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sábado, 21 de diciembre de 2013

185.- Solsticio de invierno



Solsticio de invierno en Stonehenge, Gran Bretaña

En todas las culturas, más o menos, el Solsticio de invierno es un acontecimiento muy especial, en la medida en el que el Sol supone el poder cósmico supremo, la fuerza vital que permite la vida.
Tal es su poder que algunas religiones lo equiparan con el Padre Universal.
Sobre esta base, el ciclo circadiano del día y la noche reproduce el ciclo vital del nacimiento (en el amanecer), la vida durante el día, la muerte en el anochecer al ponerse el Sol, y la noche como símbolo del más allá,
Según esto, el año como tal también marca este ciclo, nacimiento en el solsticio de invierno, el crecimiento durante el invierno, el esplendor de la vida en primavera y verano, el envejecimiento en otoño y la muerte en el solsticio de invierno de nuevo, para de nuevo volver a renacer.
El invierno, que sobreviene tras el solsticio es una época muy dura por lo extremo del clima, donde la tierra parece que está muerta, pero las semillas ya están plantadas. Es como un embarazo doloroso, en el que la vida, oculta debajo de la nieve, empieza a germinar, para eclosionar con dolores de parto en la primavera.
El ciclo vital es el mismo siempre, en todas las culturas, y hoy, es un día que marca el comienzo de todo… otra vez.
Que los acontecimientos de Belén de Judá no sucedieron un 24 de Diciembre, es un hecho prácticamente comprobado; es más si la hipótesis de Kepler respecto de la estrella de Belén es correcta como la conjunción de Júpiter y Saturno en la constelación de Piscis, lo más probable es que Jesús naciera en algún momento del mes de octubre del año 7 antes de Cristo. Pero dejando el pragmatismo científico a un lado, y comprendiendo por qué la tradición cristiana fija  la Navidad donde desde el punto de vista religioso es más significativo, la fecha del 20 al 24 de Diciembre es totalmente lógica, primero para aprovechar las tradiciones religiosas previas en los pueblos a cristianizar, que veían al Sol como ser supremo (cambiar el Sol por Jesús), y segundo porque el significado del hecho astronómico del solsticio tiene mucho más valor religioso que cualquier día de un mes de octubre, y todos sabemos que las tradiciones religiosas en lo que hechos históricos reflejan, no tienen el valor histórico que se le quiere dar, sino un valor simbólico.
Y esto es lo que simboliza la Navidad, el renacimiento de la Vida, la Nueva Vida, una Nueva Edad para el ser humano.
Así que si diariamente durante el día nuestro yo pequeño (Pocoyó), hace y deshace, y se cree el rey del mambo, al dormir se produce cada día nuestra pequeña muerte, en la que nuestro Pocoyó descansa, deja de estorbar, y en nuestro sueño profundo, permite que nuestro Ser se haga uno con el Todo. En el sueño profundo permanecemos unidos a Dios durante unos minutos.
Luego por la mañana, el correspondiente chute de cortisol, espabila a nuestro pequeño yo dormido y lo activa para que vuelva a enredar dedicándose a sus asuntos, como es el comer, el trabajar, y ver el partido de liga o champions que corresponda.
Pero voy a fijarme por un momento en lo que sucede durante la noche. La noche diaria es como el invierno de la vida. Todo cesa, todo es oscuridad, todo parece como muerto. Nuestra consciencia está apagada, y sin embargo lo que en realidad sucede es que en nuestra más  profunda intimidad, nuestra auténtica identidad está tranquilamente unida a la Divina Realidad. Se repite algo así, cada noche, como el proceso de crisálida del gusano de seda.
Este proceso, que visto desde la fisiología está lleno de complejidad neuro eléctrica, desde lo sutil está lleno de poesía, de encuentro íntimo con la Consciencia. En ambos casos al sueño se le atribuye un proceso de descanso.
Pero hasta la palabra descanso tiene un significado físico de recuperar fuerzas debido al trajín de la vida diaria.
Sin embargo, en el ámbito de la vida sutil, es más adecuado denominar al descanso físico, como el reposo del alma, la quietud, el abandono del alma entre las azucenas de Dios.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado.  
(Última estrofa de la Noche Oscura de San Juan de la Cruz)
Cuando amanece cada día, además de haberse producido un descanso físico, deberíamos de tomar conciencia de que lo auténticamente importante  que ha sucedido ha sido el reposo del alma, el abandono entre los brazos del amado. El único problema es que Pocoyó, nuestro yo pequeño (lo que creemos ser), va a su puta bola y no se da cuenta de este proceso. Para él lo único que importa es el descanso físico para poder, al día siguiente, seguir trajinando en “lo suyo”.
Trasladando esto al ciclo anual, el solsticio de invierno es el paso de la vigilia al sueño, y el invierno es lo que sucede durante la noche del alma. En realidad es de nuevo, el nacimiento del Sol tras haber caído a lo más profundo de nuestras envejecidas simas.
La tradición cristiana representa todo esto en la evocación anual de los acontecimientos de Belén de Judá.
Pero todo esto ha caído en el olvido gracias al gordo de la Coca Cola, que vestido de rojo convierte estas fechas en una mera campaña comercial, gracias a la cual, y dicho sea de paso, muchos pequeños y medianos comercios logran evitar la quiebra de sus negocios.
Así que lo del espíritu santaclausiano de navidad, no es tampoco tan malo.
Todo en sus justos términos.
Pero como lo que pretendo es una reflexión del sentido de la Navidad, más allá de la preceptiva felicitación, os motivo a que en estas fechas meditemos sobre hasta qué punto somos conscientes de que lo realmente importante es tomar conciencia de lo que todos los días se produce en nuestras vidas, cuando nos acostamos y nos rendimos al repodo nocturno, es un intento de dejar que la Luz que nace y viene de lo Alto, se derrame en nuestras vidas.
Esto es lo que la tradición cristiana fija como los hechos acontecidos en Belén de Judá, pero que en realidad Dios intenta que se realice todos los días, y que nosotros, no sólo los cristianos sino todos los santos de Dios, conmemoramos todos los años, con permito del gordito simpático y sus sponsors.
Feliz Navidad, feliz solsticio de invierno, y feliz nueva invitación a vivir un año más.

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