Bienvenida
Hola, amig@.
Este es un blog dedicado a los caminos del ser humano hacia Dios. Soy cristiano, pero no pretendo dar una visión exclusivamente cristiana de estos temas.
Este es un blog dedicado a los caminos del ser humano hacia Dios. Soy cristiano, pero no pretendo dar una visión exclusivamente cristiana de estos temas.
Tampoco, y esto es muy importante, deseo que nadie tome lo que escribo como temas doctrinales. No imparto cátedra, líbreme Dios de algo que sólo está adjudicado a los sabios doctores con autoridad para impartir doctrina.
Lo mío es mi experiencia de vida y pensamiento, y lógicamente, puedo estar equivocado.
Dicho esto, y sin intención de cambiarle los esquemas a nadie, la pregunta que debes hacerte si quieres encontrar algo interesante en este blog es la siguiente:
"Si tengo y siento a Dios en mi vida, lo demás carece de importancia"
"Si no tengo o no experimento a Dios en mi vida, lo demás carece de importancia"
Si esta declaración va contigo, entonces, bienvenido seas.
Si no te dice nada, échale no obstante un vistazo; mal no creo que te haga, aunque sí puede que te haga rascarte la cabeza y plantearte cuestiones acaso "religiosamente incorrectas". Sobre todo ve a la entrada 19.- sitúate en el umbral
En cualquier caso, que la Paz esté contigo.
"Si tengo y siento a Dios en mi vida, lo demás carece de importancia"
"Si no tengo o no experimento a Dios en mi vida, lo demás carece de importancia"
Si esta declaración va contigo, entonces, bienvenido seas.
Si no te dice nada, échale no obstante un vistazo; mal no creo que te haga, aunque sí puede que te haga rascarte la cabeza y plantearte cuestiones acaso "religiosamente incorrectas". Sobre todo ve a la entrada 19.- sitúate en el umbral
En cualquier caso, que la Paz esté contigo.
El título de blog "Todos los santos de Dios", afirma un convencimiento personal de que "todos los santos de Dios son todas aquellas personas de buena voluntad y sincero corazón, para los que Dios tiene sentido en su vida, aunque sean pecadores, aunque caigan una y otra vez, aunque incluso sean "ovejas perdidas de Dios", pero sienten algo dentro de sí que no saben lo que es, pero buscan el Camino de Regreso a Casa, con independencia de raza, nación y religión que pudieran profesar. Incluso aunque digan no creer. Si aman, y creen en la verdad, con todos sus defectos, forman la gran comunidad de Todos los Santos de Dios. Una Comunidad para los que Jesús de Nazareth vivió, murió y resucitó, aunque ni lo sepan, e incluso, ni lo crean.
Ya empezamos mal, desde el punto de vista doctrinal católico, pero no creo que esto a Dios le importe demasiado.
Si es la primera vez que entras, abre primero de todo la página "¿Quienes somos?, creo que te sorprenderás.
Luego consulta la página "Presentación del blog"
Y para navegar por las entradas de la página principal, vete mejos a la página "Índice", porque así encontrarás las entradas por orden de incorporación al blog.
Si, por otro lado, te interesa el pensamiento sistémico, te invito a que pases también a ver mi nuevo blog "HORIZONTE TEMPORAL", una visión sistémica del mundo para imaginar algo más allá de lo que pueden percibir nuestros sentidos.
Va de temas de aquí abajo, y de cómo plantearnos una forma holística de comprender los problemas que nos abruman en este mundo.
Correspondencia: alfonsoypaloma@gmail.com
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Correspondencia: alfonsoypaloma@gmail.com
domingo, 24 de octubre de 2010
28.- El Domund o la donación de uno mismo
Voy a hacer un inciso en lo que es el hilo conductor de mi discurso en este blog, para incorporar una reflexión sobre lo que la Iglesia católica celebra este domingo, el Domund, domingo mundial de las misiones.
Tengo que reconocer que desde lo que hemos podido comprobar en nuestra pequeña experiencia en Honduras, la Iglesia católica se toma muy en serio el problema de la pobreza. Podemos criticar algunas o muchas cosas, al fin y al cabo, la Iglesia la formamos seres humanos que desde el Papa hasta el último mono no hacemos otra cosa que cometer errores, somos pecadores y metemos la pata a cada paso, lo sabemos y desde ese reconocimiento, somos conscientes de que por nosotros mismos no podemos nada si Él no nos asiste; pero que nadie se le ocurra meterse con nuestros misioneros y voluntarios que se están dejando la vida en las peores condiciones que uno se puede imaginar en zonas inhóspitas, peligrosas y hostiles, arriesgando su vida constantemente para dar un poco de esperanza a gente que de otra forma se sentirían abandonadas a su mísera suerte; ellos son Jesús en medio de los pobres, que lo son porque nosotros disfrutamos de un estándar de vida que no nos corresponde.
En un mundo como el actual, donde ya no quedan territorios inexplorados donde mandar misioneros a evangelizar a los nativos, donde parece que en asuntos religiosos está todo el pescado vendido, en el sentido de que a nivel de difusión de las diferentes confesiones, se ha entrado en un terreno en el que la lucha es por aumentar la cuota, el porcentaje de seguidores; donde en unas regiones se gana adeptos y en otras se pierde, me da la sensación de que la cuestión ya no es el de ganar adeptos que se bauticen y vayan a misa los domingos, sino en demostrar al mundo nuestro compromiso auténtico en demostrar el auténtico amor hacia los demás.
Teresa de Calcuta, consciente de que vivía en una ciudad, en un país, donde “todo el pescado religioso estaba vendido”, les decía a sus religiosas “vivid así, mas no prediquéis, a no ser que os pregunten”.
“Vivid así”, amad a los que os necesitan, dadles educación, enseñadles a cultivar sus campos, a criar sus cabañas, a fabricar sus herramientas, a levantar sus negocios y sus empresas, a prevenir y curar sus enfermedades. Eso es lo que necesitan para salir de la pobreza, para salir del hambre. Y “en eso reconocerán que sois mis discípulos, en que os amáis los unos a los otros”, en que les amáis con todo vuestro ser y con todo vuestro corazón.
Viviendo así, más tarde o más temprano os preguntarán, ¿Por qué hacéis esto? y lograrán conocer a Jesús de verdad. Porque cuando estuvo entre nosotros, los Evangelios nos muestran un Jesús preocupado por enseñar, por dar de comer a las multitudes, por curar a los enfermos, por acoger a los sin techo, en suma, preocupado por todo aquello por lo que luego nos advirtió que seremos juzgados, lor el amor, "porque tuve hambre y me disteis de comer"
Como nos preguntaron a nosotros cuando nuestra gente nos preguntaba cómo es que un matrimonio dedicaba sus vacaciones a curarles sus dolencias.
La respuesta es la misma que Teresa de Calcuta le dio al hindú con quien trabajaba. “Esto lo hago por alguien”, por mi Señor, que me enseñó a hacerlo, y me lo enseñó haciéndolo primero Él. Porque en cada persona que sufre, Él está en ella. Y para ella, yo soy Él. De modo que ambos somos uno en Él.
Hoy, en el Domund hemos aportado nuestro donativo más generoso que de costumbre, consciente como somos de que ese dinero irá a parar a personas como las que conocimos en Honduras.
Y también hoy, en el Domund, ha coincidido que una persona muy querida por nosotros, Anabel, no ha dado un donativo económico, sino que ha donado ocho meses de su propia vida, pues acaba de irse a Bolivia para enseñar a aquella gente a valerse por sí misma, para atacar a la raíz de la miseria, como dice Rigoberta Menchú, premio Nóbel de la Paz.
“La causa de la pobreza no es la falta de recursos económicos, sino la ignorancia”.
Anabel, bienaventurada seas tú, y como tú, tantos y tantos que estáis ahora en lugares de misión en los cinco continentes, luchando por sacar a millones de personas de la ignorancia y del abandono.
Que Dios os bendiga a todos vosotros...
Y que nadie se atreva a tocaros un pelo de la ropa.
sábado, 23 de octubre de 2010
26.- Fiat homo: Cuando las cosas pierden su evidencia
http://www.fotolog.com/farinaldo_dies/25889811
A medida que vamos avanzando en edad y experiencia, es en la medida en que se suele producir en los humanos un fenómeno paradójico; que lo aparentemente evidente para nosotros en nuestra fase de aprendizaje, resulta empezar a no serlo a medida en que vamos adquiriendo experiencia propia. Es en este sentido en el que los acuerdos que hemos pactado por la educación recibida con la tribu en la que hemos ido creciendo, en algún momento de nuestra vida nos vemos impulsados a ponerlos encima de la mesa, y con algo más que la memoria que nos ha permitido archivarlos en nuestra mente, necesitamos volver a revisarlos para proceder a una toma de conciencia de los mismos, y así ratificarlos o rechazarlos, con pleno conocimiento de causa, cosa que en nuestra adolescencia es muy difícil alcanzar.
Ocurre con muchas cosas. Una de las más llamativas son los ideales de juventud. Suele ser dramático el proceso de desengaño, de decepción que experimentamos cuando lo que creíamos podría ser y podríamos alcanzar, resulta que no, que cuesta mucho más de lo que parecía, y que los apoyos y resortes con los que podríamos contar no existen. Ideales frustrados, desengaños profesionales, decepciones personales frente a amistades que nos han traicionado, metas fijadas que jamás llegarán a alcanzarse, idilios amorosos que terminan con la más amarga de las desilusiones. Y así, podríamos relatar un largo etc. de situaciones que la vida nos plantea, para hacernos ver que acaso vivíamos o creíamos vivir en el mundo de la Sta Pepis, de Barbie y Ken, o de la piruleta, para empezar a intuir que vivimos en un mundo que resulta ser más extraño, más complejo y más desconocido de lo que parece.
Cuando uno se aprenderse el catecismo de memoria, y con sincero corazón admite todo lo escrito en él, como buen creyente, recibe una dosis muy elevada de seguridad. Todo está ahí, todo está claro, el Cielo es así, la Tierra es así, las normas están claras, y si se cumplen religiosamente, tu salvación está garantizada. ¡Qué más se puede pedir! Los pecados están catalogados según su gravedad, y así mismo, la penitencia ha de ser proporcional a la culpa. Todo está claro; tanto has pecado, igual proporción de Gracia necesitas recuperar por la penitencia. Es como una contabilidad con su “debe” y su “haber”, con su cuenta de pérdidas y ganancias. Y cuando te mueras, la deuda remanente y no amortizada, siempre que no hayas llegado al límite de la insolvencia, ha de saldarse en el purgatorio con una cantidad de tiempo directamente proporcional a la hipoteca.
Has aceptado todos los acuerdos que te han puesto a la firma. Los has aceptado sin cuestionarte nada, y los has firmado sin leerte la letra pequeña, y ni siquiera sin plantearte el auténtico significado del articulado doctrinal.
Has establecido millares de acuerdos contigo mismo, con otras personas, con el sueño que es tu vida, con Dios, con la sociedad, con tus padres, con tu pareja, con tus hijos; pero los acuerdos más importantes son los que has hecho contigo mismo. En esos acuerdos te has dicho quién eres, qué sientes, qué crees y cómo debes comportarte. El resultado es lo que llamas tu personalidad. En esos acuerdos dices: «Esto es lo que soy. Esto es en lo que creo. Soy capaz de hacer ciertas cosas y hay otras que no puedo hacer. Esto es real y lo otro es fantasía; esto es posible y aquello es imposible». Un solo acuerdo no sería un gran problema, pero tenemos muchos acuerdos que nos hacen sufrir, que nos hacen fracasar en la vida. Si quieres vivir con alegría y satisfacción, debes hallar la valentía necesaria para romper esos acuerdos que se basan en el miedo y reclamar tu poder personal. Los acuerdos que surgen del miedo requieren un gran gasto de energía, pero los que surgen del amor nos ayudan a conservar nuestra energía e incluso a aumentarla.
(Op.Cit. Los cuatro acuerdos)
Como refiere Miguel Ruíz en “Los cuatro acuerdos”, cada aceptación de un aserto con alguien, es un acuerdo, un pacto por el que se alcanza además un compromiso de respetarlo. Así consigues ser aceptado y pertenecer a tu tribu, a tu clan, a tu comunidad. Es importante respetar los acuerdos, las normas, las leyes, los principios para que la vida en comunidad esté ordenada y haya paz social.
Pero puede que llegado un momento de nuestra vida, los acuerdos pactados y aceptados, comiencen a hacernos daño, sin saber muy bien por qué. Es algo muy similar a cuando, viendo la televisión, la señal que se recibe empieza a debilitarse y la pantalla comienza a verse mal, desdibujada, con rayas o con un incómodo pixelado en las actuales
Cuando esto ocurre, cuando algo en nuestro interior nos dice que lo acordado ya no es tan evidente, estamos empezando a entrar en un terreno muy delicado. Por una parte es incómodo, porque estábamos mucho más a gusto cuando desde nuestros adentros había silencio, y no había nada que cuestionarse; por otra parte es desconcertante, porque es como si se desvanecieran lentamente nuestras coordenadas de referencia, como si el camino por donde íbamos, se desdibujase y no supiéramos por dónde continuar. Por otra parte es peligroso, porque más allá de los límites del camino, el terreno es ignoto; alguien pensó por nosotros y nos dijo que no debíamos separarnos del camino acordado, a riesgo de perdernos. Pero por otra parte es lo más maravilloso que nos puede suceder, porque si empezamos a cuestionarnos los acuerdos firmados con la tribu, entonces, y sólo entonces, tendremos una posibilidad de empezar a ser nosotros mismos, y no un ser humano programado por terceros para expresar una determinada conducta.
La fe es experiencia de vida, y no un tema de aprendizaje y memorización, ni de adoptar un código de buenas costumbres morales y religiosas. Ese es el tremendo error, en mi opinión, de este tipo de educación religiosa que los de “mi promoción” hemos recibido, y que parece, por otra parte, ha sido muy bien aceptada desde siempre por las autoridades eclesiásticas, porque se conseguía un nutrido grupo de feligreses bien educados en la fe, para acudir a las parroquias y ayudar a la Iglesia en sus necesidades.
En cuanto el niño comienza a discernir, pregunta y vuelve a preguntar. De momento parece que queda satisfecho con las respuestas que recibe; pero llegado a adulto, sigue el hombre proponiéndose preguntas. Entonces tropieza con la pregunta que excede siempre a cualquier respuesta que se pueda excogitar: ¿quién soy yo? ¿qué es el hombre?... Estas preguntas suponen algo que afecta a la propia vida, a la propia felicidad. Pero ¿no serán preguntas superfluas, para gentes que no tienen otra cosa en qué pensar? Quien se entrega por completo a sus quehaceres, a su trabajo, a su familia, ¿qué más ha de hacer aún?
“Cuando las cosas pierden su evidencia”
Catecismo Holandés. (1969)
Catecismo Holandés. (1969)
Este es el problema, ¿qué pasa cuando las cosas pierden su evidencia? ¿Qué pasa cuando todo lo piadosamente aprendido y memorizado se queda sólo en eso, en recuerdos de una memoria prodigiosa, pero que cuando el niño comienza a discernir y preguntarse, todas las verdades del catecismo se convierten en dudas existenciales? Esto planteaba el Catecismo Holandés, allá a finales de los sesenta, ante la iniciativa del “aggiornamento” propuesta en el Vaticano II.
¿Hemos perdido la fe los que nos hemos atrevido a preguntarnos por tantos y tantos interrogantes que deberían estar resueltos si acatáramos a pies juntillas la doctrina expuesta en el catecismo? ¿Hemos sido demasiado osados los que, reflexionando sobre lo aprendido y lo que vivimos en nuestro pequeño mundo, concluimos que hay cosas que no cuadran, que no convencen? ¿Es reprobable llegar a la conclusión de que nos han educado en una fe tan sincera como ingenua? ¿Se nos puede tachar de luteranos por ello?
O no hemos entendido nada, o se han explicado mal… O ambas cosas a la vez.
Acudiendo a la Ley de los grandes números, en la campana de Gauss del común de las gentes, eso no ocurre salvo en una cola a la derecha de la campana de más tres desviaciones estándar (medida de la desviación estadística por encima y debajo de la media aritmética); esto es, un escaso 1 a 5% de los casos, que en los últimos años creo que se está incrementando de un modo muy significativo. Para la generalidad, los acuerdos pactados con la tribu sirven para tener una vida razonablemente tranquila. El problema, como digo, es que esa cola de inconformistas con las verdades memorizadas y acordadas con las autoridades sociales y religiosas está creciendo a pasos agigantados, me malicio; haciendo añicos la Ley de los grandes números. Gracias a Dios, para cada vez más gentes, las cosas pierden su evidencia, y las verdades memorizadas, también la están perdiendo. El problema está en que si tratas de cuestionarte lo que las doctrinas exponen, te puedes quedar sin puntos de referencias, en un vacío existencial sin eje de coordenadas. Y eso es muy peligroso, porque terminas siendo pasto de los buitres que otean el horizonte a la caza de almas desorientadas, ofreciéndoles alternativas inciertas.
En el fondo, vivimos en un sistema humano que a lo largo de miles de años ha evolucionado sobre la base del establecimiento de códigos de conducta, la Ley, y de creencias, las religiones. Según estos códigos, un papel firmado por alguien certifica que estamos muertos (certificado de defunción), o que hemos nacido (certificado de nacimiento). Nuestra vida es un papel. Sin papeles no somos nadie, ni siquiera existimos (diplomas, certificados, contratos, títulos, pasaportes DNI, etc). Papeles que dicen que estamos vivos (si no date por muerto oficialmente), que lo hacemos en un sitio (si no, date por apátrida), que creemos en tal o cual religión, que estamos enfermos, o sanos, que sabemos, que estamos capacitados. Y la cosa es de tal modo que en nuestro sano juicio a nadie se le ocurre transgredir esas rayas que separan a aquellos que tienen de los que no tienen tal o cual papel que les acreditan para tener tal o cual atributo. No se te ocurra ir a Nueva York sin pasaporte, porque aún le expliques al negrazo de inmigración tu vida y milagros, para él tú no existes porque no llevas contigo un papel (el pasaporte), que lo demuestra; y no dejará pasar a ese complejo biológico sin identificar que trata desesperadamente de demostrar que eres tú, sin conseguirlo.
Pero estas reglas las establecen los hombres sobre la base de la creencia de conocer la realidad que tratan de reglamentar.

Hay una parábola muy conocida, que explica bastante bien todo esto. Es la parábola del elefante. En un país de ciegos, donde todos eran ciegos, y todos estaban perfectamente organizados en medio de su ceguera, llega a las inmediaciones de la ciudad reino, amurallada con una empalizada, un mercader que viajaba con un elefante. Como quiera que estuviera cansado, decidió descansar durante un rato. El elefante al caer y tumbarse provocó un espantoso estruendo que hizo templar toda la ciudad. Los ciegos se asustaron tanto que decidieron enviar una patrulla de reconocimiento para ver qué era lo que había provocado el temblor de tierra. Un comando de ciegos llegó a las cercanías del animal, y con mucho temor, uno tocó la pezuña. Se retiró en seguida e informó que lo que había causado en temblor era un ser duro como una piedra, que impresionaba de muy poderoso, por lo que la ciudad corría un gran peligro. No seguros del dictamen de la primera patrulla, mandan a una segunda, y el explorador se topa con una oreja, que impresionaba de peluda y blanda. El diagnóstico era justamente el contrario. No parecía que lo que fuera pudiera ser peligroso. Una tercera patrulla se topó con la trompa y recibió el consabido trompazo. Salieron huyendo despavoridos y se enrocaron en la ciudad. Se organizó entonces un gran batallón para salir a combatir el monstruoso ser. Pero cuando salieron, el mercader ya se había ido con su elefante, no sin antes dejar los obligados excrementos y emunciones, de proporciones jamás imaginadas por aquellos habitantes. El comando de exploración no podía encontrar una explicación racional a todo aquello, por lo que se convocaron múltiples concursos de ideas para embarcar a las mentes más preclaras en investigar las posibles causas, efectos y consecuencias a largo plazo de aquel fenómeno provocado por tan quimérica criatura, y convertido en descomunal cantidad de excrementos. A raíz de aquello se crearon una serie de mitos y leyendas, todas, por supuesto falsas, que atemorizaron a toda la ciudad, de generación en generación, lo que por cierto, la casta de chamanes, siempre solícita en eso de proteger a los indefensos fieles de los malos espíritus, aprovechó para convertir aquello en infundado temor que sólo ellos, podían exorcizar, y en ningún caso desmontar, a lo que los fieles estaban totalmente volcados en apoyar con numerosos y generosos donativos.
Ninguno de los que investigaron el extraño animal supo describirlo correctamente, aunque cada uno tenía parte de razón. El problema fue que cada cual extrapoló el todo por la parte que tocó. Nadie puede estar en posesión de la verdad: cada uno aporta su propia visión sobre el mundo. Aunque superficialmente pueda parecer que las visiones se contradicen, en realidad forman parte de algo mucho más complejo. La Verdad siempre será infinitamente más compleja que cualquiera de las aproximaciones que pueda intentar el ser humano. Por otra parte, decir que no existe en el mundo una única verdad es admitir la existencia de una verdad absoluta. Es una de esas paradojas a las que el ser humano jamás encontrará una solución, razón por la que salvo aquel que se niegue a pensar, las cosas aprendidas que trasciendan el día a día de nuestra vida cotidiana, terminan perdiendo su evidencia, y nos cuestionan demasiadas cosas como para dejarnos tranquilos. Esto es generador adicional de temor a lo desconocido, pero nos sitúa ante la gran pregunta del ser humano.
¿Qué es este mundo? ¿Por qué el Universo se ha tomado la molestia de existir? Parafraseando a Stephen Hawking, en su “Brevísima historia del tiempo”.
jueves, 21 de octubre de 2010
25.- Fiat homo: el derecho a poder pensar
Puede que este planteamiento descrito sobre los condicionamientos del proceso educativo y cómo este genera una imagen estereotipada de nosotros mismos al gusto de la tribu que nos acoge, se considere muy duro. En realidad, no puede ser de otra forma, porque no existe en este proceso ninguna intención explícita, consciente de domesticar, salvo en regímenes dictatoriales (aplíquese este término tanto en el sentido político como religioso), donde desde las escuelas se imparten planes de estudios orientados con la consciente intención de formar a fervientes seguidores de un determinado régimen político o religioso.
El paroxismo de esto se puede encontrar en el régimen talibán… o cualquier sistema de educación que oculta una concreta intencionalidad política, bien sea de un color o de otro. Al fin y al cabo, el partido político en el poder siempre pretenderá mantenerse en el gobierno utilizando entre otras herramientas la educación como medio que garantice la fidelidad de sus súbditos, futuros votantes.
En nuestro entorno sociológico, el catecismo cumple desde el punto de vista religioso esta función formativa, siendo el compendio resumido de las creencias de la fe de los católicos, que los niños se aprenden sí o sí, como condición “sinequanon” para recibir la primera comunión. El problema está en la obligatoriedad de aprenderlo sí o sí.
El catecismo Ripalda tenía hasta 490 preguntas y respuestas del tipo:
2 P. ¿Eres CRISTIANO?
R. Sí, por la GRACIA de Nuestro Señor Jesucristo.
3 P. ¿Qué quiere decir CRISTIANO?
R. Hombre de Cristo, cuya fe profesó en el BAUTISMO.
4 P. ¿Quién es CRISTO?
R. DIOS y Hombre verdadero.
5 P. ¿Cómo es DIOS?
R. Porque es Hijo natural de DIOS vivo.
6 P. ¿Cómo es Hombre?
R. Porque también es Hijo de la VIRGEN María.
Hasta bastantes años después del propio Concilio Vaticano II, el Ripalda o el Astate han sido la base de la formación de los niños de Primera Comunión y de millones de cristianos a lo largo de cuatro siglos. Este catecismo dice todas las verdades de un cristiano. Se diría que es perfecto, por eso ha perdurado tanto tiempo. Sólo tiene un problema, que “había que aprendérselo de memoria”, como cualquier otra asignatura del colegio. El niño que respondiera perfectamente a las 490 preguntas, sacaba un diez en Religión y se le consideraba un niño piadoso. Se había aprendido de memoria el catecismo, era un buen cristiano, además de tener una memoria prodigiosa, casi sobrenatural. El nuevo catecismo ha pasado de 490 a 2985 epígrafes que ya no hay que aprenderse de memoria, pero que en cualquier caso conviene haber estudiado para ser un buen católico, que consiste en conocer, aprender el contenido doctrinal del catolicismo y sus fronteras, a fin de poder discriminar todo aquello que quede fuera de su alcance, que ha de ser rechazado por peligroso.
Mientras el doctrino se comporte aceptando incondicionalmente las verdades del catecismo, y no se haya cuestionado nada, se comportará por una parte como un buen católico practicante, pero si sólo ha hecho eso, memorizar, aprender de memoria, se comportará como un ser humano perfectamente alucinado.
Sabemos que no somos lo que creemos que deberíamos ser, de modo que nos sentimos falsos, frustrados y deshonestos. Intentamos ocultarnos y fingimos ser lo que no somos. El resultado es un sentimiento de falta de autenticidad y una necesidad de utilizar máscaras sociales para evitar que los demás se den cuenta. Nos da mucho miedo que alguien descubra que no somos lo que pretendemos ser. También juzgamos a los demás según nuestra propia imagen de la perfección, y naturalmente no alcanzan nuestras expectativas.
(Op.Cit. Los cuatro acuerdos)
No hay error en aprender las verdades del catecismo.
Sí hay error en negarse a cuestionarse los acuerdos que esas verdades llevan implícitas, porque no hay nada de ti mismo, salvo tu propio miedo al castigo, que hayas sido capaz de interiorizar y de hacerlo tuyo, íntimamente tuyo.
Es así que, el primer gran paso que un ser humano, incardinado en una tribu o en una sociedad que le ha inyectado su sueño colectivo en su cerebro a través del proceso educativo, puede y debe dar para comenzar a buscar su verdadera identidad, para aprender a ser, es cuestionarse lo que le han enseñado, y no con ánimo de rechazarlo como falso, sino de hacerlo suyo de verdad, que forme parte de su propia vida por convicción, de su propia experiencia vital, de su propia intimidad, y no sólo de su carga de información almacenada en la memoria, y que se expresa a través de un conjunto de reflejos condicionados como son todos los actos sociales y religiosos de buena práctica.
La diferencia entre llevar a cabo este ejercicio de interiorización de lo aprendido, o no hacerlo, es la misma que existe entre, y esto es sumamente importante, quedarte con una fe infantil, contada a los niños para que lo entiendan, o migrar a una fe, o un conjunto de convicciones, maduradas mediante la reflexión y la meditación. Es la diferencia entre una fe infantil y una fe madura. La fe es la misma, que duda cabe, pero los atributos “infantil” y “madura” suponen un abismo. San Pablo lo dice:
11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño.
1 Cor. 13, 11
En la fe aprendida de niño, hay cosas de niño, creencias que se asumen como niños que somos, que han de ser maduradas, y entendidas en su contexto amplio y simbólico. Por ejemplo, la interpretación literal de la Biblia, “al-pie-de-la-letra”, puede desembocar en algo tan gracioso, aunque realmente no tiene ninguna gracia, como esta anécdota:
Laura Schlessinger es una conocida locutora de radio de los Estados Unidos que tiene un programa en el que da consejos en directo a los oyentes que llaman por teléfono.
Recientemente saltó la polémica (y más cuando se mezclan temas de religión y homosexualidad, donde cada persona interpreta lo que dice Dios y la Biblia de una manera distinta), cuando la presentadora atacó a los homosexuales.
Esta locutora ha dicho recientemente que la homosexualidad es una abominación, ya que así lo indica la Biblia en el Levítico, 18, 22, y por tanto no puede ser consentida bajo ninguna circunstancia.
22 No te acostarás con varón como con mujer; es abominación.
Lo que a continuación transcribimos es una carta abierta dirigida a la Dra. Laura escrita por un residente en los Estados Unidos, que ha sido hecha pública en Internet (no tiene desperdicio):
"Querida Dra. Laura:
Gracias por dedicar tantos esfuerzos a educar a la gente en la Ley de Dios.
Yo mismo he aprendido muchísimo de su programa de radio e intento compartir mis conocimientos con todas las personas con las que me es posible. Por ejemplo, cuando alguien intenta defender el estilo de vida homosexual me limito tan sólo a recordarle que el Levítico, en sus versículos 18, 22, establece claramente que la homosexualidad es una abominación. Punto final.
De todas formas, necesito algún consejo adicional de su parte respecto a algunas otras leyes bíblicas en concreto y cómo cumplirlas:
Me gustaría vender a mi hermana como esclava, tal y como indica el Éxodo, 21, 7. En los tiempos que vivimos, ¿qué precio piensa que sería el más adecuado?
7 Si un hombre vende a su hija por esclava, ésta no saldrá de la esclavitud como salen los esclavos.
El Levítico, 25, 44, establece que puedo poseer esclavos, tanto varones como hembras, mientras sean adquiridos en naciones vecinas. Un amigo mío asegura que esto es aplicable a los mejicanos, pero no a los canadienses. ¿Me podría aclarar este punto? ¿Por qué no puedo poseer canadienses?
44 Los siervos y las siervas que tengas, serán de las naciones que os rodean; de ellos podréis adquirir siervos y siervas.
Sé que no estoy autorizado a tener contacto con ninguna mujer mientras esté en su período de impureza menstrual (Lev 15, 19). El problema que se me plantea es el siguiente: ¿cómo puedo saber si lo están o no? He intentado preguntarlo, pero bastantes mujeres se sienten ofendidas.
19 La mujer que tiene flujo, el flujo de sangre de su cuerpo, permanecerá en su impureza por espacio de siete días. Y quien la toque será impuro hasta la tarde.
Tengo un vecino que insiste en trabajar en el sábado. El Éxodo 35, 2, claramente establece que ha de recibir la pena de muerte. ¿Estoy moralmente obligado a matarlo yo mismo? ¿Me podría apañar usted este tema de alguna manera?
2 Durante seis días se trabajará, pero el día séptimo será sagrado para vosotros, día de descanso completo en honor de Yahveh. Cualquiera que trabaje en ese día, morirá.
En el Levítico 21, 20, se establece que uno no puede acercarse al altar de Dios si tiene un defecto en la vista. He de confesar que necesito gafas para leer. ¿Mi agudeza visual tiene que ser del 100%? ¿Se puede relajar un poco esta condición?
16 Yahveh habló a Moisés y dijo: 17 Habla a Aarón y dile: Ninguno de tus descendientes en cualquiera de sus generaciones, si tiene un defecto corporal, podrá acercarse a ofrecer el alimento de su Dios;
La mayoría de mis amigos (varones) llevan el pelo arreglado y bien cortado, incluso en la zona de las sienes a pesar de que esto está expresamente prohibido por el levítico, 19, 27. ¿Cómo han de morir?
27 No rapéis en redondo vuestra cabellera, ni cortes los bordes de tu barba.
Sé gracias al Levítico, 11, 2-8, que tocar la piel de un cerdo muerto me convierte en impuro. Aún así, ¿puedo continuar jugando al fútbol si me pongo guantes?
2 Hablad a los israelitas y decidles: De entre todos los animales terrestres podréis comer estos: […] 4 Pero entre los que rumian o tienen pezuña hendida, no comeréis: camello, pues aunque rumia, no tiene partida la pezuña; será impuro para vosotros; […] 7 ni cerdo, pues aunque tiene la pezuña partida, hendida en mitades, no rumia; será impuro para vosotros. 8 No comeréis su carne ni tocaréis sus cadáveres; serán impuros para vosotros.
Mi tío tiene una granja. Incumple lo que se dice en el Levítico 19:19,
19 Guardad mis preceptos. No aparearás ganado tuyo de diversa especie. No siembres tu campo con dos clases distintas de grano. No uses ropa de dos clases de tejido.
El planta dos cultivos distintos en el mismo campo, y también lo incumple su mujer, ya que lleva prendas hechas de dos tipos de tejido diferentes (algodón y poliéster). Él, además, se pasa el día maldiciendo y blasfemando. ¿Es realmente necesario llevar a cabo el engorroso procedimiento de reunir a todos los habitantes del pueblo para lapidarlos? (Lev 24, 16).
16 Quien blasfeme el Nombre de Yahveh, será muerto; toda la comunidad lo lapidará. Sea forastero o nativo, si blasfema el Nombre, morirá.
¿No podríamos sencillamente quemarlos vivos en una reunión familiar privada, como se hace con la gente que duerme con sus parientes políticos? (Lev 20, 14).
14 Si uno toma por esposas a una mujer y a su madre, es un incesto. Serán quemados tanto él como ellas para que no haya tal incesto en medio de vosotros.
Sé que usted ha estudiado estos asuntos con gran profundidad, así que confío plenamente en su ayuda.”
Gracias de nuevo por recordarnos que la palabra de Dios es eterna e inmutable.
Está tomado de Internet, hace algunos años.
Ver: http://www.emprendedoras.com/article1875.html
Evidentemente, leer esto, tras unos instantes de humor, a uno se le queda la sonrisa congelada al darse cuenta de que se está haciendo una burla de versículos del Pentateuco, que los judeocristianos tomamos como palabra de Dios. Para los ateos y alejados, supone un motivo de hilaridad en una reunión de amigos, pero para un cristiano o para un judío, maldita la gracia que nos hace. Pero lo traigo a colación de cómo, en el extremo es a lo que uno puede llegar si se toma los textos sagrados “Al-pie-de-la-letra”, como aquel que realmente se cortó una mano porque se había hecho malos tocamientos y como penitencia cumplió exactamente lo que manda Jesús, “si tu mano te escandaliza…”
43 Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga.
Mt 9, 43
Y se la cortó.
Esto es tener una fe tan sincera como ingenua, o tan infantil; una fe que no es capaz de interiorizar los mensajes que están escritos de forma simbólica unos, y otros que obedecen a necesidades sociales de otras épocas que ahora ya no tienen ningún sentido, salvo en regímenes teocráticos donde la Ley civil está estrechamente vinculada a la religión, como es el caso de determinados países islámicos.
En el otro extremo, la sociedad civil, tampoco se queda rezagada en incrustar obsesiones en la gente. Ritos mágicos, astrologías, uijas, horóscopos, tarot, supersticiones, algunas tan cibernéticas como esos mensajes que por e.mail te obligan a reenviarlos a otras diez personas bajo amenaza de que algo malo te va a suceder, o algo bueno te va a dejar de suceder. Y la gente cumple escrupulosamente estos mandatos. Yo flipo al ver como personas adultas que te creías suficientemente serias como para no caer en estas niñerías, van y obedecen ciegamente estas encomiendas.
Lo que indican todas estas cosas es que el hombre moderno, del siglo XXI sigue siendo tan supersticioso como nuestros ancestros del paleolítico. Nunca hemos dejado de serlo, bien por la vía de las creencias religiosas, como por las tradiciones populares. Y todo esto forma parte del Sueño del Planeta, que se nos inculca en el proceso educativo, ante lo que el individuo tiene que dar respuesta, a riesgo de quedarse anclado en la infancia espiritual.
Por último, el Sueño del Planeta tiene un regalo envenenado, del que no solemos percatarnos. ¿Qué pasa cuando la tribu te educa en una serie de valores, pero luego ves cómo esos mismos que te han educado, caen en villanías y corrupciones calificadas como tales por aquellos que las cometen? Esto es lo que Rousseau denomina la Teoría del noble salvaje, expuesta en 1762. Rousseau desplego la teoría del noble salvaje del siguiente modo: los seres humanos somos naturalmente buenos hasta que la sociedad nos corrompe.
En lo personal diría que los seres humanos somos amorales, y que la sociedad nos impone lo que es bueno y lo que es malo premiando lo primero y sancionando lo segundo: cuando la sociedad dice que una cosa es buena y la castiga, y dice que otra cosa es mala y la premia, con esta anomalía corrompe a sus individuos, quienes con su corrupción reforzarán la corrupción social estableciendo así un círculo vicioso...
Esta contradicción es especialmente devastadora cuando los que hacen lo contrario de lo que predican son las autoridades religiosas. ¿Cuántas almas han dejado de creer a lo largo de la Historia al ver cómo determinados papas, obispos y cardenales, o sacerdotes, han dado sobrados motivos de escándalo al protagonizar corrupciones económicas, políticas o incluso sexuales? Que los políticos cometan todo tipo de villanías, es lo suyo, pues la política es el arte de saber mentir y escandalizar sin que se note demasiado y encima, alucinar al personal para conseguir sus votos, y los ciudadanos ya sabemos que no se puede esperar otra cosa de ellos, pero que una persona consagrada a Dios salga en las noticias como pederasta… El daño que hace a las mentes sencillas puede ser inimaginable. Más les valdría atarse al cuello una rueda de molino y tirarse al mar.
Se han sustituido los valores morales y religiosos, tachados como creencias sin fundamento, por los “valores democráticos”. Estamos encantados con los valores democráticos, de modo que aquel que se atreva a dudar de sus virtudes, inmediatamente será calificado de fascista, que es lo mismo que ser condenado de hereje en otros tiempos. Y con la misma violencia se le perseguirá y castigará.
En esta idea, el político que si alguna virtud tiene es la de ser un consumado “encantador de serpientes”, es capaz de convencer de sus virtudes democráticas a quien se ponga por delante mediante el magistral uso de las denominadas “palabras talismán”, término acuñado por el filósofo Alfonso López Quintas, en su libro “La manipulación del lenguaje”. Nos referimos a palabras tan manoseadas como “libertades”, “derechos de la persona”, “democracia”, “progreso”, “desarrollo”, “igualdad”, “solidaridad”, incluso “amor”. Son palabras que si en origen reflejan lo que el diccionario indica, el uso torticero y políticamente interesado de ellas, hace que metiéndolas en una chistera, el político, como un mago de circo, pueda sacar un discurso cual conejo, completamente alucinador de mentes y anestésico de voluntades, para llevarse de calle a los agradecidos seguidores que serán votantes en su momento.
Es la nueva religión del pueblo llano, que antes pagaba en diezmos y primicias a sus líderes religiosos, lo que ahora paga en impuestos y votos a sus líderes políticos.
Los dioses han cambiado, las actitudes no.
Antes se entonaban himnos de Gloria al Altísimo, y ahora se entonan himnos de gloria y alabanza a la Champions league, al estilo solemne del Aleluya de Hendel.
Para acceder a escuchar el himno de la UEFA Champions league y el Aleluya de Haendel pinchar en el enlace:
http://www.youtube.com/watch?v=JtoNHnR_WhE&feature=relatedLa vida sigue igual. Es el Sueño del Planeta, que nos atrae con la misma fuerza que al suelo nos atrae la Gravedad.
domingo, 17 de octubre de 2010
24.- Fiat homo: el sueño del Planeta

Fuente de la imagen: http://www.taringa.net/posts/info/2431322/Telepatia-y-Telequinesis.html
Descubrir quiénes somos realmente no es una tarea fácil, y a veces nada agradable. Sobre todo cuando lo que crees ser tú, resulta que realmente es una perfecta programación de ideas y sentimientos llevada a cabo por otros que nos han precedido.
Lo que sigue a continuación, puede que te haga pupa; aviso. Pero si consigues no cabrearte en exceso, a lo mejor puede que te de algo de luz sobre quién es ese que ves cuando te miras al espejo.
Los seres humanos soñamos todo el tiempo. Antes de que naciésemos, aquellos que nos precedieron crearon un enorme sueño externo que llamaremos el sueño de la sociedad o el Sueño del Planeta. El Sueño del Planeta es el sueño colectivo hecho de miles de millones de sueños más pequeños, de sueños personales que, unidos, crean un sueño de una familia, un sueño de una comunidad, un sueño de una ciudad, un sueño de un país, y finalmente, un sueño de toda la Humanidad. El Sueño del Planeta incluye todas las reglas de la sociedad, sus creencias, sus leyes, sus religiones, sus diferentes culturas y maneras de ser, sus gobiernos, sus escuelas, sus acontecimientos sociales y sus celebraciones.
Nacemos con la capacidad de aprender a soñar, y los seres humanos que nos preceden nos enseñan a soñar de la forma en que lo hace la sociedad. El sueño externo tiene tantas reglas que, cuando nace un niño, captamos su atención para introducir estas reglas en su mente. El sueño externo utiliza a mamá y papá, la escuela y la religión para enseñarnos a soñar.La atención es la capacidad que tenemos de discernir y centrarnos en aquello que queremos percibir. Percibimos millones de cosas simultáneamente, pero utilizamos nuestra atención para retener en el primer plano de nuestra mente lo que nos interesa. Los adultos que nos rodeaban captaron nuestra atención y, por medio de la repetición, introdujeron información en nuestra mente. Así es como aprendimos todo lo que sabemos
Miguel Ruiz (Los cuatro acuerdos)Nacemos con la capacidad de aprender a soñar, y los seres humanos que nos preceden nos enseñan a soñar de la forma en que lo hace la sociedad. El sueño externo tiene tantas reglas que, cuando nace un niño, captamos su atención para introducir estas reglas en su mente. El sueño externo utiliza a mamá y papá, la escuela y la religión para enseñarnos a soñar.La atención es la capacidad que tenemos de discernir y centrarnos en aquello que queremos percibir. Percibimos millones de cosas simultáneamente, pero utilizamos nuestra atención para retener en el primer plano de nuestra mente lo que nos interesa. Los adultos que nos rodeaban captaron nuestra atención y, por medio de la repetición, introdujeron información en nuestra mente. Así es como aprendimos todo lo que sabemos
Esto es lo que los indios toltecas denominaban “el Sueño del Planeta”. Nuestros padres soñaron por nosotros y nos introducen en nuestra mente, todo lo necesario para que a su vez nosotros seamos la correspondiente correa de transmisión a nuestros hijos. Y así, de generación en generación.
De modo que nuestra capacidad de expandir nuestra consciencia está ya condicionada por la asunción por nuestra parte del “Sueño del Planeta” que nos han implantado mediante la educación.
El problema que tenemos es la creencia de que nuestro desarrollo personal consiste en sabernos mover con desparpajo en este mundo, valernos por nosotros mismos, ascender en lo profesional, transmitir a nuestros hijos lo aprendido, vivir lo más confortablemente, y no tocarnos las narices unos a otros demasiado, para que nuestros bajos instintos no se solivianten demasiado, que cuando lo hacen no sabemos responder de nuestros actos, y eso es un incordio.
Es decir, se nos inculca la vocación de saber tapar nuestro propio agujero, hasta conseguir que te reconozcan tu valía.
La naturaleza hace que los hombres nos parezcamos unos a otros y nos juntemos; la educación hace que seamos diferentes y que nos alejemos.
Confucio
Confucio
Así las cosas, parece como si el objetivo en la vida fuera “ser un perfecto idiota”, en el sentido etimológico de la palabra (persona que se dedica, con increíble maestría, a sus propios asuntos, y como valor añadido, algo deja para los demás, y así es reconocida y valorada por la colectividad).
Con este enfoque, se diferencia claramente “Yo” de “Tú”, de “Nosotros”, de “ellos”, etc, o sea, las seis personas gramaticales. Esta compartimentación yo – tú – él – nosotros – vosotros – ellos, es la antítesis de un principio universal de Unidad esgrimido por los místicos de todas las épocas y de todas las culturas. Todos somos Uno… en Él, como sostenía el Maestro Eckhart ante la Inquisición, y por ello le condenaron.
En esto radica lo que mi buen amigo Fidel Delgado denomina “la gran alucinación”, transmitida de generación en generación con el Sueño del Planeta. Que yo soy yo, y tú eres tú, etc., pasa de ser una expresión gramatical para entendernos en la vida cotidiana, a un convencimiento metafísico profundo, basado en el origen en la actitud instintiva de satisfacción de necesidades primarias de nuestro cerebro instintivo: “mi casa, teléfono, comida, etc.…” En suma “yo, mis cosas, mis necesidades y deseos”, frente a “tus/sus cosas, tus/sus necesidades, tus/sus deseos”.
El “yo” es como el pecado original. Y no es tanto la propia identidad, como creer que “yo” soy algo independiente, toti potencial y separado del resto de la Creación. Esa creencia, ese sentirnos autosuficientes y separados del resto, pero sobre todo, sentirnos como algo independiente del Todo, de Dios, está en la base de lo que se ha dado en llamar “pecado original”, que se transmite de generación en generación, mediante el Sueño del Planeta, y que se define como “soberbia”.
Esta autoalucinación puede ser tan fuerte que llega en el extremo a creernos dueños de nuestro destino e incluso a convertirnos en kamikazes.
En el mundo de hoy, la alucinación de hacernos absolutamente responsables de nosotros mismos se plasma en la obsesión enfermiza por la seguridad presente y futura. Así, el concepto “aseguramiento” es algo que nos obsesiona. Cualquier cosa que compremos ha de estar mínimamente garantizada y asegurada. Nuestra salud, nuestro trabajo, nuestra casa, nuestra jubilación, nuestro coche, nuestra alfombra persa, nuestro ordenador, los equipos y herramientas con las que trabajamos, nuestros viajes. Absolutamente todo tiene que estar garantizado y asegurado, y pagamos por ello; nos resulta claramente coste - oportuno. Nos hemos convertidos en personas con una enfermiza aversión al riesgo. Lo que aprovecha la industria de la seguridad para vendernos todo habido y por haber en esta materia.
Por eso, nos cuesta tanto entregarnos a la Providencia, y cuando escuchamos, o decimos “danos hoy nuestro pan de cada día”, algo nos chirria, como si no nos lo creyéramos; es decir, dejar a la Providencia que cada día tenga su afán, sin preocuparnos sobre qué comeré o beberé mañana, cada día su trozo -al uso y costumbre de los pajarillos del campo, que confían en su Padre Celestial-, cuando vivimos en un mundo donde impera la planificación estratégica y la programación operativa, para que nada quede al azar, es algo impensable para una mente racional.
La vida es como conducir de noche. No vemos el paisaje, sólo vemos los treinta metros como mucho que alcanzan los faros de cruce, y los cien que en ocasiones proyectan las largas. En estas circunstancias imaginarnos la luz del Sol, ya quisiéramos; y confiar en que el Sol nos alumbra y guía, como que suena a chiste.
No podemos vivir de fantasías, solemos decir con pleno convencimiento y sensatez. Hay lo que hay, tener esperanza es de ilusos, sólo cuenta lo que tenemos y nuestras capacidades; estamos solos. Somos un producto de millones de coincidencias encadenadas, pero coincidencias al fin y al cabo. Esto proclaman los agnósticos, lo que desemboca en que somos algo así como el producto de un teclear caótico de un mono sobre el teclado y que por casualidad le hubiera salido escribir la novela “El idiota” de Fedor Dostoyevski.
Nos han enseñado, por nuestro bien, a ser prudentes, previsores, planificadores, a forjarnos un porvenir, a saber calibrar nuestras fuerzas, a prever contingencias para el viaje, dejar lo menos posible a la improvisación, porque todo lo que no esté planificado, es puro azar. Nos han enseñado la moraleja del cuento de la cigarra y la hormiga; las virtudes de la segunda y lo desastroso del comportamiento de la primera, que en el pecado llevó su penitencia. Así, de esta guisa, es una insensatez confiar en un Padre Celestial que hasta dejó mangado a su propio hijo en la cruz.
No hay nada de malo en ser previsor. Es más, la prudencia es una de las cuatro virtudes cardinales. Lo contrario es ser un bala, un ligero de cascos, un atolondrado, un inconsciente. Con este armamentario mental, vivir como los lirios del campo es lo más parecido a una tontería y una insensatez.
En medio de este mundo que parece resignado a una visión trágica de la vida, con una esperanza que no va más allá de las propias capacidades, las corrientes religiosas proponen una alternativa centrada en un más allá, al cual se podrá acceder después de la muerte si en esta vida se respeta una serie de códigos de conducta orientados a una buena convivencia y sobre todo a rendir culto a los dioses, o a un solo dios con una corte celestial. Esto aplicado al común de las gentes, se materializa en un cuerpo doctrinal y credencial perfectamente codificado, de modo que sea fácil recordarlo y mantenerlo siempre presente en la memoria. Este tipo de sistema de control se comporta como un alucinador.
Puede que a todos, incluido el común de las gentes, nos sea posible pasar toda nuestra vida hipnotizados con las creencias aprendidas a pies juntillas y así admitir como nuestro, el “Sueño del Planeta”.
El sueño externo capta nuestra atención y nos enseña en qué creer, empezando por la lengua que hablamos. El lenguaje es el código que utilizamos los seres humanos para comprendernos y comunicarnos. Cada letra, cada palabra de cada lengua, es un acuerdo. Llamamos a esto una página de un libro; la palabra página es un acuerdo que comprendemos. Una vez entendemos el código, nuestra atención queda atrapada y la energía se transfiere de una persona a otra.Tú no escogiste tu lengua, ni tu religión ni tus valores morales: ya estaban ahí antes de que nacieras. Nunca tuvimos la oportunidad de elegir en qué creer y en qué no creer. Nunca escogimos ni el más insignificante de estos acuerdos. Ni siquiera elegimos nuestro propio nombre.De niños no tuvimos la oportunidad de escoger nuestras creencias, pero estuvimos de acuerdo con la información que otros seres humanos nos transmitieron del Sueño del Planeta. La única forma de almacenar información es por acuerdo. El sueño externo capta nuestra atención, pero si no estamos de acuerdo, no almacenaremos esa información. Tan pronto como estamos de acuerdo con algo, nos lo creemos, y a eso lo llamamos «fe». Tener fe es creer incondicionalmente. Así es como aprendimos cuando éramos niños. Los niños creen todo lo que dicen los adultos. Estábamos de acuerdo con ellos, y nuestra fe era tan fuerte, que el sistema de creencias que se nos había transmitido controlaba totalmente el sueño de nuestra vida. No escogimos estas creencias, y aunque quizás nos rebelamos contra ellas, no éramos lo bastante fuertes para que nuestra rebelión triunfase. El resultado es que nos rendimos a las creencias mediante nuestro acuerdo. (Op.Cit. Los cuatro acuerdos)
sábado, 16 de octubre de 2010
23.- Fiat homo: el común de las gentes
fuente: http://www.flickr.com/groups/cordoba_y_sus_fotografos/discuss/72157616298276532/
Los planteamientos científicos y filosóficos preocupan a los humanos que Paul Radin, antropólogo estadounidense de comienzos de Siglo XX denomina “hombres pensadores”. Porque por otra parte están los “no pensadores”, que en realidad constituyen la mayoría de la Humanidad.
Cuentan que Knud Rasmussen, célebre explorador groenlandés de finales del XIX y comienzos del XX, en una de sus exploraciones árticas, conoció a una tribu de inuits (esquimales) en Alaska. De una conversación con el anciano de la tribu, llamado Aua, reproducimos el siguiente fragmento:
“-A los hombres no les gusta pensar –explicaba Aua-. Les molesta ocuparse de lo que resulta difícil de comprender. Quizás sea este el motivo de que reflexionemos tan poco sobre el cielo y la tierra, el origen del hombre y los animales. Porque cuesta trabajo entender por qué nos formamos y a dónde iremos a parar cuando ya no vivamos. El principio y el fin están envueltos en la oscuridad ¿Cómo podríamos averiguar más sobre todo esto tan importante que nos rodea y sobre ese ser que definimos como “hombre” y sobre los animales, pájaros y peces de todos los países y ríos y mares?
-Nadie sabe con certeza el principio de la vida. Sin embargo quien tiene los ojos y los oídos abiertos y recuerda los relatos de nuestros antepasados, siempre se entera de algo con que llenar el vacío de nuestros pensamientos. Por eso, a todos nos gusta escuchar a nuestros sabios ancianos, que nos hablan de lo que dijeron nuestros antepasados ya muertos. Porque nuestras creencias y nuestros mitos son las palabras de los muertos.
-Ves, el hielo se extiende hasta donde se pierde la vista, no hay hierba ni matorral. La fuerza del viento ha arreciado. Nieve y tempestad. Mal tiempo para la caza. Sin embargo, tenemos que salir a buscar comida a diario.
-¿Por qué ha de haber tormentas que nos impiden encontrar la carne para alimentar a nuestros hijos? Los cazadores llegaron hace una hora sin encontrar nada. ¿Por qué?
-Mis niños permanecen acurrucados ateridos de frío, protegidos tan sólo con esta manta. ¿Por qué?
-Mi hermana está en ese catre enferma, sin posibilidad de que la vea un curandero o uno de vuestros médicos. Se morirá entes de una semana ¿por qué? ¿Por qué ha de padecer dolores y sufrir esa pobre mujer que no ha hecho mal a nadie?
- Tampoco tú puedes responder a la pregunta de por qué es así la vida. Y así debe ser. Nuestras costumbres proceden de la vida, y están encauzadas cara a la vida. No hallamos explicación ni creemos en esto o en aquello. La respuesta está en lo que acabo de mostrarte. Tenemos miedo… mucho miedo. Por eso nuestros antepasados aprendieron a defenderse con todas aquellas armas y medidas que encontraron, y desarrollaron habilidades y costumbres que se han transmitido a través de generaciones enteras, hasta nosotros. No comprendemos muy bien el por qué de muchas de ellas, pero las observamos para poder vivir en paz.
- Sin embargo, y a pesar de nuestros angacoqs (chamanes), nuestro saber es tan escaso, que tenemos miedo de todo.
Por tradición educativa, en prácticamente todas las culturas (aunque en el desacralizado mundo actual esto no está tan claro con una educación centrada en los supuestos valores de la ciudadanía), se nos inculca desde niños la creencia en un plano sutil, espiritual, gobernado por una divinidad, con la que nos podemos poner en relación a través de sabios mediadores, mediante la práctica de un conjunto de ritos que garantiza el mantenimiento de buenas relaciones con el poderoso ser que, a nuestra muerte nos juzgará y decidirá si merecemos seguir viviendo para toda la eternidad en el feliz paraíso, o por el contrario, penar, también eternamente en un desagradable lugar gobernado por los malos espíritus.
Da la sensación de que todo este planteamiento está pensado para este denominado común de las gentes, ocupados desde el orto hasta el ocaso en ganarse el sustento, en competir por los recursos y en centrarse en ideales, amores y desamores, esperanzas y desengaños, deseos y frustraciones a experimentar dentro de la rejilla espacio temporal, además de levantar con sus manos y su inteligencia algo que llamamos “civilización”. Pero en el momento que uno quiere establecer una separación entre el común de las gentes y alguien que realmente se cuestiona estos temas con algo más de seriedad, entonces comienzan a surgir miles de dudas. Supone quitarse las vendas en los ojos que nos han puesto en nuestra infancia para que no nos planteemos nada que no esté totalmente resuelto, atado y bien atado en las normas de convivencia y forma de ver la vida desde el prisma de nuestras creencias, leyes y tradiciones, y empezar a sentir el escalofrío de la autentica esencia de la condición humana, lo que nos lanza a un terreno realmente desconocido. Es abandonar la seguridad del rebaño en el corral, para adentrarse en las umbrías del bosque, donde las ovejas pueden perderse.
Dentro del redil, además de en la fe y el amor, se nos educa fundamentalmente en la Esperanza, una teología que nos centra en un Reino de Dios allí arriba, inaccesible, del que gozaremos como premio a los esfuerzos de esta vida, si morimos en Gracia y no cometemos demasiados desaguisados; porque si no, nos espera o un infierno terrorífico por siempre jamás, o un purgatorio, que nadie sabe lo que es, pero donde nos aseguran, se pasa malamente mucho tiempo, tanto más cuanto más numerosos sean los pecados que penar. Es un penal espiritual ajustado a la ley de la proporcionalidad (tanto que en tiempos de Lutero, y supongo yo que ahora también, las bulas papales eran y son proporcionales a los donativos, y a las penitencias, y así ahorro de purgatorio…, lo que se da de bruces con una de las características más relevantes de nuestro Padre Dios, que no se ajusta a las proporciones; sólo con ver la parábola de los empleados que recibieron un talento tanto si trabajaron todo el día como una sola hora, para hacernos una idea). Total, que un buen creyente tiene que portarse bien aquí, cumplir con las prácticas religiosas habituales y rezarle a María Santísima que interceda ante el intercesor del Juez Supremo ahora y en la hora de nuestra muerte, amen.
Ahora bien, ¿qué pasa si alguien se atreve a proclamar a las gentes sencillas, que el Reino de Dios está aquí y ahora, y que existe una vía directa a Dios que está en dirección, no a ese Cielo prometido allí arriba tras la muerte física, sino a nuestro más íntimo interior, donde Dios habita en justos e injustos, y que en esa vía directa lo que importa es el abandono total en manos del Padre, la muerte del yo mismo, para que Él inunde todo nuestro ser? Pues parece que a lo largo de la Historia, estas proclamas no son bien recibidas por la curia. Primero porque parece como si creyeran que resta protagonismo a los sacerdotes, dado que la relación del alma con Dios es algo absolutamente íntimo (es la máxima intimidad que uno pueda siquiera imaginar), y segundo, porque en este escenario espiritual se desvanecen las diferencias entre religiones, de modo que mística cristiana y Zen o el sufismo islámico son bastante parecidos, lo que parece como si con ello se perdieran las señas de identidad que hace a las religiones diferentes y mutuamente excluyentes. Por eso, los místicos no han sido bien vistos por sus autoridades, porque son heterodoxos de una fe que parece estar absolutamente reglada por códigos canónicos adaptados al común de las gentes.
Parece que se suele cumplir una ley universal por la que la que en una comunidad de seres vivos, la jerarquía piramidal se cumple siempre; la inmensa mayoría son individuos base, relativamente poco especializados, pero dedicados a tareas básicas de producción, frente a una afilada pirámide de seres más especializados y complejos, que regulan la actividad de la línea, hasta llegar a la cúpula de pirámide, donde están la abeja reina, o el presidente de la nación, o el sumo pontífice.
Para lo que nos ocupa, el común de las gentes constituye la sociedad base, empleada en sus asuntos, y tan sólo un muy reducido número de elegidos, parece haberse dado cuenta de algo más de lo que le han enseñado los educadores. Y excepcionalmente surgen grandes hombres y mujeres de Dios, habitualmente nacidos en la humilde pobreza, que con su vida, son luz del mundo y nos marcan el camino, para gran enfado del poder establecido por los sumos sacerdotes, escribas del templo y fariseos.
...Incluso, a alguno de ellos, terminan crucificándole por decir tonterías, tales como “Mi Reino no es de este mundo”.
Los planteamientos científicos y filosóficos preocupan a los humanos que Paul Radin, antropólogo estadounidense de comienzos de Siglo XX denomina “hombres pensadores”. Porque por otra parte están los “no pensadores”, que en realidad constituyen la mayoría de la Humanidad.
Cuentan que Knud Rasmussen, célebre explorador groenlandés de finales del XIX y comienzos del XX, en una de sus exploraciones árticas, conoció a una tribu de inuits (esquimales) en Alaska. De una conversación con el anciano de la tribu, llamado Aua, reproducimos el siguiente fragmento:
“-A los hombres no les gusta pensar –explicaba Aua-. Les molesta ocuparse de lo que resulta difícil de comprender. Quizás sea este el motivo de que reflexionemos tan poco sobre el cielo y la tierra, el origen del hombre y los animales. Porque cuesta trabajo entender por qué nos formamos y a dónde iremos a parar cuando ya no vivamos. El principio y el fin están envueltos en la oscuridad ¿Cómo podríamos averiguar más sobre todo esto tan importante que nos rodea y sobre ese ser que definimos como “hombre” y sobre los animales, pájaros y peces de todos los países y ríos y mares?
-Nadie sabe con certeza el principio de la vida. Sin embargo quien tiene los ojos y los oídos abiertos y recuerda los relatos de nuestros antepasados, siempre se entera de algo con que llenar el vacío de nuestros pensamientos. Por eso, a todos nos gusta escuchar a nuestros sabios ancianos, que nos hablan de lo que dijeron nuestros antepasados ya muertos. Porque nuestras creencias y nuestros mitos son las palabras de los muertos.
-Ves, el hielo se extiende hasta donde se pierde la vista, no hay hierba ni matorral. La fuerza del viento ha arreciado. Nieve y tempestad. Mal tiempo para la caza. Sin embargo, tenemos que salir a buscar comida a diario.
-¿Por qué ha de haber tormentas que nos impiden encontrar la carne para alimentar a nuestros hijos? Los cazadores llegaron hace una hora sin encontrar nada. ¿Por qué?
-Mis niños permanecen acurrucados ateridos de frío, protegidos tan sólo con esta manta. ¿Por qué?
-Mi hermana está en ese catre enferma, sin posibilidad de que la vea un curandero o uno de vuestros médicos. Se morirá entes de una semana ¿por qué? ¿Por qué ha de padecer dolores y sufrir esa pobre mujer que no ha hecho mal a nadie?
- Tampoco tú puedes responder a la pregunta de por qué es así la vida. Y así debe ser. Nuestras costumbres proceden de la vida, y están encauzadas cara a la vida. No hallamos explicación ni creemos en esto o en aquello. La respuesta está en lo que acabo de mostrarte. Tenemos miedo… mucho miedo. Por eso nuestros antepasados aprendieron a defenderse con todas aquellas armas y medidas que encontraron, y desarrollaron habilidades y costumbres que se han transmitido a través de generaciones enteras, hasta nosotros. No comprendemos muy bien el por qué de muchas de ellas, pero las observamos para poder vivir en paz.
- Sin embargo, y a pesar de nuestros angacoqs (chamanes), nuestro saber es tan escaso, que tenemos miedo de todo.
A este tipo de personas, que son la mayoría de los seres humanos que pueblan y han poblado este mundo, las vamos a denominas aquí “el común de las gentes”, personas sencillas; el hombre y la mujer de la calle, con sus virtudes y sus defectos, de buen obrar, capaces de llegar al extremo del heroísmo, pero también al extremo de la estupidez y la villanía; personas que en general respetan las normas de convivencia, aunque de vez en cuando, sus apegos les incitan a ir más allá de lo que deberían desear, para ambicionar los bienes ajenos, lo que es fuente de injusticias y desigualdades. Son las ovejas de Dios, perdidas o no. La vida les ha hecho así, el pecado les ha hecho así, así vivirán y así morirán, sin saber muy bien para qué han vivido, ni qué les espera tras el tránsito de la muerte, aunque repitan como papagallos el Credo en misa de una eso de "creo en la vida eterna, amén".
Por tradición educativa, en prácticamente todas las culturas (aunque en el desacralizado mundo actual esto no está tan claro con una educación centrada en los supuestos valores de la ciudadanía), se nos inculca desde niños la creencia en un plano sutil, espiritual, gobernado por una divinidad, con la que nos podemos poner en relación a través de sabios mediadores, mediante la práctica de un conjunto de ritos que garantiza el mantenimiento de buenas relaciones con el poderoso ser que, a nuestra muerte nos juzgará y decidirá si merecemos seguir viviendo para toda la eternidad en el feliz paraíso, o por el contrario, penar, también eternamente en un desagradable lugar gobernado por los malos espíritus.
Da la sensación de que todo este planteamiento está pensado para este denominado común de las gentes, ocupados desde el orto hasta el ocaso en ganarse el sustento, en competir por los recursos y en centrarse en ideales, amores y desamores, esperanzas y desengaños, deseos y frustraciones a experimentar dentro de la rejilla espacio temporal, además de levantar con sus manos y su inteligencia algo que llamamos “civilización”. Pero en el momento que uno quiere establecer una separación entre el común de las gentes y alguien que realmente se cuestiona estos temas con algo más de seriedad, entonces comienzan a surgir miles de dudas. Supone quitarse las vendas en los ojos que nos han puesto en nuestra infancia para que no nos planteemos nada que no esté totalmente resuelto, atado y bien atado en las normas de convivencia y forma de ver la vida desde el prisma de nuestras creencias, leyes y tradiciones, y empezar a sentir el escalofrío de la autentica esencia de la condición humana, lo que nos lanza a un terreno realmente desconocido. Es abandonar la seguridad del rebaño en el corral, para adentrarse en las umbrías del bosque, donde las ovejas pueden perderse.
Dentro del redil, además de en la fe y el amor, se nos educa fundamentalmente en la Esperanza, una teología que nos centra en un Reino de Dios allí arriba, inaccesible, del que gozaremos como premio a los esfuerzos de esta vida, si morimos en Gracia y no cometemos demasiados desaguisados; porque si no, nos espera o un infierno terrorífico por siempre jamás, o un purgatorio, que nadie sabe lo que es, pero donde nos aseguran, se pasa malamente mucho tiempo, tanto más cuanto más numerosos sean los pecados que penar. Es un penal espiritual ajustado a la ley de la proporcionalidad (tanto que en tiempos de Lutero, y supongo yo que ahora también, las bulas papales eran y son proporcionales a los donativos, y a las penitencias, y así ahorro de purgatorio…, lo que se da de bruces con una de las características más relevantes de nuestro Padre Dios, que no se ajusta a las proporciones; sólo con ver la parábola de los empleados que recibieron un talento tanto si trabajaron todo el día como una sola hora, para hacernos una idea). Total, que un buen creyente tiene que portarse bien aquí, cumplir con las prácticas religiosas habituales y rezarle a María Santísima que interceda ante el intercesor del Juez Supremo ahora y en la hora de nuestra muerte, amen.
Ahora bien, ¿qué pasa si alguien se atreve a proclamar a las gentes sencillas, que el Reino de Dios está aquí y ahora, y que existe una vía directa a Dios que está en dirección, no a ese Cielo prometido allí arriba tras la muerte física, sino a nuestro más íntimo interior, donde Dios habita en justos e injustos, y que en esa vía directa lo que importa es el abandono total en manos del Padre, la muerte del yo mismo, para que Él inunde todo nuestro ser? Pues parece que a lo largo de la Historia, estas proclamas no son bien recibidas por la curia. Primero porque parece como si creyeran que resta protagonismo a los sacerdotes, dado que la relación del alma con Dios es algo absolutamente íntimo (es la máxima intimidad que uno pueda siquiera imaginar), y segundo, porque en este escenario espiritual se desvanecen las diferencias entre religiones, de modo que mística cristiana y Zen o el sufismo islámico son bastante parecidos, lo que parece como si con ello se perdieran las señas de identidad que hace a las religiones diferentes y mutuamente excluyentes. Por eso, los místicos no han sido bien vistos por sus autoridades, porque son heterodoxos de una fe que parece estar absolutamente reglada por códigos canónicos adaptados al común de las gentes.
Parece que se suele cumplir una ley universal por la que la que en una comunidad de seres vivos, la jerarquía piramidal se cumple siempre; la inmensa mayoría son individuos base, relativamente poco especializados, pero dedicados a tareas básicas de producción, frente a una afilada pirámide de seres más especializados y complejos, que regulan la actividad de la línea, hasta llegar a la cúpula de pirámide, donde están la abeja reina, o el presidente de la nación, o el sumo pontífice.
Para lo que nos ocupa, el común de las gentes constituye la sociedad base, empleada en sus asuntos, y tan sólo un muy reducido número de elegidos, parece haberse dado cuenta de algo más de lo que le han enseñado los educadores. Y excepcionalmente surgen grandes hombres y mujeres de Dios, habitualmente nacidos en la humilde pobreza, que con su vida, son luz del mundo y nos marcan el camino, para gran enfado del poder establecido por los sumos sacerdotes, escribas del templo y fariseos.
...Incluso, a alguno de ellos, terminan crucificándole por decir tonterías, tales como “Mi Reino no es de este mundo”.
22.- Nuestro pequeño mundo
Entre estas altas disciplinas científicas y filosófico-metafísicas que nos transportan desde lo casi infinitamente pequeño hasta los confines del Cosmos, por una parte, y por otra las filosofías y teologías que tratan de introducirnos en el mundo de lo sutil, además del mundo físico, está “nuestro pequeño mundo”, donde vivimos todos apiñados.
Es el mundo que ven nuestros ojos y procesa nuestro pensamiento, donde se sitúan por un lado yo y mi pensamiento, y por otro, todo lo observado que es ajeno a mí. El pensamiento teje lo que consideramos “nuestra vida” dentro de la matriz del tiempo y del espacio.
En nuestro pequeño mundo se desarrolla el 98% de nuestra vida, empeñados en sobrevivir, y en escalar la pirámide del bienestar, a ser posible.
En nuestro pequeño mundo nos levantamos por las mañanas, desayunamos, vamos a trabajar o a tratar de buscar un empleo, colaboramos en nuestra empresa a sacar el negocio adelante, tratando de hacer bien nuestra tarea, nos casamos, formamos una familia, tenemos hijos, pagamos los recibos y la hipoteca del piso, vamos al hipermercado una vez por semana, y tenemos una noche de pasión (más o menos) con nuestra pareja, de vez en cuando. Ah, y en vacaciones, o bien nos vamos a la playa a tostarnos, o a la montaña para respirar aire puro, o nos vamos a hacer un viaje por los Alpes, o quietos en casa, porque la extra no da para más.
Mientras estamos enredados en nuestros asuntos, que dos galaxias colisionen, o que el acelerador CERN de partículas subatómicas haya generado una nueva generación de hadrones, como que nos importa bastante poco. Y que un filósofo nos hable de Filosofía perenne, va a ser que no nos interesa demasiado, si al subir a casa en el buzón encontramos un requerimiento de Hacienda.
Es el mundo que ven nuestros ojos y procesa nuestro pensamiento, donde se sitúan por un lado yo y mi pensamiento, y por otro, todo lo observado que es ajeno a mí. El pensamiento teje lo que consideramos “nuestra vida” dentro de la matriz del tiempo y del espacio.
En nuestro pequeño mundo se desarrolla el 98% de nuestra vida, empeñados en sobrevivir, y en escalar la pirámide del bienestar, a ser posible.
En nuestro pequeño mundo nos levantamos por las mañanas, desayunamos, vamos a trabajar o a tratar de buscar un empleo, colaboramos en nuestra empresa a sacar el negocio adelante, tratando de hacer bien nuestra tarea, nos casamos, formamos una familia, tenemos hijos, pagamos los recibos y la hipoteca del piso, vamos al hipermercado una vez por semana, y tenemos una noche de pasión (más o menos) con nuestra pareja, de vez en cuando. Ah, y en vacaciones, o bien nos vamos a la playa a tostarnos, o a la montaña para respirar aire puro, o nos vamos a hacer un viaje por los Alpes, o quietos en casa, porque la extra no da para más.
Mientras estamos enredados en nuestros asuntos, que dos galaxias colisionen, o que el acelerador CERN de partículas subatómicas haya generado una nueva generación de hadrones, como que nos importa bastante poco. Y que un filósofo nos hable de Filosofía perenne, va a ser que no nos interesa demasiado, si al subir a casa en el buzón encontramos un requerimiento de Hacienda.
En el fondo, realmente para nosotros, “todo lo que existe” es nuestra propia vida, y cómo poder sobrevivir a las sucesivas crisis que se suceden periódicamente. Lo demás, las galaxias por un lado, las partículas subatómicas por otro y las teorías nihilistas de Nietzsche o los tratados de hermenéutica bizantina por otro, si no me ayudan a pagar a Hacienda, como que no me resultan ni útiles ni necesario su conocimiento.
En resumen, al referirme ahora a “todo lo que existe”, me quiero referir a todo lo que llena mi vida, lo que me mueve, me motiva a levantarme por las mañanas, lo que genera mis apegos, mis ilusiones y mis preocupaciones; y en el fondo, lo que da sentido a mi existencia, que son mis pequeñas cosas y a lo mejor también, las preguntas trascendentes, de dónde venimos y a dónde vamos; y cosas así.
Que el Universo tenga 42 o 5 potencias de diez es algo que a mi pequeño mundo no le afecta lo más mínimo, y a mi cuenta corriente ya ni digamos… O a lo mejor sí que me interesa; depende de si me da por pensar, o soy totalmente pragmático y utilitarista.
El planteamiento pragmático y utilitario, es tan práctico y útil para hacerse un hueco en este mundo, como simple y generalizado en la población mundial. Es lo que podríamos denominar, lo que interesa al común de las gentes. Porque decir “todo lo que existe” desde esta perspectiva, es aludir al “Mito o alegoría de la caverna” de Platón, que refleja en su libro “La República”. Este mito describe, en cierto modo, cómo el ser humano vive su propia realidad y se engaña a sí mismo (no intencionadamente). En este caso, el hombre no es capaz de ver más allá de lo que está "delante de sus propios ojos", por lo que la realidad en la que vive o cree vivir, no es en absoluto real. Sólo aquel que es capaz de deshacerse de todo lo que le impide ver más allá, el que es capaz de ver no sólo lo que está a su alrededor, sino lo que rodea a los demás, lo que es el mundo, no sólo su mundo, esa persona se percatará de cómo es la auténtica realidad. Platón refiere el conocimiento de primera instancia al que procede del mundo sensible (conocido a través de los sentidos) mientras que el otro, que procede del uso de la razón, es el mundo inteligible. El mundo que está detrás de todo lo que existe es otro bien distinto al que la mente puede tener acceso.
Pero lo peor de todo es que nuestro pequeño mundo, mi mundo, es tan raquítico, tan simple, tan "irreal", que a pesar de que viviamos en la era de la información, de Internet, de la televisión por satélite, y dispongamos de antenas parabólicas, de teléfonos 3G y GPRS, y todo eso, realmente vivimos en una burbuja, donde lo único que nos preocupa son nuestras pequeñas cosas.
La tradición cristiana afirma que el que bebe agua volverá a tener sed (Jn 4, 4-13 pasaje de Jesús y la Samaritana). Jesús se refiere al agua del pozo de Jacob, pero el significado profundo de ese encuentro no es tan pragmático, porque en el fondo, el agua que siempre nos vuelve a dar sed es “literalmente: todas las cosas de nuestra vida”, todo lo que la persona busca conseguir, tanto material como inmaterial, literalmente "todo lo que existe para nosotros".
Y ese "Todo lo que existe", convierte nuestra vida en algo "inane", fútil, ridículo.
Y cuando te da por tener la osadía de salir al mundo y ver qué hay más allá de tus narices, y te enfrentas con la pobreza, los conflictos, la miseria del Tercer Mundo, te haces cruces y entras en un estado depresivo y de desconcierto del que te cuesta mucho salir, como a nosotros nos ha pasado, y te haces la ridícula pregunta de ¿cómo es posible esto? Porque te creías que la vida (tu vida, la que vives todo los días, rodeada de algodones y productos de belleza) es jauja, a pesar de nuestros problemas, que en comparación con los de aquellos países se convierten literalmente en menos que nada.
Porque lo único que conoces es tu pequeño mundo. Porque en realidad ni las galaxias, ni las reflexiones sobre el principio antrópico, ni los problemas medioambientales nos importan una mierda (perdón por la expresión), porque en realidad lo único que nos importa es "sacar el agua de nuestro pozo de Jacob", porque para nosotros realmente, "lo único que existe" es nuestro pequeño mundo, "mi casa", "teléfono", mis cosas, mis títulos, mi coche, mi home-cinema, mi ropa, mis, mis, mis...
No hay nada más, ni me importa nada más que yo y mis cosas.
Somos unos "nine to fivers", unos nueve a cinco (las horas de trabajo) haciendo lo que sea menester para llevar un trozo de pan a casa, para poder sobrevivir, más o menos, en una sociedad diseñada para consumir lo que sea con tal de mantener los balances contables de las pequeñas, medianas y grandes empresas con un aceptable margen de ganacias.
Este planteamiento de vida es literalmente bloqueante de cualquier iniciativa de búsqueda de la verdad, pero sobre todo te bloquea absolutamente la posibilidad de que te encuentres a ti mismo, y con tu auténtica realidad, la que únicamente encontrarás si descubres tu vida interior y descubras quién eres realmente, porque simplemente te has convertido en algo parecido a un androide, programado para trabajar y consumir, como los animales están programados para comer y ser comidos.
Visto así, poca es la diferencia que nos separa de ellos, salvo que nosotros tenemos más mala leche que ellos.
Nosotros tenemos que comer, para engordar nuestras ilusiones que serán posteriormente devoradas por la Organización de este Mundo, diseñada a su vez para ir a ninguna parte, a un coste sobrehumano. Porque todos estamos programados desde que nacemos en ir a sacar agua del pozo de Jacob.
Vivimos en suma, en un confinador del cual no sabemos cómo salir, y lo peor, ni siquiera nos lo hemos planteado.
¿O sí?
21.- El principio antrópico
Imagen tomada de: http://addictedgreentinted.blogspot.com/2007/10/double-trouble.html
Vamos a pasar ahora de la visión científica de “todo lo que existe”, a la visión filosófica.
El ser humano se ha de incardinar en esta tela de araña espacio temporal que es el Universo, un Universo cada vez más extraño, donde cada vez nos sentimos más pequeños, y donde el único consuelo que nos queda es el principio antrópico, aquel que dice más o menos que para que nosotros, los humanos, estemos aquí y nos interroguemos sobre el Universo, la Creación se ha tenido que desarrollar exactamente como lo ha hecho. Una fuerza nuclear fuerte (la que mantiene unido el núcleo de los átomos), una millonésima más débil, y el Cosmos no sería lo que es; ni nosotros tampoco. Hemos de tomar, además, conciencia de “individuos”, seres supuestamente indivisibles, que nos relacionamos con el mundo exterior con el que tenemos que, por una parte integrarnos y por otra competir por unos recursos escasos.
El acerbo cultural de la Humanidad ha estructurado el conocimiento que podemos tener de “todo lo que existe” (aparentemente) en las diferentes materias y disciplinas académicas que todos estudiamos en el colegio y en las que luego nos especializamos en el ambiente universitario y profesional. Para lo que nos ocupa, el conjunto de disciplinas se suelen dividir en dos grandes grupos, las ciencias y las letras. Las ciencias se ocupan de la investigación y el conocimiento de todo lo positivo, de todo lo tangible y que se puede observar, medir y experimentar. Fundamentan todo en el método científico y en la duda metódica de Descartes. Las letras constituyen un conjunto de áreas de conocimiento más cercano a la intuición, a la apreciación subjetiva, y aunque tiene o trata de tener métodos de razonamiento lo más aproximados a la lógica, emerge de entre sus cuerpos de conocimiento, algo parecido a ideas y percepciones fruto de la reflexión heurística, de la meditación. Las artes, el Derecho y la Filosofía forman parte de este conjunto de saber humano. Y luego están las teologías, que se basan en percepciones sobre lo sobrenatural, supuestamente basadas en especulaciones sobre temas a los que los conocimientos exactos no han podido llegar, y que apela más a las tradiciones en muchos casos ancestrales, y a lo que se denomina revelación, más que a la razón. Se podría decir, con Bertrand Russell, que entre Ciencia y Teología está la Filosofía como entidad de sabiduría humana, que se cuestiona lo intangible sin acudir a la revelación divina, dado que la veracidad de esas revelaciones está reconocida o no, según se profese una fe u otra.
En cualquiera de los casos, ante los ojos sorprendidos del ser humano que contempla este mundo, éste trata de encontrarle descripción y explicación a las cosas. Con la Ciencia ha conseguido sorprendentes avances, pero hay otros temas a los que la demostración científica no ha podido llegar. Bertrand Russell plantea una serie de preguntas que desde la antigüedad han preocupado al hombre pensador:
¿Está dividido el mundo en espíritu y materia? Y suponiendo que así sea, ¿qué es espíritu y qué es materia? ¿Está el espíritu sometido a la materia o se encuentra poseído por fuerzas independientes? ¿Tiene el Universo unidad o finalidad? ¿Está evolucionando hacia una meta? ¿Existen realmente leyes de la Naturaleza, o creemos solamente en ellas por nuestra innata tendencia al orden? ¿Es el hombre lo que le parece al astrónomo, a saber: un minúsculo conjunto de carbono y agua, moviéndose impotente en un planeta diminuto dentro de una descomunal galaxia, diminuta a su vez dentro del descomunal Universo? ¿O es lo que le parece a Hamlet? ¿Acaso las dos cosas a la vez? ¿Existe una noble manera de vivir y otra baja? ¿O son igualmente todos los modos de vida igualmente fútiles? Si hubiera un modo noble de vida ¿en qué consiste y cómo lo realizaremos? ¿Debe ser eterno lo bueno para merecer una valoración, o vale la pena buscarlo, incluso en el caso de que el Universo se moviera inexorablemente hacia la muerte? ¿Existe la Sabiduría o lo que parece tal es solamente un último refinamiento de la locura?
Bertrand Russell, Historia de la Filosofía, Introducción
La Filosofía ha tratado de dar, no digo respuesta, pero sí al menos un enfoque razonablemente sensato como para aliviar en cierto modo la angustia vital que produce en el corazón humano tener estas y otras muchas preguntas de similar calado, sin respuesta. En este sentido, quiero hacer aquí una puntualización que creo es sumamente importante para evitar el confusionismo sobre las referencias que a lo largo de este libro se hacen tanto a la teología y filosofía occidental, y especialmente cristiana, como a las filosofías orientales.
Al referirnos al pensamiento oriental, especialmente al budismo y sus derivados chino y japonés, el Taoísmo y el Zen, y al monismo advaita, no debemos confundirlos con una religión más. El budismo es un sistema de pensamiento metafísico, que ha estado 2500 años escindido del hinduismo, que sí es una religión, hasta que parece que ahora el hinduismo lo ha aceptado en su seno. Y el vedanta advaita, además de un sistema metafísico, sí que es una rama del hinduismo. Consuelo Martín, en sus libros dedicados a la metafísica vedanta advaita, explica cómo esencialmente son sistemas de pensamiento metafísico, con un mismo método de observación y búsqueda de la verdad, asociado biunívocamente con lo incondicionado, lo atemporal. La idea de divinidad no es tan concreta como en el pensamiento cristiano definido en la Biblia, pues se hace referencia, en el caso de la tradición vedanta a “lo Absoluto” (Brahman), a lo “no-dual”, lo inmanifestado, allí donde coinciden el conocer con el ser, el final de la búsqueda, el final del camino del ser humano hacia la Verdad con la fusión del alma “atman” con la divinidad “Brahman”. Sin embargo, el budismo no entiende la divinidad como una entidad, sino como un estado y no como una realidad objetivable; la negación de “todo lo que no es”, la negación de lo cambiante. El nirvana se define de forma negativa porque es lo no manifestado. En realidad las diferencias entre advaita y budismo son de cómo referirse a lo mismo. En ambos casos, el ser humano, cuando busca lo eterno, está buscando su propia naturaleza real.
El centro de gravedad de la Filosofía perenne, uno de los pilares de todo mi discurso, está localizado en el proceso metafísico de encuentro con el Eterno, se llame como se llame. En la metafísica occidental se investiga también sobre la verdad absoluta y las verdades relativas, sobre la base de lo que cambia y permanece. No se pueden mezclar con las categorías cambiantes de Heráclito, con la evocación “de lo que es”, de lo que Parménides se refiere cuando habla del Ser como “ni lo que era” ni “lo que será”, sino lo que es ahora, inmóvil, infinito, eterno.
Estas ideas, las orientales y las occidentales, han calado en la metafísica cristiana, como veremos, de manos sobre todo de Meister Eckhart, Tauler o Giordano Bruno, y tras ellos, de una forma u otra, en el pensamiento místico, tanto cristiano como islámico, en el sufismo, y de alguna forma también en la cabala judía. Esto es muy importante a fin de que no se confunda la metafísica oriental con el fenómeno New Age. Lo primero supone un conjunto de sistemas milenarios de pensamiento, y lo segundo es una megatendencia de la sociedad actual, donde se mezcla un totum revolutum de cosas, unas buenas y honestas, pero otras objeto de suculentos negocios orientados para gente sencilla, que están en riesgo de perderse en un sincretismo filosófico religioso que puede desembocar en situaciones desagradables.
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