico... pero hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. 
Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en estas llamas.” Pero Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.” «Replicó: “Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento.” Díjole Abraham: “Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.” El dijo: “No, padre Abraham;  si envías a alguno de entre los muertos y va donde ellos, se convertirán.” Le contestó: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.”

¿Lo pillas? Me preguntó el gallo.
¿No te das cuenta de que lo que te reconcome por dentro son las llamas de tu propio infierno? Es el infierno que os estáis forjando los que vivís como jóvenes ricos, celebrando todos los días espléndidas fiestas, comprándoos todo lo que os viene en gana, pero eso sí, algunos tratáis de acallar vuestras conciencias haciendo reuniones de gente pía todas las semanas, e incluso viniendo a este pandemónium para saciar vuestro morbo y ganar algún rédito para el Paraíso.

Hipócritas, raza de víboras, sepulcros blanqueados, nada podéis hacer, nada tenéis que hacer aquí.

Mira chaval, te explico… -continuó hablándome el gallo-.

Aunque hablaras las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tienes caridad, serás como bronce que suena o címbalo que retiñe.
Aunque tuvieras el don de profecía, y conocieras todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuvieras plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tienes caridad, nada eres.
Aunque te pasaras media vida entre nosotros los pobres, si no tienes caridad, lo llevas chungo.
Aunque repartieras todos tus bienes, y entregaras tu cuerpo a las llamas, si no tienes caridad, nada te va a aprovechar.
La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.
Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta.
La caridad no acaba nunca.


El gallo dio media vuelta, cobró el portazgo para que pudiéramos pasar y siguió picoteando entre la hedionda basura  acumulada en un rincón de aquel oscuro patio trasero.
Mis reflexiones con el gallo del Sr. Velasques me han hecho caer en la cuenta de algo esencial. Esto que hemos hecho Paloma y yo este mes de junio de 2010 no ha sido una “experiencia” como solemos calificar a este tipo de viajes. Ha sido la vivencia de una seria advertencia. Si no vivimos intensamente el Amor con mayúsculas, la Caridad, con todos los que se crucen en nuestro camino, sean quienes sean, estén donde estén, sólo habremos agregado un hecho más a nuestro “debe”, a nuestros pecados; sólo habremos engordado la cuenta de nuestra soberbia.

Nos preocupamos por lo que tenemos que hacer; nos preocupamos por los proyectos que tenemos que acometer. Pero olvidamos lo esencial, el Amor.
Hasta la palabra Amor es una palabra adulterada.

El término caridad, que Pablo en 1 Corintios 13 expresa lo que se podría denominar la Carta Magna del Amor, ha degenerado hacia un componente ciertamente despectivo o de beneficencia (ser caritativo supone hacer obras de caridad con los menesterosos que pordiosean un poco de caridad). Es decir, la palabra caridad, tanto en inglés como en español se ha convertido en la acción de aportar limosna. Y se sabe que esta acción caritativa se basa en el derecho imperfecto, que no obliga legalmente a hacer obras de caridad o misericordia. Así caridad se ha terminado asociándola a la acción de atender las necesidades de los pobres de solemnidad. Así que el concepto amor tiene que llenar todos los huecos del espectro, desde lo más carnal como es realizar el acto sexual (con afectividad o sin él, da lo mismo, al coito, como se le llama a hacer el amor), hasta la entrega total hasta dar la vida por los demás, o la actitud contemplativa de los místicos. Por eso, Pablo, como sintiendo una premonición de nuestro adulterio literario, se refiere a la Caridad.

La caridad, el agapé de los griegos es la donación y entrega de uno mismo al otro, a los demás, que en el fondo es lo mismo que a Dios mismo.
Pero la caridad no se cultiva con soberbia disfrazada de buenas obras.

La caridad es la Senda de la Vida Interior.

Realmente, para mí, Honduras no ha sido una experiencia donde hemos trabajado todo lo intensamente que se pueda pensar, en un proyecto de Salud para aquella pobre gente. Honduras ha sido, y casualmente su nombre dice exactamente eso, "un viaje a mis honduras”, a lo más profundo de mí ser, al hondón de mi alma, a mis más íntimas moradas donde habita Su Majestad, mi Señor Jesús, encarnado en el Sr. Velasques, en  Indira, niña de veinte años hidrocefálica con un desarrollo de cinco, Dña Eufemia, paralizada por un accidente y cuidada por un hermano ciego y sordo, Celia, Ernestina, Paula, Indalecio, Jenifer Sarai, Oclaír, y tantos y tantos enfermos a los que tratamos de aliviar en algo sus dolencias y sus miserias.

Le ruego a Dios todos los días, a todas horas, que no me de la paz ni un solo momento, hasta no haber aprendido a amar como Él me está amando, ofreciéndome cada día la oportunidad de hacer lo mismo que hizo Él con nosotros.

Le ruego a Dios, que me imprima la impaciencia de San Francisco Javier, el “divino impaciente de París”, como le calificó José María Pemán en su memorable drama teatral; que no conseguía ver el momento de partir para la China.

Le ruego a Dios, me enseñe a “vivir sin un por qué”, sin objetivos personales, sino con el único objetivo de vivir el abandono absoluto de su Providencia, sin saber qué pasará mañana, tan sólo impaciente por no vivir plenamente el Amor por el que Él partió el pan, lo bendijo y lo repartió entre sus discípulos y nos dijo “haced esto en memoria mía”.

Más allá del significado litúrgico del Sacramento, Honduras me ha mostrado su significado real y auténtico, el que me aporta a mí todo el sentido a la Consagración del pan: partirme, triturarme y repartirme a mí mismo entre todos aquellos que necesitan de mí, porque así estoy siendo testigo de Jesús resucitado, aunque no tenga dónde reclinar mi cabeza.

Si esta interpretación no es teológicamente correcta, pues mira que lo siento.

sábado, 2 de octubre de 2010

13.- Los místicos o "saber vivir sin un por qué"

Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos. (Lucio Anneo Seneca)
 
Dios no es un mensaje para la mente, es un mensaje para el corazón (Meister Eckhart)

 "El cristiano del mañana será un místico, uno que experimenta algo, o ya no será nada" (Karl Rahner)

 "Hoy el mundo necesita más que nunca de una vuelta a la contemplación... El verdadero profeta de la Iglesia del futuro, será aquel que venga del desierto, como Moisés, Elías, el bautista, Pablo y sobre todo Jesús, cargados de mística y con ese brillo especial que sólo tienen los hombres acostumbrados a hablar con Dios cara a cara". (A. Hortelano)
Referencia tomada del libro "Muéstrame tu rostro" de Ignacio Larrañaga

Soy consciente de que lo que pretendo transmitir y compartir con quien quiera leer este blog se enfrenta con una seria dificultad que la expresan perfectamente tanto Séneca como Eckhart. Es imposible transformar lo que es pura vivencia y experiencia personal, en teoría.
En el terreno de la vida espiritual, es mucho menor la diferencia que existe entre la ignorancia y el saber, que la que existe entre “saber” y “ser consciente”. Es la diferencia entre adquirir conocimientos y experimentar en carne propia, desde lo más profundo de uno mismo, lo que otros han tratado de expresar mediante libros y demás medios de transmisión del conocimiento.
Consuelo Martín hace referencia en su libro “Lo verdadero y lo falso en religión”, a un proceso que se repite siempre en la historia de las religiones, que es el siguiente:
A lo largo de la Historia, la Humanidad ha gozado de seres humanos que han vivido la Unidad, han influido en aquellos que les han escuchado, y estos han estructurado organizaciones capaces de poder transmitir el mensaje de aquellos, de generación en generación. Y fruto de este proceso es el conjunto de todas las religiones organizadas que existen en la actualidad, entre ellas la cristiana, y especialmente la católica.
Pero una vez que los (llamémosles) fundadores, nos dejaron, sus sucesores han tratado de interpretar con el pensamiento (la zona más superficial de nuestra conciencia), todo aquello que aprendieron (no demasiado bien), y que de un modo más o menos apañado, han tratado de explicar a las generaciones venideras.
Cuando se trata de transmitir la vivencia de lo Real sin vivirlo plenamente es como tratar de construir un edificio conceptual donde faltan muchas piezas que sólo desde la vivencia se pueden comprender, resulta que el edificio doctrinal puede que esté lleno de contradicciones. Es como el chiste de Eugenio denominado el eclipse, donde el coronel anuncia que se va a producir un eclipse que deben contemplar los soldados en el patio del cuartel y al final el cabo trastoca todo y dice que por orden del coronel se va a producir un eclipse…, es decir, lo convierte en algo totalmente sin sentido pero por cierto muy gracioso.
Se mezcla comprensión con creencias, lógica con mitología. Por eso al madurar, las religiones sufren un severo rechazo de aquellos que piensan un poco, porque se basan en contradicciones que el intelecto es incapaz de metabolizar. Por eso, todo lo que de incomprensible tienen las religiones son tratados como misterios incomprensibles para la mente humana.


Realmente tengo la sensación, y lo que digo no lo afirmo hablando "excátedra", porque no tengo estudios teológicos, sólo vivencia de la fe que me dio mi madre, que las religiones en su evolución histórica pasan por varias fases de maduración. En la infancia, la religión es pura y muy próxima a las enseñanzas del Maestro. Luego en la adolescencia y juventud, empieza a maliciarse y a adulterarse con los comportamientos habituales de la gente y de aquellos que ven en los cargos religiosos una oportunidad de ejercer el poder, hasta llegar a corromper sus cimientos y casi, convertirla en una caricatura de lo que fue en sus inicios. Surgen los cismas y los escándalos, y el abandono de muchos de algo que creían que era y al final ha dejado de ser. Por lo demás, la fe se convierte en cereencias, mitos, reglas, cuerpos legislativos, ritos huecos y prácticas religiosas, a veces impuestas de modo coercitivo, con amenazas de infiernos y males eternos. Con los restos del naufragio, y gracias a "los místicos", puede que la religión madure y empiece a recuperar parte de la esencia que fue en el principio.

Pero decir esto supondría que estamos en un tris de reconocer que la religión a día de hoy, es un adolescente echado a perder, una comunidad de hijos pródigos. Y tampoco es así. Pero en el extremo puede que sí, en tanto se convierte la religión en un conjunto de tótems que adorar y de tabús que respetar. Pero quedarnos en esto, que es en lo que se queda la religión del católico practicante de misa de domingo, que no va más allá, realmente no tiene sentido.
Tal y como la he vivido a lo largo de mi vida, la religión sólo tiene sentido como vivencia interior, proyectada al exterior. Es la Vivencia de nuestro proceso de unión con el Todo. Es el Camino de Regreso a Casa del hijo prodigo. Es la vuelta a nuestro origen, del que creemos que nos hemos separado. Así cumple el objetivo etimológico "re-ligar", volver a unir.

 
La fe transmitida desde los tratados de teología y estructurada en un cuerpo doctrinal tiene la importancia y el sentido de “codificar” los mensajes, de modo que estén intelectualmente claros, comprensibles. Pero no sirven de gran cosa a la hora de tomar la decisión de traspasar el umbral que conduce a la senda estrecha, el sendero mostrado por Jesús de Nazareth.
La fe transmitida por la vivencia de los místicos tiene el gran valor de que lo que se recibe de ellos es vida plena, y no conocimientos ni reflexiones teológicas.
Esta es la diferencia entre teólogos profesionales y los místicos. Los unos tienen estudios, aunque puede que no tengan vida interior, y los otros tienen vida interior aunque no tengan estudios. Me quedo con los segundos, aunque un teólogo que además sea místico es lo más que se puede pedir. Santa Teresa fue una mística sin estudios teológicos, San Juan de la Cruz fue un místico que además tenía profundos estudios teológicos. El común de los teólogos, tienen estudios pero no está nada claro que sean místicos. porque la vida interior no se aprende en las facultades de Teología.

 
El místico no es un sujeto que se pasa la vida levitando y entrando en éxtasis arrebatador, que vive en medio de fenómenos sobrenaturales y demás. Esta imagen nos viene dada de los pintores barrocos, que pintaban a Santa Teresa, a San Francisco y demás santos considerados místicos en escenas sublimes en medio de luces celestiales y con el cuerpo sometido a escorzos imposibles, contorsionado por estremecedoras sensaciones venidas de lo Alto, y con sus corazones traspasados por flechas flamígeras.
Esta imaginería ha dejado impresa en las mentes populares esta idea de gente que está más arriba que abajo, más en el Cielo que en la Tierra. Si a esto sumamos la creencia de que esta categoría de personajes son propios de conventos de clausura, se termina con ello en el imaginaruim popular que envasa a los místicos en recipientes herméticos ajenos a este mundo. La Real Academia, incluso indica que en Andalucía, Panamá, Honduras, Venezuela y otros países y regiones, un místico es sinónimo de melindroso. Las representaciones plásticas de los éxtasis de Santa Teresa y de la transverberación, referida por la misma santa en el libro de las moradas, han hecho de estos fenómenos y de estas personas un mito que las eleva hasta ser partícipes de fenómenos sobrenaturales, pero totalmente alejadas del mundanal ruido.

 
Pero el místico no tiene nada que ver con esta representación. Detrás de este calificativo está un alma que vive íntimamente unida a Dios. Listo, ya está. No hay más que decir. Un místico es una persona que vive íntimamente unida a la Divinidad.
Por lo demás un místico, una mística es un hombre, una mujer que vive como el común de los mortales, paga sus impuestos y tiene una vida rigurosamente normal, salvo por el pequeño detalle de que vive en continua presencia de Dios.
Tradicionalmente este tipo de personas, al no llevarse demasiado bien con la forma de vivir de este mundo, tienden a alejarse del mundanal ruido, razón por la que suelen terminar, si les es posible, en conventos de clausura. Otras se enrolan en congregaciones misioneras. Pero cada vez hay más místicos que simplemente viven en la ciudad. No se les nota porque “el bien no suele hacer ruido”. Dedicados a una callada labor, no salen en las primeras portadas de los periódicos, ni dan conferencia en los congresos ni organizan movimientos de masas, salvo honrosas excepciones como Teresa de Calcuta, por ejemplo.
Pero existe una diferencia trascendental entre ellas y el común de las gentes. Han sabido responder a una llamada y han transformado su vida de un hágase mi voluntad, mis planes, mis ideales, mis ambiciones, a un hágase Tu voluntad; han proclamado solemnemente ante sí y ante los demás el “fiat voluntas tua”. Fueron jóvenes ricos que dijeron “Sí” a la invitación de Jesús de cruzar el umbral que separa a los Santos de Dios del común de los mortales.
La línea que separa a ambas categorías de personas no es sino la que separa a aquellos que parten su pan e invitan a comer a los demás, dándoles con ello al mismo Jesús hecho Sacramento del Amor, permitiéndole que viva resucitado entre nosotros con toda su realidad, de aquellos que no viven de esa manera, de aquellos que reservan su pan para sí, y acaso se dignen a dar algunas migajas de lo que les sobre.
No se producen fenómenos excepcionales, no hay éxtasis, ni visiones sobrenaturales en todo esto, salvo en muy contadas excepciones, tan pocas que son tan sólo extrañas anécdotas. Pero sí se producen grandes milagros, los que produce saber amar sin tasa a los demás.
Literalmente un místico es una persona que vive conscientemente a Dios dentro de sí, que le hace presente a todas horas, y que justamente por ello, da su vida entera a los demás, a los pobres de este mundo.


Un místico es alguien que por todas estas razones es capaz en palabras de Meister Eckhart, de "vivir sin un por qué"; vive, viviendo el presente, aceptando el "bástele cada día su afán". Porque su vida ya no es suya; lo que físicamente vemos de ellos es lo poco que queda de su "yo apañao" en este mundo, porque todo su ser está vacío de sí mismo, pero lleno de Aquel que le infunde una nueva vida. 

"y no vivo yo, es Cristo quien vive en mí"  (Gal. 2, 20)