Bienvenida

Hola, amig@.
Este es un blog dedicado a los caminos del ser humano hacia Dios. Soy cristiano, pero no pretendo dar una visión exclusivamente cristiana de estos temas.
Tampoco, y esto es muy importante, deseo que nadie tome lo que escribo como temas doctrinales. No imparto cátedra, líbreme Dios de algo que sólo está adjudicado a los sabios doctores con autoridad para impartir doctrina.
Lo mío es mi experiencia de vida y pensamiento, y lógicamente, puedo estar equivocado.
Dicho esto, y sin intención de cambiarle los esquemas a nadie, la pregunta que debes hacerte si quieres encontrar algo interesante en este blog es la siguiente:
"Si tengo y siento a Dios en mi vida, lo demás carece de importancia"
"Si no tengo o no experimento a Dios en mi vida, lo demás carece de importancia"
Si esta declaración va contigo, entonces, bienvenido seas.
Si no te dice nada, échale no obstante un vistazo; mal no creo que te haga, aunque sí puede que te haga rascarte la cabeza y plantearte cuestiones acaso "religiosamente incorrectas". Sobre todo ve a la entrada 19.- sitúate en el umbral
En cualquier caso, que la Paz esté contigo.
El título de blog "Todos los santos de Dios", afirma un convencimiento personal de que "todos los santos de Dios son todas aquellas personas de buena voluntad y sincero corazón, para los que Dios tiene sentido en su vida, aunque sean pecadores, aunque caigan una y otra vez, aunque incluso sean "ovejas perdidas de Dios", pero sienten algo dentro de sí que no saben lo que es, pero buscan el Camino de Regreso a Casa, con independencia de raza, nación y religión que pudieran profesar. Incluso aunque digan no creer. Si aman, y creen en la verdad, con todos sus defectos, forman la gran comunidad de Todos los Santos de Dios. Una Comunidad para los que Jesús de Nazareth vivió, murió y resucitó, aunque ni lo sepan, e incluso, ni lo crean.
Ya empezamos mal, desde el punto de vista doctrinal católico, pero no creo que esto a Dios le importe demasiado.

Si es la primera vez que entras, abre primero de todo la página "¿Quienes somos?, creo que te sorprenderás.
Luego consulta la página "Presentación del blog"
Y para navegar por las entradas de la página principal, vete mejos a la página "Índice", porque así encontrarás las entradas por orden de incorporación al blog.

Si, por otro lado, te interesa el pensamiento sistémico, te invito a que pases también a ver mi nuevo blog "HORIZONTE TEMPORAL", una visión sistémica del mundo para imaginar algo más allá de lo que pueden percibir nuestros sentidos.
Va de temas de aquí abajo, y de cómo plantearnos una forma holística de comprender los problemas que nos abruman en este mundo.

Correspondencia: alfonsoypaloma@gmail.com

lunes, 4 de abril de 2011

88.- Modelos de realidad



Esto es un fractal tridimensional, fruto de un modelo fractal de simulación 3D por ordenador. Pero también es la imagen real del romanescu (Brassica oleracea), un híbrido de brécol y coliflor de la familia de las brasicáceas. Se suele ver en las fruterías junto con la coliflor, las coles y demás verduras.

¿Gráfico generado por ordenador o foto de la frutería del mercado de mi casa?

Ref: http://www.gran-angular.net/fractales-y-series-de-fibonacci-en-la-naturaleza/2008/09/11/

Lo real

El deseo de ver, de agarrar la verdad con las manos, con la mente; el deseo de seguridad, de saber que pisamos tierra firme, que lo que vemos y oímos es lo que está ahí afuera de nosotros, es tan obsesivo, que nuestro apego a la verdad nos obliga en ocasiones a llegar al fanatismo de la “convicción absoluta”.


Recuerdo un compañero de facultad, que era del Opus Dei. Era imposible discutir con él; no había forma de que aceptara que acaso ellos, algunas veces también se podían equivocar, y que su forma de ver la vida, la fe, la doctrina, etc… era tan sólo una de las muchas que podría haber, de los muchos carismas que podría haber en la Iglesia. Ellos tenían la verdad total, eran la mejor de las elecciones para seguir a Cristo, y punto. A mí, que me ofrecieron entrar en la Obra, al negarme, me advirtieron que “todo aquel que era invitado a entrar en el Opus Dei y rechazaba el ofrecimiento, estaba (palabras textuales, dichas mientras yo bajaba las escaleras de su sede en Diego de León en Madrid, con la intención de jamás volver a pisar aquel lugar), “en grave riesgo de condenación”.


Así las cosas, comprendí a mis diecinueve años aquella frase que dice que el que no puede pensar es discapacitado mental, el que no sabe pensar es un ignorante, pero el que no quiere pensar es un fanático, es rigurosamente cierta, y que ese fanatismo es más peligroso que la propia mentira en la búsqueda de la verdad.

Modelos de realidad

Más allá de nuestras convicciones, de nuestras creencias, de nuestras “evicencias” sobre lo que creemos es el mundo real, si hay algo cierto en esta ceremonia de la confusión que parece ser este mundo, es que “lo que sea la realidad” (o lo que creemos que es la realidad, lo real), está ahí afuera de nosotros, está fuera de mi, de “yo”, de modo que el mundo que supongo está fuera de mi es tan sólo el conjunto de modelos que mi mente ha venido elaborando desde que abrí mis ojos a este mundo, a penas después de nacer, a partir de lo que mis sentidos han percibido, mi capacidad de pensar y mi memoria han sido capaces de asociar y de construir bajo las formas de modelos mentales.


Todo lo que sabemos sobre “lo real” son modelos de realidad, construidos bien por nosotros mismos, bien por los que nos han precedido y con los que se nos ha educado. Como digimos en entradas anteriores, no hay otra forma de percibir el mundo y de hacernos una idea sobre cómo es, que mediante la “percepción sensorial” y la elaboración de modelos que nos permitan decir que “las cosas son como si…”.


El problema estriba en que nuestra capacidad “a ojo desnudo” de percibir es tan limitada que solamente gracias a los inventos de aparatos de detección en extremos del espectro electromagnético, óptica, sonido y capacidad de cálculo, hemos sido capaces de incrementar nuestra percepción del Universo macro y micro en 42 potencias de diez, desde las partículas subatómicas hasta los confines del Universo a veintemil millones de años luz (millón más, millón menos).


Pero si más allá de lo que se acepta consensuadamente por la comunidad científica que es el mundo real, nos introducimos en el resbaloso mundo de lo exotérico, de lo paranormal, de lo “extrasensorial”, entonces allí se rompe la baraja del consenso científico, y estallan guerras entre creyentes y no creyentes en todas esas cosas. Realmente existe un mercado para todo, pues todo mueve dinero. Y lo parapsicológico no es de las cosas menos lucrativas. Hay un supermercado brutal montado en torno a lo sutil, parapsicológico, extrasensorial, etc.


Así que la oferta puede satisfacer a cualquier perfil consumidor. Existe un lucrativo mercado mundano, otro lucrativo mercado religioso y un no menos lucrativo mercado exotérico – paranormal – extrasensorial – neoerista (o como demonios se le quiera denominar).


Y todos contentos, en un país (o un mundo occidental) donde hay libertad de cultos, opiniones y de creencias (se supone).


Cada cual que se sienta a gusto en su tribu mundana, religiosa o neoerista. Hay para todos.


Pero la pregunta sigue estando sin respuesta. ¿Lo que hay ahí fuera es real? ¿Es verdad?


El mundo, lo creado (si es que lo ha sido) es tan extraño, tan misterioso, tan resbaladizo, que cuanto más pretendemos saber sobre el, más se aleja de nosotros la “certeza” de saber algo con absoluta seguridad.


Vivimos inmersos (y cada vez más) en un mundo incierto. Una de las mejores definiciones que creo se podría dar a la “inteligencia” es la que “parimos” un buen compañero de trabajo (Félix Moliner) y yo hace algunos años: …


“La inteligencia es la capacidad de saber gestionar la incertidumbre”.


“Entre comillas” no la he encontrado en la web, así que aunque no le hemos puesto copyright, ahí la dejo para quien quiera reflexionar sobre ella. Y si alguien conoce si antes de nosotros la ha parido alguien, “please” que me lo haga saber.


Para complicarnos la existencia aún más, se nos ha educado, además, bajo un criterio totalmente falso. Lo sagrado está en el templo. Para relacionarnos con Dios hay que acudir al templo, hay que visitar el Sagrario. Lo profano, lo mundano está fuera del templo; es el resto del mundo. Nuestra vida se parte así en una falsa dualidad, por una parte nuestras actividades mundanas (la vida de todos los días, “el más acá”), y por otra, nuestras actividades religiosas, (los ritos y liturgias dirigidas por los curas, “el más allá”). Y entre medias, el mandato de no putear demasiado a la gente, para no merecer el “mármol del infierno” de los musulmanes o el fuego eterno de los cristianos.


Afortunadamente, parece que con eso de la New Age (que ya parece estar algo trasnochada) y con la entrada en la Era de Acuario, y el súbito interés mediático por la Teoría de cuerdas, parece como si lo físico (mundano) y lo espiritual (o religioso) se estuvieran aproximando tímidamente.


La razón estriba en un hecho que está empezando a poner muy nerviosos nada menos que a los físicos (en realidad llevan un siglo preocupados). Lo absolutamente tangible, lo más positivo, material que nos podríamos imaginar, se nos está escapando de entre los dedos de las manos de nuestra inteligencia. Ya lo he apuntado en las entradas 83.- El elogio de la esperanza, 86.- ¿Qué es la verdad? Y 87.- El deseo de ver.


El problema reside en Wu Li

Estoy leyendo un libro, de los que nos recomendó Fidel Delgado cuando viví uno de sus seminarios, en Diciembre de 2008.


Se trata de “La danza de los maestros de Wu Li”, un libro de Gary Zukav, sobre Física moderna, escrito en clave Maestro Po que enseña al pequeño saltamontes, o algo así.


Está siendo de esos libros que intuyes, te puede conmocionar, por lo sorprendente de su mensaje. Aunque va en la línea del clásico de Fritjof Capra “El tao de la Física”.


Al tratar de Física, en realidad está hablando sobre “todo lo que existe”, sobre lo que pueden percibir nuestros sentidos, y de lo que nos forjamos en el devenir de la Historia nuestros propios modelos mentales que nos permiten hacernos una idea, más o menos aproximada de lo que hay “ahí fuera”.


Pues esta es la cuestión. Durante toda mi vida, mi visión del mundo ha sido justamente esta, yo aquí, en mi interior, confinado a mi cuerpo y a mi mente, y el mundo ahí afuera, del que me separa una invisible barrera, eso sí, más o menos transparente, a través de la cual, puedo captar información de lo que hay detrás de ella, y así, poder elaborar mis propias componendas. Si echamos mano del potentísimo método de análisis sistémico, podremos construirnos una visión del mundo más o menos apañada.

(Pido perdón de antemano, si aburro hasta a las vacas con lo que viene a continuación, que es una sencilla referencia del libro de Gary Zukav, dado que explica algo en detalle el fascinante proceso de descubrimiento de la teoría cuántica y la "declaración de Copenhagen", pero creo que merece la pena, aunque resulte algo pesado. )


Esto lo resume Einstein en su metáfora del reloj, donde explica que para el físico, La realidad es como un reloj, del que vemos la esfera con sus manecillas, separada de nosotros por el cristal. Al ver cómo se comportan las manecillas, marcando el paso de las horas y de los minutos, el físico trata de imaginar cómo será el mecanismo que, detrás de la esfera, hace posible que las manecillas se comporte de esa determinada manera. Da igual que corresponda nuestro modelo con la realidad; si explica el comportamiento de las manecillas, se da por bueno.
Gary Zukav, que para nada es físico, se ha atrevido a escribir sobre estas cuestiones, vislumbrando cómo la Física moderna está evolucionando hacia fronteras insospechadas hasta ahora por el ser humano. Está pasando del determinismo absoluto de la Física de Newton, la que permite que el módulo lunar se pose en un punto exacto de la Luna, a la incertidumbre de las probabilidades de la Física estocástica, en la que se fundamente filosóficamente la mecánica cuántica. Está pasando de lo cierto a lo probable, y con ello, uno sospecha si no estaremos pasando insensiblemente de la Ciencia a la Ciencia ficción, pero una Ciencia ficción que parece explicar el extraño mundo de lo subatómico y lo astronómico. Eso es lo apasionante, que la Física de Alicia en el país de las maravillas sea realmente cierta y no un ensoñación.


Es la Física de los maestros, los auténticos científicos, los que a riesgo de su propio cuello ante la comunidad científica, se atreven a plantear ideas descabelladas, pero que explican comportamientos de la materia, igualmente descabellados. De estos ha habido y hay muy pocos, Galileo, Newton, Einstein, Bhor, Plank, y unos cuantos más. El resto son técnicos que toman las ideas de los maestros y las ordeñan hasta dejarlas secas; eso además de hacer posible el desarrollo de la tecnología y de la ingeniería.


Otra de las ideas que plasma Zukav en su libro es lo que dice Einstein, que la mayor parte de las ideas fundamentales de la Ciencia en general, y de la Física en particular, son esencialmente sencillas, y por regla general pueden ser expresadas en un lenguaje sencillo. A lo que Heisenberg abunda afirmando que si esto es posible, entonces, lo más probable es que la teoría sea cierta. Es lo de la navaja de Occam.


Lo de Wu Li es un término curioso. En Chino significa varias cosas, según su entonación. 1.- Modelos de energía orgánica. 2.- Mi senda, 3.- Insensatez. 4.- Me aferro a mis ideas. 5.- Iluminación y 6.- Física.


Así que el libro va de eso, de descubrir los múltiples significados que un idiograma chino puede tener, porque en todos los casos representa “todo lo que existe”, tanto si lo vemos como tangible, como si se nos escapa de las manos, lo que está empezando a ocurrir, y esto a riesgo de llevarnos a horizontes inimaginables, donde la Ciencia y la Filosofía se están empezando finalmente a dar la mano, para, prácticamente convertirse en una misma cosa.


La Matemática no es sino un lenguaje para entendernos.


Quantum

En general, el método científico funciona de este modo: un científico plantea una hipótesis, una declaración que dice “el reloj que hay detrás de las manecillas, funciona como si…” Y expone un modelo de engranajes y cuerdas, que mediante experimentos sucesivos, consigue (o no), explicar el paso de los minutos y de las horas. Entonces, la hipótesis se convierte en tesis. Pero una tesis, que fundamenta una teoría, no es un caso cerrado, ya no hay más que hablar. No estamos ante una ley eterna e inmutable, sino ante una explicación plausible que nos permite comprender con un modelo bien elaborado y que parece funcionar bien, el sistema que hay detrás de la esfera del reloj, y que nosotros jamás podremos descubrir. Si con el paso del tiempo, viene otro maestro de Wu Li que consigue mejorar el modelo, la teoría vieja quedará sustituida por la nueva. Todo está bien. Y así avanza la Ciencia.


Con la Física de Newton ha ocurrido algo muy particular. Las teorías expuesta en los “Principia mathematica”, a día de hoy son correctas, conociendo la masa, la dirección y la velocidad de un móvil, podemos predecir con una precisión aplastante, cuál será su posición en el espacio tanto en el futuro, como en el pasado. Esto permite los viajes espaciales, y el conocimiento exacto de la posición de los planetas y de las estrellas, desde el pasado remoto hasta el futuro profundo, además de ser los cimientos de la ingeniería que disfrutamos en la actualidad. Luego, nada que objetar. De hecho, las imprecisiones de tan fantástico determinismo, Einstein las consideraba como efecto de las denominadas “variables ocultas”. Esto en sistémica está muy claro. En los sistemas reales, concurren multitud de variables y parámetros, cientos, quizás miles, de los cuales, la mente del científico extrae un conjunto muy reducido de ellas con las que lograr formalizar un modelo matemático que nos permita describir, explicar y predecir el sistema real. Cuanto más converja el modelo con los datos reales, mayor peso tendrán las variables escogidas, dentro del conjunto de variables involucradas. Si tres variables, por ejemplo, temperatura, presión y volumen, pueden explicar el comportamiento de un gas, y además con una acuracidad del 99,9%, que existan en el sistema trescientas variables más, responsables de la incertidumbre que genera ese 0,1%, no parece ser demasiado importante, dependiendo de las exigencias que se impongan al modelo.


Pues con la Física de Newton, sólo podemos tener palabras de agradecimiento, porque gracias a ella, tenemos luz eléctrica, satélites artificiales con los que poder ver la final de la Champions y saber qué tiempo va a hacer mañana.
Sin embargo, cuando se pretende aplicar los axiomas de Newton a lo muy pequeño, a lo atómico, o a lo muy grande, al Universo macrocósmico, hay algo que no funciona bien. Es decir, parece que la Física de Newton tiene unos márgenes de seguridad, que es lo que están dentro de 10-10 y 1010 metros es decir, dentro de las 20 potencias de diez en la que se mueve nuestro pequeño mundo. Por debajo de 10-10 metros y de 1010 metros, por poner unos márgenes aproximados, Newton parece que no funciona. Es decir, no es que la teoría sea errónea, sino que sirve sólo en determinados escenarios del Universo. En lo atómico y subatómico, o en lo macrocósmico, parece que se enfrenta a situaciones y comportamientos de la materia, que no puede explicar.


Algo barruntaba Newton de lo que podía pasar con sus leyes, al no saber explicar cómo una manzana cae al suelo si se desprende del árbol.


“No he sido capaz de descubrir las causas de estas propiedades de la gravedad basándome en sus fenómenos, y no he sacado ninguna hipótesis… Me basta con decir que la gravedad existe realmente y actúa acorde con las leyes que hemos explicado (directamente proporcional al producto de las masas, e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia). Y además, sirve para explicar todos los movimientos de los cuerpos celestes.”
Newton. Philosophiae Naturalis Principia Mathemathica”


Ante lo incómodo de la situación, y para explicar lo inexplicable, los físicos acudieron a aquello de la “acción a distancia”.


Y, mira que bien, olvidándonos de aquel enojoso asunto, la Física progresó con mentalidad mecanicista, hasta hacernos creer que “todo está escrito y determinado”. Incluso el ser humano no deja de ser otra cosa que un autómata, del que el Creador tiene todos sus pasos (y sus cabellos, como dice Cristo), contados. Acaso seamos simples marionetas.


Sin embargo, la gravedad no explicada ha dejado un regusto de amargura, que se incrementó cuando los físicos se enfrentaron ante otro espinoso problema, la naturaleza de la luz.


En la mayoría de las teorías hasta el siglo XVIII, la luz se consideraba formada por partículas. El hecho de que los modelos de partículas no pudieran explicar fenómenos como la difracción, la refracción o la birrefringencia de la luz, hizo que René Descartes en 1637, Robert Hooke en 1665, y Christian Huygens en 1678, propusieran teorías ondulatorias para la luz; sin embargo, los modelos de partículas permanecieron vigentes, principalmente debido a la influencia de Isaac Newton.


En 1803, Thomas Young estableció por primera vez la naturaleza ondulatoria de la luz. Hizo pasar un rayo de luz a través de dos rendijas paralelas sobre una pantalla generando un patrón de bandas claras y oscuras demostrando que la luz es una onda.


Heinrich Heinz describió el efecto fotoeléctrico en 1887 al observar que el arco que salta entre dos electrodos conectados a alta tensión alcanza distancias mayores cuando se ilumina con luz ultravioleta que cuando se deja en la oscuridad. Volvemos a lo de siempre, describió un fenómeno del que él no podía encontrar una explicación.


Así pues, Thomas Young y August Fresnel demostraron con claridad que los fenómenos de interferencia y difracción se daban también para la luz, y para 1850 los modelos ondulatorios habían sido generalmente aceptados. En 1865, las predicciones de Maxwell sobre la naturaleza de la luz como onda electromagnética, que serían posteriormente confirmadas experimentalmente por Heinrich Hertz en 1888, parecieron significar el final del modelo de partículas.
Sin embargo, la teoría ondulatoria de Maxwell no explicaba todas las propiedades de la luz. Predecía que la energía de una onda luminosa dependía solamente de su intensidad, no de su frecuencia, pero diversos experimentos demostraron que la energía aportada por la luz a los átomos dependía sólo de su frecuencia, y no de su intensidad. Por ejemplo, algunas reacciones químicas eran provocadas únicamente por luz con una frecuencia mayor que un valor determinado; si la frecuencia no alcanzaba dicho valor, la reacción no se producía, independientemente de la intensidad que tuviera la luz. De forma similar, se podían extraer electrones de una placa metálica iluminándola con radiación de una frecuencia suficientemente alta (efecto fotoeléctrico), y la energía con la que los electrones abandonaban la placa era función únicamente de la frecuencia de la luz incidente, y no de su intensidad.


Al mismo tiempo, las investigaciones realizadas a lo largo de cuatro décadas (1860-1900) por varios investigadores sobre la radiación de un cuerpo negro, culminaron con la hipótesis de Max Planck, que proponía que la energía de cualquier sistema que absorbe o emite radiación electromagnética de frecuencia “nu”, era un número entero de veces la energía de un cuanto:
E = hv.


Como demostró Albert Einstein, debía aceptarse alguna forma de cuantización de la energía para explicar el equilibrio térmico observado entre la materia y la radiación electromagnética. Por esta explicación del efecto fotoeléctrico, Einstein recibió el Premio Nobel de física en 1921.


Puesto que la teoría de Maxwell permitía todas las posibles energías de radiación electromagnética, la mayoría de los físicos asumieron inicialmente que la cuantización de la energía era el resultado de alguna restricción desconocida sobre la materia que absorbía o emitía la radiación. En 1905, Einstein fue el primero en proponer que la cuantización de la energía era una propiedad intrínseca de la radiación electromagnética. Aunque aceptaba la validez de la teoría de Maxwell, Einstein apuntó que las anomalías observadas en muchos experimentos podían explicarse si la energía de una onda de luz maxweliana estuviera localizada en unos puntos cuánticos que se movieran independientemente unos de otros, incluso aunque la onda se difundiera de forma continua por el espacio. En 1909 y 1916 Einstein demostró que si era aceptada la teoría de Planck sobre la radiación de los cuerpos negros, los cuantos de energía tenían también que poseer momento lineal p = h /lambda, con lo que los convertía en partículas en todo el sentido de la palabra.


Sin entrar en más detalles, que se pueden encontrar en el libro de los maestros de Wu Li, y con este repaso de cómo se resolvió la naturaleza de la luz, de una forma bastante ambidiestra, pues la Física no tuvo más remedio que introducirse en un terreno bastante resbaladizo, un terreno donde la tierra comienza a moverse bajo nuestros pies, donde los Físicos comienzan a encontrarse en un dilema, experimentos que por una parte aportan datos reales que atentan contra el sano juicio, por incomprensibles e inexplicables, y explicaciones que obligan a plantearse realidades más propias del mundo de la fantasía que del mundo tradicionalmente conocido o asumido como “real”.


Con la mecánica cuántica, rama de la Física a la que la comunidad científica se vio abocada a entrar, pasamos de un mundo determinable a la de un mundo donde las cosas no existen, sino que “tienden a existir”, dentro de una razonable probabilidad.


Plank, Einstein, Bhor, Heisenberg y los demás, casi que se aproximaban a la comunidad científica con más miedo que vergüenza ante lo que se veían obligados a explicar. Pero la sangre no llegó al río, y la comunidad les premió con sucesivos Premiso Nobel.


De la certeza a la probabilidad

La física de Newton afirma que “si se dan unas determinadas circunstancias ahora, va a suceder esto, después esto otro, y ha ocurrido aquello”. La mecánica cuántica dice “si se dan unas determinadas circunstancias ahora, es probable que suceda esto, después esto otro y pudo haber sucedido esto otro antes”.


Nunca se puede conocer con certeza lo que le va a suceder a una determinada partícula. No podemos conocer todos los parámetros a la vez con total exactitud.
Newton era un hombre religioso, y veía en la exactitud de sus leyes el poder de Dios. Ahora, que la mecánica cuántica nos ha desposeído de esa exactitud y nos sitúa en el terreno exclusivamente de lo probable, ¿dónde queda el poder de Dios?


O acaso es todo un problema de cantidades.


Como dice Schrodinger en su libro ¿Qué es la vida?, a la Física se la ha tomado de siempre como el paradigma de lo exacto, lo determinista, lo que está fuera de todo error. Ello provoca una sana envidia en los biólogos, los cuales trabajan con una clase de materia que tiene un comportamiento extremadamente variable. Sin embargo, nada más lejos de considerar la Física como exacta. Los fenómenos físicos también son estadísticos.


Sin embargo, la Física juega con dos grandes ventajas, la Ley de los grandes números, y la uniformidad de los sistemas. La precisión de la Física y de la Química se basa en la descomunal cantidad de elementos que intervienen en los fenómenos. A efectos prácticos, los elementos constitutivos de los sistemas físicos son las partículas subatómicas, los átomos y las moléculas. En cualquier caso hablamos de miles de millones de elementos como poco. Por otra parte, los sistemas físicos se fundamentan en materia inerte con una organización bastante simple: gases, líquidos, sólidos, que como mucho alcanzan la complejidad de los cristales. Ambos factores unidos le permiten al físico trabajar con la cómoda tranquilidad de la exactitud casi absoluta, que viene determinada por la regla de la raíz de n.


El grado de inexactitud de cualquier ley física es inversamente proporcional a la raíz cuadrada del número de elementos que intervienen en el fenómeno. Como ejemplo sencillo, si en el gas anteriormente citado, en el recipiente existiesen sólo 100 moléculas, 1/raíz de “n” da la cifra de 0.1, esto es, un 10% de error en la medición. Si trabajásemos con un millón de moléculas, el error sería de 0.01 (0.1%). Si en el recipiente hubiera cien millones de moléculas, cifra casi ridícula, el error sería de 0.00001 (0.0001%). Siendo el número normal de moléculas en un recipiente del tamaño de un vaso alrededor de 1020, con razón el físico puede permitirse el lujo de presumir de exactitud en sus afirmaciones.


Se puede resumir, pues, diciendo que en Física, la regularidad es siempre promediada y macroscópica. Al descender a niveles microscópicos siempre se encuentra desorden e irregularidad, lo cual obliga al tratamiento estadístico de dichos fenómenos. Y todo esto, sin entrar en los fenómenos cuánticos, donde la naturaleza estadística se dispara.


La formulación de Copenhague

Pero para los físicos cuánticos la siguiente pregunta no es una rayada filosófica.
“¿Existía una determinada partícula antes de que nosotros pensáramos en ella?”


Esto es una posibilidad admitida por los físicos. Y planteado de otra forma…
“Al Universo ¿le atrae de alguna manera a la existencia la participación de los participantes? El acto vital es el acto de participar. El participador, es un agente esencial en la mecánica cuántica. El participador deja de ser mero observador, protegido detrás del grueso cristal de sus instrumentos de medida, como en la Física de Newton. Ahora el observador realmente es un actor del experimento, a tal punto que el simple hecho de realizarlo, hace que lo observado sea modificado por él.”


La Física, con este enfoque, está dejando de ser tangible, para resbalarse sutilmente al mundo de lo sutil, de lo casi intangible. Así que el idioma de la Física comienza a ser un lenguaje místico, como el de los místicos orientales, y por qué no, occidentales (si se liberasen de las restricciones impuestas por las religiones).


La Física de Newton se basa en leyes inmutables. La Física cuántica se basa en probabilidades, y por ello, en un conocimiento mínimo, sutil.
La Física clásica acepta un mundo fuera de nosotros, del que nosotros obtenemos información para construir modelos de realidad. Esto funciona en el mundo cotidiano, y la verdad es que francamente bien. Pero la Física cuántica, nos introduce en el escenario, de modo que nuestros modelos se integran al mundo real.


La Física clásica funciona con independencia de los observadores que construyen modelos sobre el mundo. De modo que si desde un campanario se tira dos piedras de diferente peso, ambas caerán al suelo en el mismo momento. Pero sucede lo mismo si tiramos a dos personas, una delgada y otra obesa. Para la Física de Galileo y Newton, sucede lo mismo, da igual piedras que personas. Pero en el fondo hay un pequeño matiz. Las piedras no experimentan ningún sentimiento. Los humanos en esa situación sentirían pánico. ¿Los sentimientos no participan en el fenómeno? Para Newton, no. Porque para la Física clásica, el mundo es una cosa que está fuera de mí, y “yo” soy otra cosa, separada del mundo por una tenue barrera, aunque mi cuerpo sí participa del mundo real, y de qué modo. Casi “yo” y mi cuerpo físico somos cosas distintas…


Esto conduce a lo que se denomina “objetividad absoluta”. Yo, que estoy fuera del mundo, no prejuzgo nada, me limito a observar para comprender cómo funcionan las manillas del reloj, de las que me separan la esfera de cristal.
La Física cuántica, dice lo contrario, que no es posible observar la realidad sin cambiarla.


Dice Carl Jung: “Cuando lo individual permanece intacto, individido y no adquiere consciencia de su contradicción interna, el mundo tiene que eliminar forzosamente el conflicto que se desgarra en dos mitades opuestas”


Y dice Pauli: “Desde un centro interno, la psique parece moverse hacia fuera, en el sentido de la extroversión, hacia el mundo físico”


Si ambos están en lo cierto, entonces, la Física es el estudio de la estructura de consciencia.


Yo estoy acostumbrado a ver con mis ojos. Pero mis ojos ven lo que pueden ver, y comprender lo que pueden comprender. Las cosas raras de la que hablan los físicos cuánticos suceden a un nivel microscópico, atómico y subatómico.
Si quisiéramos ver los átomos de una pelota de tenis, esta debería ser de grande como la Tierra, para nosotros ver los átomos del tamaño de las uvas.
Si quisiéramos ver a simple vista el núcleo de un átomo, la uva se debería convertir en un edificio de catorce pisos, o como la basílica de San Pedro. Veríamos entonces el núcleo como un grano de sal o una mosca minúscula.
La pelota de tenis adquiriría el tamaño ¿del Sol?


En el terreno de lo subatómico, la Física de newton no funciona. Es cuando necesitamos introducirnos en la Física de los cuantos.


Llegados a este punto, nos queda las partículas subatómicas, que ya ni siquiera se pueden considerar cosas. Son simplemente “una tendencia a existir”, y la fuerza de esa tendencia se expresa en términos de probabilidad. Llamar a una partícula subatómica un “cuanto” es sólo una expresión para entendernos. Puede que con ello, la forma última de la materia no sea sino una pura especulación, o bien, literalmente nada.


El carácter estadístico de la mecánica cuántica nos habla de probabilidades, del comportamiento del grupo, pero no nos puede decir nada del comportamiento de una individualidad, salvo la probabilidad de que haga esto o aquello.
¿Qué es lo que describe la mecánica cuántica?


En Octubre de 1927, se celebró en Bruselas la V reunión de Solvay. Se considera esta reunión la concentración de sabios más numerosa de la historia. Diecisiete premios Nóbel, y uno de ellos, la única mujer, Marie Curie, con dos premios, el de Física y el de Química.


En esa reunión, se produjo una famosa discusión entre Niels Bohr y Albert Einstein. Parece ser que ganó el danés Bohr, porque esta reunión se conoce como la “Interpretación de Copenhague” de la mecánica cuántica, dejando comprometida para siempre la inadecuación de la Física clásica de Newton, para interpretar el mundo, por no poder aplicarse para comprender los fenómenos subatómicos. La cuestión dejaba un vacío conceptual que necesariamente planteaba el cómo la mecánica cuántica lograría ocupar el vacío dejado por la Física de Newton.



La formulación de Solvay 27, coronaba la cuántica como sucesora. Einstein se opuso a ella hasta su muerte, aunque con el tiempo tuvo que reconocer su validez.


La formulación de Copenhague dice más o menos lo siguiente:


“No importa a qué se refiere la mecánica cuántica; lo importante es que funciona”


Con esta declaración, lo racional comenzaba a mezclarse con lo irracional.
La Física convencional se basaba en el convencimiento de que existe una verdad absoluta ahí afuera. Aunque nunca podremos conocer totalmente la maquinaria del reloj.


La interpretación de Copenhague elimina la correspondencia uno a uno entre verdad y teoría. La mecánica cuántica no puede afirmar nada sobre individuos; tan sólo puede estimar en términos de probabilidad el comportamiento de grupos.


El pragmatismo afirma que la mente sólo puede considerar sus ideas sobre la realidad, pero nunca la realidad en sí. La interpretación de Copenhague asume este principio, al forzar a sus miembros a reconocer que un completo conocimiento de la realidad es algo que está por encima de la capacidad de todo pensamiento racional. Esto Einstein no lo podía aceptar. Como tampoco podía aceptar el carácter exclusivamente estadístico de las afirmaciones de la nueva Física, con su famoso “Dios no juega a los dados”.


Así que la nueva Física no se basa en el conocimiento de la verdad absoluta, sino en el conocimiento de nosotros mismos. Esto obliga incluso a comprender con qué parte de nuestro cerebro podemos pensar, si con la izquierda (racional) o con la derecha (intuitiva). Copenhague demostró las limitaciones del hemisferio izquierdo, para declarar la necesidad de empezar a utilizar la intuición del derecho para complementar las deficiencias de una interpretación exclusivamente algorítmica y lineal de la realidad.


El imperio de lo estrictamente racional, relegó lo intuitivo al mundo de lo no científico, de las creencias, o a lo sumo, de la filosofía o incluso de la religión. Freud recuperó el inconsciente como algo que sí influye en nuestro comportamiento. Al tiempo Copenhague extrajo del olvido científico a la parte femenina del cerebro (considerando la masculina, la izquierda).


Así que, la próxima vez que algo nos impresione y nos cause ansiedad, dejemos que la sensación discurra libremente por nuestro interior, sin tratar de comprenderla. Nos daremos cuenta de que la comprenderemos de un modo que no podremos expresar con palabras; es decir, estaremos percibiendo la realidad con la intuición del hemisferio derecho.


Los maestros de Wu Li, perciben la realidad con ambos hemisferios, estableciendo entrambos una danza muy singular.

Entre el Reino de los Cielos y el de la Tierra


Así que nada menos que la Física, nos está situando a los humanos entre el Cielo y la Tierra, entre lo espiritual y lo material… Incluso ya se empieza a hablar entre los enterados de Occidente de Energía Universal, no sé si a propósito de la radiación cósmica de fondo o de otra cosa más etérea, o del Amor de Dios, que por cierto tiene cualidades curativas si se aplica al sistema de chakras del cuerpo sutil que tenemos los seres humanos. Esto me llevará a escribir una próxima entrada, porque resulta fascinante.


Y ¿por qué no podemos estar tratando de la misma cosa?


Lo espiritual y lo material como Una Sola Realidad y no como dos realidades aparentemente antagónicas.

Porque hay dos extremos sociales a los que no les interesa.


El primero de los extremos es el de los “materialistas a ultranza”, que ya no son los físicos, y creo yo que ni siquiera los ateos, sino “los cambistas”, los dueños del dinero, del poder absoluto sobre este mundo.


El segundo de los extremos es el de los “religiosos a ultranza”, los dueños de Dios, los que se hacen pasar por sus representantes, "los líderes religiosos" que ostentan el poder espiritual sobre las conciencias de los creyentes, de las gentes sencillas.


Casualmente ambos sectores sociales (mercaderes y fariseos de la época) fueron contra los que el Buen Jesús de Nazareth descargó toda su artillería. Entró a latigazos en el Templo para echar a los primeros, y calificó de raza de víboras y de sepulcros blanqueados a los segundos.

Cierto es que no se puede servir a dos señores. Pero es que resulta que lo único falso en todo esto es la creación personal de los seres humanos, "el dinero" y todo su contexto, lo que hace de este mundo un estercolero irrespirable. Eso no estaba previsto en la Creación; nos hemos metido en este barrizal nosotros solitos. 



Como no podía ser de otra forma, Jesús de Nazareth terminó crucificado.


Sin embargo, su muerte y el hecho de la resurrección dejó planteada la solución a esa falsa dualidad. Todo Es Él. Somos parte de Él. De Lo Que Es.


No hay distinción alguna entre lo aparentemente material y lo aparentemente espiritual. Todo es Uno. Todo es Consciencia y su manifestación.


Sat, chit, ananda; Amor, comprensión, bienaventuranza; Trinidad: Padre, Hijo, Espíritu Santo.


Pero para alcanzar a comprender (es un decir) este hecho, “Lo Que Es”, antes hemos de “dejar todo lo que tenemos, dárselo a los pobres y seguirle...”. Pero sobre todo, aceptar que no podremos tener nada dónde reclinar la cabeza.


Por eso los humanos preferimos vivir en el mundo de Matrix, para algarabía y regocijo de los cambistas y mercaderes por un lado, y de los líderes religiosos por otro.


Seguimos conformándonos con vivir dentro de nuestros “modelos de realidad”.

Todo está bien así.




*

sábado, 26 de marzo de 2011

87.- El deseo de ver




Señor, que vea

35 Sucedió que, al acercarse Él a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; 36 al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. 37 Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno 38 y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» 39 Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!» 40 Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: 41 «¿Qué quieres que te haga?» El dijo: «¡Señor, que vea!» 42 Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado.» 43 Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.
Lc 18, 35-43





Ve. Tu fe te ha salvado, tu fe (confianza) ha hecho que puedas ver finalmente. “Fiat lux”.

La actitud del ciego de Jericó era la de un hombre que, primero, se sabía ciego y que por sí mismo era consciente de que su mal no tenía solución; segundo, era consciente de que necesitaba ayuda para salir de la oscuridad en la que estaba inmersa su vida; tercero, conocía que andaba por ahí un tal Jesús, que tenía la solución para su mal.

 
Por otra parte estaba la gente a quien parecía molestarle la actitud del ciego. Algo así como si algo le dijera que no molestara a Dios con sus cuitas, que él no era importante, y que no incordiara, pues Jesús estaba para asuntos más serios que atender sus neuras.

Y por fin Jesús, que atiende la súplica, y manda que le traigan para atender a su problema.

Los cristianos, desde el Papa hasta el último mono, somos una panda de gente que no hacemos más que cometer tonterías una y otra vez, que somos o deberíamos ser conscientes de que estamos ciegos y de que necesitamos ayuda; que por nosotros mismos, no podemos ver con claridad. Somos, o deberíamos ser ciegos de Jericó, porque de no serlo, ni sabremos pedirle a Jesús que nos recobre la vista, ni lógicamente, seremos sanos por Él, simplemente porque, creyéndonos autosuficientes para ver, jamás le pediremos su ayuda.

Pues bien, esa petición sincera de ayuda no es otra cosa que nuestra actitud interna de Oración, una Oración que ha de exclamar constantemente “hágase tu voluntad”, porque la mía, no hace más que fastidiarla.

Y pequeño detalle. Jesús, cuando obra el milagro de curar al ciego, no le dice, ánimo, que yo te he curado de tu ceguera, sino “tu fe te ha salvado”.

Tu fe te ha salvado. Lo que curó al ciego fue la fe, la confianza que el ciego depositó en Jesús. Así que la cosa fue de este modo. 
1.- El ciego es consciente de su ceguera, y de que él no puede hacer nada para curarse. 
2.- Sabe que necesita ayuda. 
3.- Se entera de que Jesús anda por los alrededores, y le busca. 
4.- Le reprenden para que no incordie, pero él insiste, porque ciertamente confía. 5.- Le pide explícitamente a Jesús “Señor, que vea”. 
Y vio, porque tuvo fe.

Todo consiste en, primero ser conscientes de nuestra ceguera, de nuestra incapacidad total y absoluta para poder ver la Realidad que Dios nos ha puesto ante nuestros ojos, el auténtico sentido de nuestra vida. Reconocer que necesitamos ayuda, esto es, recorrer el duro camino de la humildad, y humillarnos. Porque si no nos humillamos, seguiremos pensando que “yes I can”, “sí, yo puedo”. Por eso es más fácil que un camello pase por el pequeño arco de una aguja, que un rico (un soberbio) pase por la puerta del Cielo, porque no es que Dios no quiera, sino porque él, el rico, no quiere pasar por aceptar que él es incapaz de ver, quizás porque se imagina que no hay nada más que ver, que lo que ven sus ojos.

[11] La Morada primera es la de la humildad. Es la puerta de entrada al interior sabernos “cero” frente al “infinito”. Es la morada de la humillación, para bajarnos los humos. Es una cura de humildad. Y no se trata de un proceso vergonzante y despreciativo. Somos una maravilla creada por Dios, pero el pecado nos ha hecho creernos mucho más de lo que realmente somos por mor de la soberbia. La humildad no quita ni pone sobre lo que somos, sino que nos hace reconocernos en nuestra integridad.
Resumido de las Moradas del Castillo interior de Teresa de Jesús.
 Moradas primeras, capítulo segundo. (Ver la página "Las moradas del Castillo interior de este Blog)
 
Para abrirse al mundo del espíritu, debemos tener una mirada dulce,
como el tacto de la seda.

El tambor de sanación


El médico del alma

Acudimos al médico cuando nos sentimos enfermos, cuando notamos que algo no va bien. Acudimos a él cuando nuestro cuerpo presenta síntomas o signos que nos hacen pensar que algo se nos ha averiado por dentro.

En Medicina tenemos un criterio que es el siguiente. Si se nos presenta un síntoma (por ejemplo un mareo sin venir a cuento) y desaparece espontáneamente, … ni caso. Si se presenta una segunda vez pasado un tiempo, digamos que se nos pone la mosca detrás de la oreja, aunque puede haber sido pura casualidad, no acudamos al médico, pero ahí queda que “van dos veces”. Si se presenta una tercera vez, entonces es momento de empezar a considerar seriamente la posibilidad de acudir al médico, al menos para recoger su opinión, no sea que estemos ante algo más serio que un simple mareo que se repite ya por tercera vez.

Uno de los síntomas constantes de la egolatría, o enfermedad del alma es la ceguera. Pero es una ceguera engañosa, dado que prácticamente nadie se da cuenta de que la padece. Todos creemos que vemos perfectamente, incluso los que llevamos gafas, bien por los defectos de refracción que aparecen desde la infancia, miopía, hipermetropía o astigmatismo, bien por la presbicia o vista cansada que es mi caso. Con un buen par de gafas, bien graduadas, vemos perfectamente. Sólo los ciegos por daño de la retina, del nervio óptico o del lóbulo occipital son los que reconocen, como Bartimeo, el ciego de Jericó, que están ciegos y necesitarían de alguien, un buen cirujano que les supiera devolver la visión.

El médico del alma, el buen Jesús, no puede imponer su tratamiento a nadie que no se considere que padece ceguera.

La ceguera del alma se traduce en la incapacidad de ver… “la Verdad”. Ya hemos abordado este tema en la entrada anterior. 
Y concluíamos con una frase de Gandhi que dice “la Verdad es Dios”, que no es lo mismo “Dios es la Verdad”.

Y continúa Mohandas Gandhi diciendo…

“Dicha máxima me permite ver a Dios cara a cara, por decirlo así. Siento que Él llena todas las fibras de mi ser” (Harijan 9 de agosto de 1942, pag 264)
 
“Dios tiene miles de nombres, tantos como criaturas existen, por eso decimos que Él no tiene nombre. Y así como Dios tiene muchas formas, también consideramos que no tiene forma alguna; y del mismo modo que Dios nos habla a través de muchas lenguas, también consideramos que no habla en absoluto; y así sucesivamente. De hecho, cuando empecé a estudiar el Islam descubrí que también éste tiene muchos nombres para llamar a Dios. Con los que dicen “Dios es Amor”, yo digo que Dios es Amor. Pero en lo más hondo de mi ser afirmo que aunque Dios sea Amor, por encima de todo Dios es Verdad.”
 
“Pero hace dos años di un paso más y dije que la Verdad es Dios. Hay una sutil distinción entre ambas afirmaciones: “Dios es Verdad” y “la Verdad es Dios”. Llegué a esta conclusión después de una búsqueda continua e incesante de la Verdad que empezó hace cincuenta años. Más tarde descubrí que lo que más nos acerca a la Verdad es el Amor. Pero también comprendí que la palabra “Amor” tiene muchos significados, y que el amor humano entendido como pasión, puede convertirse en algo degradante. También percibí que el amor entendido como “no violencia” tenía pocos partidarios en el mundo. Pero nunca descubrí un doble sentido en relación con la verdad; y ni siquiera los ateos ponen objeciones a la necesidad de poder ver la verdad. Sin embargo en su pasión por descubrir la verdad, los ateos no dudan en negar la existencia misma de Dios –lo cual es una consecuencia lógica, desde su punto de vista-. Debido a este razonamiento, comprendí que en lugar de decir “Dios es la Verdad”, tengo que decir “La Verdad es Dios”.
Recuerdo que Charles Bradlaugh  [Inglés activista político y uno de los más famosos ateos declarados 1833-1891] se complacía en llamarse ateo, pero yo, que conocí algo de su personalidad, nunca habría afirmado que él era un ateo. Mas bien le habría llamado  “hombre temeroso de Dios”, aún cuando sé que él habría rechazado tal pretensión. Se habría sonrojado si yo le hubiese dicho “Mr. Bradlaugh, usted  es un hombre amante de la verdad, no un hombre temeroso de Dios” Y yo habría refutado automáticamente su crítica diciendo “la Verdad es Dios”, del mismo modo que he rebatido las críticas de muchos jóvenes.” 
Gandhi: Young India, 31  diciembre de 1931, pp 427-428.

Del amor existen muchas interpretaciones y aplicaciones, desde llamar “amor” a follar con una prostituta, hasta las más elevadas cotas del éxtasis místico. Por eso San Pablo hablaba de “Caridad” y no de amor. Pero sobre la verdad, aunque no sepamos qué es, existe en el corazón humano una cierta intuición de lo que supondría verla, conocerla, la “no mentira”, la ausencia del error.

Y ya hemos visto que en este sentido, las dos antagónicas visiones de la Existencia, entre “esto es lo que hay, lo de aquí, y lo de allí, vaya usted a saber”, o “esto es una ensoñación, y los de allí es realmente lo que Existe, Lo que Es”, no son dos extremos de un continuo, sino una expresión dummy, dicotómica (o esto o Aquello), pero ambas cosas no pueden coexistir como ciertas. No hay dos reinos verdaderos, sino uno falso y otro cierto. Los ateos afirman que el cierto es este y el falso es el que creen los creyentes; en este sentido son bastante honestos, pues sólo aceptan uno de los dos, el de aquí. Y los creyentes… pues no sé muy bien, dado que creyendo en Aquel, en la otra vida, no niegan este de aquí abajo, y de este modo tratamos hacer un apaño entre ambos, y “servir a los dos señores”.

La inmensa mayoría de los seres humanos han vivido y viven en ese acuerdo “a pachas” entre el uno y el otro, para disfrutar de los dos, porque el de aquí también tiene sus ventajas y sus comodidades.

De esta guisa, la ceguera es la enfermedad absoluta de los humanos, al menos la que reconocemos los que vemos este mundo como una ensoñación, y nuestro “yo”, como un apaño para que nuestros días y nuestras horas puedan transcurrir mientras ganamos nuestro pan (de comer) con el sudor de nuestras frentes, y nuestra vida sea expresión, manifestación (esta vez sí) del Amor de Dios a los hombres.

La ceguera, que en el contexto espiritual en el que hablamos no es en realidad una enfermedad, sino la manifestación patológica de nuestra auténtica enfermedad, que es la egolatría, no es exclusiva de los ateos, sino de prácticamente todo el mundo, todos nosotros.

Pongo un ejemplo. El otro día, me reuní con gente muy querida que son de Cursillos de cristiandad, y compartimos una pregunta que era “¿tenemos presente la palabra de Dios todo el día?” Su respuesta era en casi todos los casos la misma. Asociaban tener presente la palabra de Dios a rezar oraciones, leer un capítulo de la Biblia, oír misa o rezar un rosario. Que por supuesto, también. Pero cumplidos esos llamémosle preceptos o prácticas religiosas de piedad, cada cual, a sus asuntos, y doy fe de que son gente piadosísima. Se sorprendieron tremendamente cuando yo les dije que para mi, la palabra de Dios es simplemente “lo que Es, lo que sucede”, el pan nuestro de cada día. Que Dios se está manifestando en todo lo que existe a todas horas, en todo momento, en lo bello y en lo no tan bello, en lo bueno o no tan bueno (según siempre nuestros juicios sobre las cosas). “Ver” en lo que sucede a Dios mismo, “su palabra”, expresada no en voces sino en acontecimientos. Y que por eso “todo está bien”, porque lo que sucede es expresión de la única Realidad, la Conciencia, Lo que Es”.

Si logramos ver en “lo que sucede” a Dios, entonces estamos en camino de que el Médico del Alma nos cure de la ceguera.

Jesús le dijo a Bartimeo, “tu fe te ha salvado”… de tu ceguera. No, yo te he curado de tu ceguera. Es decir, tu confianza en mi, te ha curado. Es decir, ver en lo que sucede “Mi acción en ti”, es lo que te ha posibilitado “ver”.

Los defensores extremistas (que de todo hay) entre los buscadores de la verdad, de que este mundo es algo así como una engañifa, se van al extremo de que la vida (terrena) es una broma de mal gusto. Cuando no es verdad.

Jesús de Nazareth nos mostró la Verdad de modo tal, que sólo un corazón vacío de sí mismo puede verla. No fue nada explícito, sino implícito. Y además lo dijo bien claro… “os hablo así para que los que creyendo que oyen no oigan y los que creyendo que ven, no vean un pimiento, y creyendo entender, no comprendan de la misa la media. O sea que para los que se creen que van sobrados por la vida, mis palabras les enreden y no entiendan nada.

9 Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, 10 y él dijo: «A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que = viendo, no vean y, oyendo, no entiendan. Lc 8, 9-10

O sea. Que aquí, los que creen que ven y saben un huevo y la yema del otro, y se las dan de listos, van de puñetero cráneo en este negocio. Jamás lograrán ni añadir un solo codo a su estatura, ni lograrán ver absolutamente nada, porque su mente, que es la dueña de sus vidas, permanecerá toda su vida enredada en sus pensamientos y en sus juicios, que no conducen a ninguna parte.

Si no os hacéis como niños no entenderéis nada, (Juan 3, 3) porque sólo un niño, que está sin educar, es capaz de ver desde la inocencia de la clara luz del vacío de su mente y de su vida.

Es lo que Hay…

Por eso la Verdad es Dios, pero solo un niño es capaz de verla.

Así que Jesús, el Médico de nuestra Alma va a resultar ser un pediatra. Poco puede hacer como geriatra, de almas esclavas de un yo esclerosado, con el colmillo retorcido. Y como los que tenían la sartén por el mango en la sociedad en la que vivió (igual que ahora) eran gerontes, decidieron que Jesús sólo decía gilipolleces que suscitaban inquietud en el pueblo y a ellos "también". Resultó ser demasiado peligroso.

Eso a Nicodemo le dejó con los ojos a cuadros… el pobre.


 Que tengas un buen día, amigo.

*


martes, 22 de marzo de 2011

86.- ¿Qué es la Verdad?


Frases para meditar.


“En verdad, en verdad os digo…” (25 veces aparece en toda la Biblia pero sólo en el Evangelio de San Juan)

53 Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. 55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él”. Jn 6, 53-56


“31 Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, 32 y conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres.”  Jn 8, 31-32

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.” Jn 14, 6

“16 y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, 17 el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. 18 No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros”. Jn 14, 16-18


“26 Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la Verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí.”  Jn 15, 26

“13 Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la Verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.”  Jn 16, 13


“16 Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. 17 Santifícalos en la Verdad: tu Palabra es Verdad”. Jn 17, 16-17
“Para eso he venido al mundo, para ser testigo de la Verdad” Jn 18, 37

El Evangelio de San Juan es un misterioso, un enigmático libro cuyo centro, cuyo núcleo argumental es “la Verdad”. Jesús se refiere en Juan, o Juan el evangelista pone en boca de Jesús la palabra “Verdad” con muchísima más asiduidad que en ningún otro texto evangélico.

El Evangelio de Juan es el Evangelio de “la Verdad”.

Pero ¿Qué es la Verdad?

Eso es al menos lo que Pilatos le preguntó extrañado a Jesús una vez le mandó azotar y coronar de espinas. Cuando le vio así, “Ecce homo”, le preguntó ¿… y tú eres Rey? Y al recibir su respuesta “Sí, y para eso he venido al mundo, para ser testigo de la Verdad”, Pilatos, extrañado le pregunta “¿y qué es la Verdad?”

La palabra Verdad puesta en boca de un político es casi una injuria, un insulto a la dignidad humana, un desprecio, una obscenidad, una adulteración, una violación de todo lo puro y sagrado que en este mundo pueda existir, porque el ejercicio de la política (etimológicamente los asuntos de la ciudad, de la “polis”), es lamentablemente el ejercicio de la mentira en estado puro. Es la antítesis de la verdad, si la verdad pudiera existir en este mundo, de alguna forma.

¿Alguien sabe qué es la verdad? Pero sobre todo ¿Alguno de nosotros nos atreveríamos a decir, a definir qué es la Verdad con mayúsculas?

¿Es esto? ¿Es aquello? ¿Está aquí? ¿Está allí? ¿Este dice la verdad? ¿El otro no?

¿Por qué el concepto “verdad” es tan escurridizo, tan incierto, tan lábil, tan etéreo?

Porque realmente, nadie, ninguno de nosotros estamos seguros de prácticamente nada.

Los científicos, que dentro de este Confinador de vida que es nuestra existencia terrena, son los que con más cuidado tratan el concepto “verdad”, a través del método científico, nos hablan de la “duda metódica” de Descartes, es decir, utilizan “la duda” como método para afirmar provisionalmente las cosas, y por eso en muy raras ocasiones afirman algún hallazgo o alguna interpretación de la realidad como “Ley científica”, sino como “teoría”, es decir, como un aserto que “parece explicar” ciertos hechos de modo en principio contrastado, pero siempre abierto a que nuevos hallazgos puedan aportar nuevas evidencias que sean capaces de refinar, de mejorar o incluso de tirar por tierra las teorías actuales.

Hablamos de la Ley de la Gravedad, como algo inmutable, cierto, verdadero porque está demostrado que las cosas caen para abajo, pero en la medida en que nadie sabe a ciencia cierta cómo es que las cosas caen para abajo, los físicos no las tienen todas consigo. No se habla de la Ley de la Evolución, sino de la Teoría de la Evolución. No se habla de la Ley de la Relatividad, sino de la Teoría de la Relatividad, ni de la Ley cuántica, sino de la Teoría…

¿Por qué? Y eso que estamos hablando de lo positivo, de lo tangible, de lo que ven nuestros ojos y captan nuestros sentidos o nuestros aparatos de medida y detección y es relativamente fácil comprender por nuestra mente.

Porque lo único que podemos decir los humanos respecto de “todo lo que existe” (Ver la entrada nº 20. Fiat homo: todo lo que existe, en este blog) es el resultado del desarrollo de “modelos mentales de realidad” que nuestra mente construye a través de la información que percibe por nuestros sentidos. ¿Qué es el color para un ciego de nacimiento? ¿Qué es la música para un sordo congénito? ¿O los aromas para un anósmico? ¿O el suave tacto de las flores para un paciente con parestesias?

¿Qué sería de nosotros sin los sentidos que es lo único que tenemos para captar las señales del exterior?

¿Vemos todo lo que existe, o solamente el segmento del espectro visible, ignorando toda la cola del infrarrojo o del ultravioleta, de la que no tendríamos noticia si no fuera por nuestros aparatos detectores?

¿Oímos todo lo que suena, todo lo que vibra, o solamente la banda de sonidos entre agudos y graves, ignorando todo lo que suena por debajo de los graves y por encima de los ultrasonidos?

¿Olemos todo lo que emite olor, o tenemos que resignarnos a oler un estrecho segmento de la capacidad olfativa que demuestran los animales, muy superior a la nuestra?

Ni siquiera estamos seguros de ver todo lo que se puede ver y de oír todo lo que se puede escuchar. Y además, en ambientes subatómicos, Heisenberg nos fastidia la fiesta con el “principio de incertidumbre”

¿Qué sería de nosotros sin nuestra capacidad asociativa que nos permite desarrollar patrones mentales y modelos según los cuales para cada uno de nosotros “el mundo es como si…”?

¿Realmente lo que para nosotros es el mundo, lo que vemos, lo que escuchamos, lo que leemos en los periódicos o vemos en los medios de comunicación? ¿Es todo eso “verdad”? ¿Realmente sucede?

¿Qué diablos está pasando? Le preguntó furioso el primer ministro japonés Naoto Kan a los responsables de TEPCO sobre los sucesos de la central de Fukushima.

A duras penas la Historia de los hechos pasados nos aporta algo de luz sobre lo que pasó hace uno o dos siglos, como para que estemos seguros sobre la “verdad” de lo que está pasando en estos momentos en el mundo, en el Planeta, a pesar de disponer de los medios de comunicación, de una CNN que no deja de emitir noticias 24/7/365.

Así que ni siquiera en el mundo físico estamos seguros de casi nada. ¿Podemos hablar de algo parecido a la verdad?


¿Qué es la Verdad?

Esta pregunta vuelve una y otra vez sobre nosotros, porque de lo único que podemos estar “aquí, en este mundo” seguros es de que no sabemos qué es la verdad, y mucho menos, la Verdad.

Sin embargo, para los creyentes existe un atisbo de esperanza en lo que nos dicen nuestros mayores, que voy a volver a ilustrar con una parábola que ya expuse en la entrada 26.- “Cuando las cosas pierden su evidencia” de este blog. Es la parábola del elefante.

Hay una parábola muy conocida, que explica bastante bien todo esto. Es la parábola del elefante. En un país de ciegos, donde todos eran ciegos, y todos estaban perfectamente organizados en medio de su ceguera, llega a las inmediaciones de la ciudad reino, amurallada con una empalizada, un mercader que viajaba con un elefante. Como quiera que estuviera cansado, decidió descansar durante un rato. El elefante al caer y tumbarse provocó un espantoso estruendo que hizo templar toda la ciudad. Los ciegos se asustaron tanto que decidieron enviar una patrulla de reconocimiento para ver qué era lo que había provocado el temblor de tierra. Un comando de ciegos llegó a las cercanías del animal, y con mucho temor, uno tocó la pezuña. Se retiró en seguida e informó que lo que había causado en temblor era un ser duro como una piedra, que impresionaba de muy poderoso, por lo que la ciudad corría un gran peligro. No seguros del dictamen de la primera patrulla, mandan a una segunda, y el explorador se topa con una oreja, que impresionaba de peluda y blanda. El diagnóstico era justamente el contrario. No parecía que lo que fuera pudiera ser peligroso. Una tercera patrulla se topó con la trompa y recibió el consabido trompazo. Salieron huyendo despavoridos y se enrocaron en la ciudad. Se organizó entonces un gran batallón para salir a combatir el monstruoso ser. Pero cuando salieron, el mercader ya se había ido con su elefante, no sin antes dejar los obligados excrementos y emunciones, de proporciones jamás imaginadas por aquellos habitantes. El comando de exploración no podía encontrar una explicación racional a todo aquello, por lo que se convocaron múltiples concursos de ideas para embarcar a las mentes más preclaras en investigar las posibles causas, efectos y consecuencias a largo plazo de aquel fenómeno provocado por tan quimérica criatura, y convertido en descomunal cantidad de excrementos. A raíz de aquello se crearon una serie de mitos y leyendas, todas, por supuesto falsas, que atemorizaron a toda la ciudad, de generación en generación, lo que por cierto, la casta de chamanes, siempre solícita en eso de proteger a los indefensos fieles de los malos espíritus, aprovechó para convertir aquello en infundado temor que sólo ellos, podían exorcizar, y en ningún caso desmontar, a lo que los fieles estaban totalmente volcados en apoyar con numerosos y generosos donativos.

Nuestra actual casta mundial de chamanes tan avanzados y puestos al día que hasta utilizan Internet y las grandes cadenas de televisión para proteger a sus seguidores de los malos augurios, siguen haciendo lo mismo. Elevan a la categoría de dogmas irrefutables lo que son meras conjeturas sobre lo que nadie es capaz de aportar un solo codo a su estatura a fuerza de discursos, como diría el Buen Jesús.

Así que si para el resto de los mortales la verdad es una asíntota inalcanzable, tan sólo imaginable con el uso de parábolas, para los chamanes esas parábolas asintóticas se declaran irrefutablemente ciertas, convicciones absolutas, y así mantienen la parroquia unida sin fisuras frente un mundo que se debate en medio de la incertidumbre más absoluta, incertidumbre magistralmente utilizada por los políticos y todos los influyentes centros de poder económico, para sacar la correspondiente tajada.

Por cierto, lo de parábola, a parte del sentido literario de fábula, historieta, con finalidad docente, utilizando símiles de la vida diaria, tiene un sentido matemático, pues la rama de parábola es una función matemática polinómica del tipo y= ax^3-bx^2+cx+d, que nunca llega a una asíntota. Esto no deja de ser algo más de una coincidencia, porque indica hasta qué punto nos quedamos en el “casi lo tengo… pero no completamente”. Por eso el Buen Jesús nos hablaba en parábolas, porque la mente sólo llega a un cierto nivel de comprensión de sus palabras, pero no completamente.


Sin embargo, pontificar y dogmatizar intelectualmente lo que sólo pueden ser funciones polinómicas de comprensión es convertir probabilidades de conocimiento en convicciones absolutas. Y en esto, Friedrich Nietzsche tiene  razón al afirmar que “la convicción absoluta es más peligrosa para la verdad, que la propia mentira.” Y aún peor, la convicción absoluta nos convierte en incondicionales creyentes de esas convicciones absolutas. Y esto en esclavos de esas convicciones.

31 Decía, pues, Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, 32 y conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres.»  Jn 8, 31-32

Y alguien, siglos después afirmó… y la mentira, os convertirá en creyentes. Esta es una frase de Pepe Rodríguez, autor de un polémico libro titulado “Las grandes mentiras de la Iglesia católica”, título absolutamente condenable por ésta, como no podría ser de otra forma. La frase esgrimida por el ateísmo, al hacer alusión a que los creyentes somos gente sometida a un perfecto lavado de cerebro por la casta sacerdotal, es una loa a que la verdad está en “todo lo que existe” y logran ver nuestros sentidos, detectar nuestros aparatos de medida y comprender nuestra mente. Todo lo demás es pura sofronización mental orientada al dominio de las conciencias.

Porque “La Verdad une, pero la mentira separa” (Frase de Consuelo Martín)

Y "El conocimiento profundo de las religiones permite derribar las barreras que las separan." (Gandhi)

O “El cristianismo podría ser bueno si a alguien se le ocurriera ponerlo en práctica” (Bernard Shaw)

Así nos podríamos enzarzar en interminables discusiones bizantinas que no conducen a ninguna parte salvo a provocar úlceras de estrés en los contendientes. Yo no entraré en ese juego.

Todo lo que en este mundo es motivo de luchas, separación, discordia, guerras y alejamientos los unos de los otros, es por definición rigurosamente falso. No es la Verdad, ni siquiera es verdad en el sentido doméstico de la palabra.

En este mundo no se vive la verdad, sino algo que se lo parece, o que se pretende que lo parezca, con el fin de conseguir de los demás voluntades, cohesiones o bienes para uno mismo. La pseudoverdad es una poderosa arma de convicción para lograr éxitos personales. El político, a cualquier nivel, desde un presidente de gobierno hasta un concejal de un humilde ayuntamiento, utilizan la pseudoverdad con una segunda intención, la aparente, que es la que manifiesta en las campañas electorales y en los foros de discusión públicos, concejos, parlamentos y demás ejidos, y la oculta que es la que se trata a puerta cerrada entre los propios del partido, o de la facción. Y lo dicho para los políticos es prácticamente extensible a cualquier ser humano, en la medida en que usa las voluntades de los demás para beneficio propio.

Por eso, hablar de “verdad” en este mundo es simplemente un desiderátum, y aún más que eso, una ensoñación.

¿Qué es la mentira?

En el relato del Génesis de la Creación, no existen evidencias de que Dios creara antes del ser humano, a ninguna criatura inteligente. Al menos no lo dice expresamente. Sin embargo al describir la tentación de Eva, el autor hace referencia a la serpiente como el animal más astuto, con capacidad de pensar malamente y hablar con audacia para convencer a una Eva, bastante tontorrona, por cierto; y esta a un Adán también bastante necio.

¿Qué pasaría si lo que sucedió (llamémosle así) fue que en el mismo instante de poseer el homínido primero, capacidad de pensar, lo primero que pensó fue en su autonomía para ser él el dueño y señor de su vida, interpretando como cierto lo que veían sus ojos, escuchaban sus oídos e interpretaba su cerebro? ¿Pero sobre todo, qué pasaría si el auténtico pecado original hubiera sido (como lo es hoy), que Eva y Adán (o el Moonwacher de Arthur Klark) se vieron como seres independientes, separados de la Pura Conciencia, como "yoes" autónomos con sus individualidades a las que decidieron idolatrar en algo que ya he referido como "El síndrome de Adán y Eva" o "Egolatría" o la actitud egoica ante la vida (yo separado de ti)? A todo esto, la cosa de forjarse una idea de lo que les rodeabo que no estaba nada descaminada, si tenemos que reconocer que no era nada fácil zafarse de los tigres con dientes de sable, del frio y del calor extremo.

Y vieron que estaban desnudos… dice el autor del Génesis. Es decir, carentes de  todo, así que tuvieron que emprender el penoso camino milenario hacia la civilización, creyendo que ese era su destino, haciendo caso omiso a los dictados del Corazón, a la voz del Creador, salvo por el hecho del apaño religioso desarrollado en todas las culturas a la par que desarrollaba sistemas de ataque y defensa contra todo aquello que era contrario a sus intereses.

Es una forma bastante heterodoxa de interpretar el pecado original, pero a alguno puede que le “mole”, aunque a la mayoría le suene extraña esta interpretación.

Pero lo que no creo que esté fuera de lugar es el hecho de que fuera como fuera el desaguisado del Edén, lo que sí que parece creíble, al menos es que desde entonces, el ser humano sólo ha querido hacer caso a los modelos de realidad que ha conseguido elaborar; y lo peor de todo, es que se ha terminado por creer que son ciertos. Aunque no del todo, puesto que en mayor o menos medida, todos tenemos la mosca detrás de la oreja de que “nada es lo que parece”.

La mentira es la “no-verdad”, y a poco que seamos sinceros, nadie está seguro de lo que ven sus ojos ni escuchan sus oídos.

Somos empedernidos buscadores de la verdad, de la misma forma que somos empedernidos adoradores del tiempo, porque todo el Confinador, lo que existe en el espacio y en el tiempo es una ensoñación.

Las religiones, en su intento de dar respuesta a los buscadores de la verdad, se han convertido en escuelas de espiritualidad, mutuamente excluyentes. Esto da que pensar que o todas son falsas o todas verdaderas o mitad y mitad. Lo cierto es que, salvo los creyentes empedernidos de una escuela religiosa, el resto nos maliciamos que no es oro todo lo que reluce en los sistemas religiosos, que hay gato encerrado. Lo que no significa que la vida sea un engaño de Dios, o simplemente que no hay un Dios que pueda o quiera engañar a nadie.


Porque "todo está bien", hasta la pseudoverdad de esta vida, hasta el hecho de que vivamos una ensoñación. 

Este es el contrasentido de la lógica de Dios. Nos situa en un falso escenario, donde nada es lo que parece, para que "todo se cumpla según sus designios".

O como dice el Lao Tse. "El Tao nunca lleva a cabo ninguna acción, para que nada quede sin hacer".

Amigo, si no entiendes esto, no importa. Está bien así. No es momento de entenderlo. Y si intuyes que tiene sentido, ¡enhorabuena!


Hasta los malos de la película han de hacer su papel en este gran teatro del mundo. Tienen su sitio, pues el Sol sale tanto para justos como para injustos.

Los dogmas, son creaciones del pensamiento para intentar entender lo inefable.
Las prácticas y enseñanzas religiosas, son formas de calmar la inquietud de nuestro “yo individual”. Y está bien que sea así.

En este mesénquima crediticio se mueve el común de las gentes, que intenta creer lo que se puede, para huir de la mentira que sospecha es este mundo.


Y está bien que sea así.

Comprensión

En muy contadas ocasiones han surgido en la Historia personajes que han sido donados con lo que en Filosofía perenne se denomina Comprensión, Despertar, Conciencia. Han sabido ver que nada de lo que existe es real en sí mismo. Ni los humanos somos reales, sino sólo un sueño, y el mundo, el Confinador es un escenario virtual, al estilo de Mátrix, la película.

Ya lo he referido en bastante de las entradas anteriores. Los que han alcanzado la Comprensión de que sólo Dios existe, de que Él es Todo lo que Es, y nosotros somos un mero sueño con apariencia de “unidad inteligente de Carbono” (que muerto el perro se acabó la rabia, y el Ser eterno que habita en nosotros queda liberado, como el aire contenido en un globo que se pincha) forman un reducidísimo grupo universal de místicos contemplativos, que al proclamar estas cosas son tomados como auténticos gilipollas que están con un fuerte trastorno mental.

De ahí la frase de Kierkegaard, que aparece en la portada de este blog:

Ha habido seres humanos que han conectado con la Verdad, pero pasan desapercibidos:
“Al místico se le oye como se perciben ciertos gritos de pájaros, sólo en el silencio de la noche; por eso, con suma frecuencia un místico no adquiere importancia en  medio del bullicio de su ambiente, sino mucho tiempo después, en el silencio de la Historia, para las almas afines a la suya, y que le escuchan.”

 

Y está bien que sea así.
"La Verdad es Dios" (Gandhi).

Lao Tse, Sankara, Buda, Rumi lo dijeron, y los humanos le han hecho caso “de aquella manera”.

El Buen Jesús lo proclamó de una manera especialmente convincente, echando por tierra la mentira de los sistemas religiosos ¿hasta entonces?

El resultado de su osadía ya lo sabemos. La mentira elaborada por el hombre, no pudo soportar la Verdad.

Pero la Verdad supo doblarle el brazo a la mentira.

Y tras Él, (si es que el tiempo realmente existiera) el mundo ha seguido su curso, pero de otra manera...



Todo está bien.

domingo, 6 de marzo de 2011

85.- El elogio del Amor





Hágase tu voluntad y no la mía. Mt 26, 42

Momento clave de la Pasión en el que el yo individual de Jesús trató por última vez de revelarse para finalmente rendirse al destino.

Y Jesús fue simplemente Dios encarnado. No quedaba ya nada del ser humano que tuvo que luchar contra las tentaciones del desierto.

El Amor es simplemente la expresión de la Voluntad de Dios, sea la que sea; suceda lo que suceda.

Dios Es lo Que Es. Lo que sucede en la matriz espacio temporal es Su manifestación.

La Creación y la Vida del ser humano es como una película. El guión está escrito desde siempre. Lo que sucede es lo escrito. Los que no saben de qué va esto, lo llaman predestinación. Los sabios, lo llaman “libertad”.

Todos somos actores interpretando un papel. La diferencia entre el sabio y el necio es que el sabio es consciente de su condición de actor interpretando un papel y el necio no es consciente de ello. O no lo sabe, o no lo quiere saber. Por eso, para el necio, la creencia en lo de la película le supone creer que está atado de pies y manos.

Por eso…

29 ¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. 30 En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. 31 No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. Mt 10, 29-31

El sabio es consciente de que su “Unidad de Carbono” es sólo eso, un soporte físico para la expresión del Amor de Dios. Es Templo del Espíritu Santo, sólo eso, un templo de carne y mente, que no sirve para otra cosa que para Él expresándose al mundo.

Amaos como Yo os he amado. Porque Él es quien ama, Él es quien obra, Él es quien realiza. Nosotros no hemos de hacer nada, para que nada quede sin cumplirse. Nosotros somos simples pinceles en manos del pintor que elabora la obra de arte de la Creación. El sabio es plenamente consciente de eso, de esa realidad. Hasta el extremo de que es consciente de que por no haber ni siquiera hay un sabio. Simplemente Es Quien Es, el Único que Existe, la Consciencia.

Así que el devenir de la Historia ha sido, es y será expresión del Amor de Dios a sus creaturas, en el largo proceso de aprendizaje hacia el Ser. En ese largo proceso de aprendizaje, los “yoes individuales” que somos las creaturas llamadas inteligentes, hemos de adquirir la conciencia de que nada nos separa del Creador, salvo nosotros mismos, lo que creemos ser y no somos, y que la tradición judeocristiana ha denominado la desgracia del pecado original. Ese denominado “pecado original” no es otra cosa que la creencia de que somos seres individuales y que “podemos” hacer… ¿qué?... algo que llamamos Historia.

Por tanto, todo el rosario de desgracias que venimos padeciendo los humanos es la más viva expresión del Amor de Dios con mayúsculas. Porque acaso es la única forma de que caigamos en la cuenta de que sin Él no somos más que simples y etéreas pompas de jabón. Ni existirá jamás un mundo feliz sin la plenitud de la Consciencia.

La historia de Israel es el relato del género humano representado por un pueblo de pastores cuyo devenir es una mezcla de confianza y desconfianza frente al Eterno, denominado por ellos en este caso, Yaveh.  Toda clase de desgracias, destierros, guerras, esclavitud, hambrunas, cautiverios y fugaces destellos de paz reflejan la actitud y las consecuencias de esa misma actitud del ser humano frente a Dios. Jerusalem, la ciudad sagrada ha sido y es un lugar tan santo como castigado. Es la expresión del Amor de Dios, donde Él se manifiesta tanto en la dicha como en el sufrimiento.

Los profetas anunciaban el mesías que liberaría a su pueblo de la esclavitud. Lógicamente ni entendieron a los profetas, ni entendieron al mesías, porque tan apegados estaba el ser humano a su “yo individual” que nunca quiso entender el objeto del proceso de liberación que vino a anunciar Jesús de Nazareth, creyendo que tan sólo se trataba de liberarse de los pueblos vecinos que les mantenían oprimidos. Jamás entendieron el “deja todo lo que tienes, dáselo a los pobres, toma tu cruz y sígueme”. Ni se percataron de qué significaba “venga a nosotros tu Reino”, o “hágase tu voluntad y no la mía”.

No se dieron cuenta ni ellos, ni nosotros, ni la inmensa mayoría de los cristianos que en el mundo han sido, incluidos una gran cantidad de prelados. Sólo los iluminados han sabido comprender el mensaje de Jesús, mensaje que no está escrito en los tratados de Teología.

Esto es muy fuerte decirlo, y será lógicamente negado por los doctores de la Iglesia, pero su negativa no tiene la mayor importancia, porque lo único que vale es la palabra escrita en el Corazón.

Cuando el corazón humano es despertado y toma conciencia de que él virtualmente no existe, jamás existió como tan, sino que sólo existe la Conciencia, que sólo existe Dios expresado en cada uno de nosotros, y que hablar en primera persona, tanto del singular como del plural, es tan sólo una forma de hablar para entendernos, el hecho de la Redención, empieza a tener algún sentido, porque es entonces cuando el Alma, liberada de las ataduras de un artefacto físico como es su Unidad de Carbono que le permite deambular por aquí, entiende qué es el Amor. Y lo que sucede, sucede porque ha de ser así, y lo que hace, lo hace, porque también ha de ser así.

Lo bueno y lo malo son sólo juicios de valor de nuestras Unidades de Carbono. Por eso Jesús insiste tantas veces en que no juzguemos, porque estos juicios son los que hacen este mundo irrespirable, e impresiona de ser un valle de lágrimas, porque con nuestros juicios en eso lo convertimos.

Lo bueno, lo que juzgamos como bueno, lo es según para quien, y lo malo, lo que consideramos malo, lo es también según para quien. Así que ni siquiera Jesús permitió que le llamaran maestro bueno, porque sólo Uno es Bueno, Dios.

El guión de la película sigue su curso, y nosotros seguiremos viéndola, contemplándola, e incluso actuando en ella, con lo que de nosotros queda en el mundo, que no es gran cosa.

Ni siquiera serás sabio, porque simplemente ya no eres. Sólo existe Él en ti. Y actúa a través de ti en este mundo.

La felicidad no es otra cosa la certeza de que todo lo que sucede es lo que ha de ser. Todo es perfecto, porque es pura manifestación de Dios.

De esta forma, tu voluntad, o lo que tú creías que era tu voluntad, es en realidad la manifestación de Dios, es simplemente “Amor”.

La felicidad es simplemente esto, ser consciente de que ya estás en Casa.

Epílogo


Puede que te haya extrañado esta entrada sobre el Amor. Puede que creyeras que iba a hablar de la carta magna del Amor, de San Pablo en 1 Corintios 13. Ese texto es el conocido texto de cómo el amor se expresa…

4 La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; 5 es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; 6 no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. 7 Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. 1Cor 13. 4-7
 

Esta es la expresión del Amor. Pero el Amor, sólo se alcanza y somos conscientes de que no hay dos, de que no soy yo quien existe, sino Dios en mí, y “yo” sólo soy un ensueño que sirve para que los demás ensueños aprendan a Ser en Él.

No tengo intención de cambiarte los esquemas. Así que si no has entendido nada de lo que he escrito. No te preocupes.

Esto también está dentro del guión de la “peli”.

La Paz esté contigo.

*

domingo, 27 de febrero de 2011

84.- El elogio de la Esperanza



15 Sirven ellos para que la gente haga fuego. Echan mano de ellos para calentarse. O encienden lumbre para cocer pan. O hacen un dios, al que se adora, un ídolo para inclinarse ante él. 16 Quema uno la mitad y sobre las brasas asa carne y come el asado hasta hartarse. También se calienta y dice: «¡ Ah! ¡me caliento mientras contemplo el resplandor!» 17 Y con el resto hace un dios, su ídolo, ante el que se inclina, le adora y le suplica, diciendo: «¡Sálvame, pues tú eres mi dios!» 18 No saben ni entienden, sus ojos están pegados y no ven; su corazón no comprende. 19 No reflexionan, no tienen ciencia ni entendimiento para decirse: «He quemado una mitad, he cocido pan sobre las brasas; he asado carne y la he comido; y ¡voy a hacer con lo restante algo abominable! ¡voy a inclinarme ante un trozo de madera!
 Is 44, 15-19

Sálvame

¿De qué hemos de ser salvados?
Las respuestas son de muy diferente tipo. Deseamos ser salvados de este valle de lágrimas, del demonio que me quiere arrebatar de la vida eterna, de este perro mundo, de la muerte eterna, y así, de un largo etc.

La religión nos infunde un pequeño rayo de esperanza, de que, si nos portamos bien, cumplimos con las prácticas religiosas, con todos los preceptos y no puteamos demasiado al vecino, puede que en el juicio final, el Todopoderoso, oídas todas las partes, el fiscal, la acusación particular y la defensa, puede que tenga a bien perdonarnos nuestras fechorías y pecados y en un gesto supremo de magnanimidad y misericordia dejarnos entrar en su súper paraíso por toda la eternidad. Y si el juez está dubitativo sobre si sí o si no, unos rezos a la virgen de nuestra devoción, puede que ablande con sus femeninas artes, el duro corazón del juez supremo.

Pero para que este perdón pueda ser posible, el buen Jesús tuvo que ser crucificado, muerto y sepultado. Si no llega a ser por aquel desaguisado que hicieron con Él, eso de la salvación estaría bastante chungo para el género humano.

Jamás comprendí tal relación causa efecto. Pero como dicen que los misterios no hay por qué comprenderlos, se aceptan y listo.

Sálvame (II)

Ahora, hablando en serio, lo que esta expresión de auxilio parece indicar es que, de alguna forma el alma humana vive en un sin vivir, en constante peligro de algo. Hasta los que mejor se lo pasan en este mundo, cuando tras la multiplicidad de fiestas y diversiones se le congela la risa a propósito de una adversidad o de una tragedia, o un simple revés por algo que no les ha salido a su gusto, puede que lleguen a reconocer que este no es el estado ideal del ser humano, que debe existir otra forma de vida, otro mundo donde la cosa debiera pintar mucho mejor.

Los hay necios que piensan que ese mundo mejor debe ser aquel en el que todos nademos en la abundancia. Pero ni siquiera eso convence, porque incluso aquí abajo, cuando todo sale a pedir de boca, y no hay nada por lo que luchar, por lo que esforzarse, un serio peligro se cierne sobre nosotros, el aburrimiento. Necesitamos vidilla, retos, metas que lograr, algo por lo que justificar que nos levantemos por la mañana. La prueba está en el mundo del famoseo, de los que lo tienen todo. Necesitan tralla, aunque sea a base de sexo, alcohol o drogas, hasta terminar por destruir sus idilios, matrimonios y hasta sus propias vidas y haciendas.

Nadie puede imaginar un mundo mejor. Lo único que saben es que este mundo “no mola”.

El largo caminar de los buscadores

Los más inconformistas con este mundo, un buen día se lían la manta a la cabeza, cogen su macuto, y deciden iniciar el largo camino hacia “el dorado” (llamemos así al mundo ideal donde reine la felicidad, la paz y el amor).

Esta búsqueda es de lo más curioso. Como para buscar algo, antes hay que imaginárselo, cada cual se monta su propia idea sobre lo que buscar. Unos lo cifran en una persona ideal, y buscan el “amor de su vida”, y se dedican a catar de todos los pastelitos que se les ponen al paso en una actitud de razonable promiscuidad, en busca de aquel (aquella) con el / la que conseguir el orgasmo perfecto. Otros centran su búsqueda en un lugar, pero un lugar físico. Los hay que se van a las remotas islas del Pacífico y se asientan en una de ellas y allí creen haber encontrado la felicidad. Luego viene un ciclón y les lamina la casa, pero esto entra dentro del guión de la “peli”. Otros centran su búsqueda en las técnicas de relajación y de bienestar físico y se pegan largas panzadas de ejercicio y de prácticas antiestress a medias entre entrenadores fitness y profesores de yoga. Otros centran su búsqueda en lo religioso, y se afanan en ritos y liturgias, buscando la comunidad que le sea afín a sus ideas, donde sentirse a gusto, dentro de un espectro que va desde el radicalismo y dogmatismo más salvaje, hasta comunidades de fe light “lite”, ligera.

Por otra parte están los buscadores de la transpersonalización, los que, deslumbrados por las megatendencias orientales se ponen manos a la obra con eso de la meditación trascendental jaleada por la Nueva Era, a ver si consiguen un viaje astral a módico precio pagado a sus instructores en estos menesteres, y así, abandonan su “yo” y logran un nirvana apañao, y así dejar de sufrir este sin vivir, al ritmo del “om”, mientras de paso adelgazan unos kilitos para lucir figurín este verano en las playas de moda.

Un selecto grupo de estos entusiastas de la transpersonalización se lo toman más en serio y van directo a las fuentes del saber perenne, y acuden a los grandes maestros que han existidos, leyendo sus obras, cosa que hemos hecho todos los que estamos en este negocio del Camino de perfección. Son aquellos para los que Buda, Lao Tse, Sankara, Isaías, Jesús de Nazareth o Rumi son los grandes avatares del Eterno, iluminados que han sabido indicar el camino de la Verdad. Algunos más, tienen la suerte de recibir enseñanzas directas de los grandes maestros actuales, tales como Ramana Maharshi, Huxley, Krisnamurti, Wuei Wu Wuei, Nissargadatta Maharaj, Roger de Taize, Larrañaga o Ghandi.

Estos últimos tienen alguna posibilidad de “dar en el clavo”. Pero acertarán si logran convencerse de una cosa, de dejar de buscar. Porque no hay nada que buscar. Es absurdo. Porque no hay nada en ninguna parte que no esté en el interior de nosotros mismos.

Si nos damos cuenta, el relato de buscadores coincide con lo que expuse en varias de las entradas a este blog que curiosamente han sido de las más visitadas, a saber, la 27.- Teoría del Confinador, la 29.- Fiat homo: el culto a Cronos, 31.- Fiat homo: puertas de emergencia y la 32.- La séptima puerta.

El factor común de todos los buscadores de todas las culturas, de todas las religiones es que lo que se supone que buscan es algo que hemos denominado “Dios”, y que las religiones han institucionalizado como objeto de culto. El gran problema es que tanto Dios, como Cristo, como el Tao, como Alá y todo lo que rodea a esto de lo trascendente son ideas, conceptos, elaborados de la mente, de algo que surge de nuestra Unidad de Carbono (mente-cuerpo). Lo que significa que es rigurosamente falso, o al menos, no es cierto.

Os recomiendo que leáis un libro asombroso, que yo estoy terminando de leer, que se titula “Perfecta Brillante quietud”. Después del Evangelio de Jesús,  la Noche Oscura de San Juan de la Cruz, del Tao Te King de Lao Tse y de la Filosofía perenne de Aldous Huxley, es lo mejor que he leído respecto de la Iluminación. Está escrito por un desconocido David Carse, un hombre corriente que digamos, experimentó lo que se suele denominar “el despertar”. No se puede explicar lo que dice, porque lo que expresa en el libro no es de este mundo, no es razonable. Es más, es un escándalo para las mentes consideradas inteligentes o que emplean la inteligencia para comprender. Sólo sé que dice la Verdad con mayúsculas. Porque su gran mensaje que él mismo ha experimentado es “¡para de buscar! No sirve de nada buscar, porque no hay nada que buscar, porque jamás encontrarás algo que no tienes ni idea de lo que es.

Porque lo que estás buscando eres Tú mismo, si pudieras deshacerte de ti mismo.
Para, por favor, para.
Para de hablar, para de objetar. Deja que haya silencio, aunque sólo sea por un momento.
Date cuenta de que tú no puedes hacerlo, de que no puedes lograr que eso ocurra. Date cuenta de que las objeciones y los juicios y las resistencias seguirán brotando en tanto que sigan brotando.
Déjalo estar. Deja ser al silencio, a la quietud.
Date cuenta de que casi cada pensamiento que tienes es un pensamiento “yo” o un pensamiento “mi”. Casi todos tus pensamientos tienen que ver con “yo” o se refieren a “mi” o a lo “mío”. Lo que yo siento… lo que me parece… lo que es para mí, según mi experiencia…, de donde yo vengo…, y así sucesivamente. Y aún en ocasiones en que no empleas tales palabras, pensar sigue siendo importante para ti, porque tú piensas que es tu pensamiento, tu opinión. Lo que tú sientes sobre ti mismo, sobre tu realidad. Abandónalo ya.
David Carse. Perfecta, brillante quietud. Gaia Ediciones 2009.

David Carse son de esas personas que muy de tarde en tarde son capaces de “caer en la cuenta”, de comprehender que esto que ven nuestros ojos en el espejo y todo lo que nos rodea, es una ensoñación, y que nosotros mismos formamos parte de ese sueño. Han experimentado “el despertar”, aunque como él mismo dice, en el fondo nadie despierta de nada, porque no hay nadie aquí. Solo existe la Consciencia, Lo Que Es, manifestada en un Universo del que nos hemos dedicado a escudriñar sus secretos, para darnos cuenta de que incluso el mismo Universo, que forma parte del sueño, es tan descomunalmente grande, que es una estupidez, tratar de abarcarlo con algo tan limitado como es la mente humana.

Os aconsejo leer este libro (que una vez más, agradezco a Fidel Delgado que me lo mostrara), aunque advierto que os chocaréis con el sin sentido de tratar de comprender por medio del lenguaje y del razonamiento, lo que es incomprensible. Nadie va a añadir un codo a su estatura a base de discursos, de pensamientos, como ya advertía Jesús de Nazareth, así que como él (David Carse, o la cosa David, como se hace llamar), lo único que se puede hacer con el libro de David Carse es leer sin emitir juicios de valor, y tratar de parar máquinas, aquietarse.

Aquietarse no significa dejar de mover el cuerpo. Aquietarse no significa tratar de impedir que aparezcan pensamientos o sentimientos. Siempre seguirán apareciendo pensamientos y sentimientos. Aquietarse significa soltar el nivel secundario del pensamiento: las opiniones, los juicios, los comentarios. Eso es lo que significa pararse.
Ningún pensamiento que hayas tenido jamás, es verdad. Ninguna opinión que hayas mantenido nunca es correcta. Suéltala…
Si te paras, sucede algo asombroso. El individuo deja de estar involucrado, deja de actuar; y para el mayor de los asombros, todo sigue sucediendo. Sin que tú lo hagas. Porque ¡oh sorpresa!, tú jamás hiciste nada.

¿Dónde he escuchado esto mismo antes?

¡Ah, sí!, ya me acuerdo…

25 «Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? 27 Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? 28 Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. 29 Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. 30 Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? 31 No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? 32 Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. 33 Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura.
Mt 6, 23-33

¡Para!, deja de buscar, porque lo que estás buscando es lo que tienes delante de tus ojos, ¿lo ves? No, no puedes verlo, porque entre la Realidad que tienes delante de ti y Tú mismo está tu “yo” que razona, piensa, interpreta, conforma modelos de realidad según captan tus sentidos, todo lo que constituye la gran nube del desconocer que te mantiene en tinieblas, en las tinieblas de un profundo sueño en el que quedaste sumido desde que naciste, y lo peor, tus mayores te enseñaron algo tremendo, que tus modelos de realidad es lo único que existe, “todo lo que existe” (consulta la entrada 20.- Fiat homo: todo lo que existe).

Y cuando Alguien te invita a que dejes todo lo que tienes, todo lo que eres, tomes tu cruz y le sigas, lo piensas una vez más y “no te fías”, así que prefieres volver a tu sueño, porque en tu sueño, al menos tienes dónde reclinar la cabeza. Recordando la película Matrix, tomas la cápsula azul, que Morpheo ofrece a Neo, en vez de arriesgarte, confiar y tomar la roja.

El incómodo estadio intermedio

¿Quién puede afirmar que ha recibido la iluminación? En este punto, David Carse advierte que adquirir el estado de aniquilación del “yo” individual no es algo que pueda alcanzarse con esfuerzo personal. Ya puedes tirarte toda tu vida haciendo oración contemplativa, yoga o meditación trascendental, que no por eso lograrás alcanzar ese estado de lucidez. No es algo que esté a nuestro alcance.

La Lucidez nos es dada gratuitamente.

Mientras tanto, los humanos que deseamos abrirnos al infinito, vivimos en una tensa espera.
7 «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. 8 Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al llama, se le abrirá. Mt 7, 7-8

Esperanza viene de “esperar” que algo bueno suceda.
Esperanza es ese estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos. Desde la religión, hablamos de la virtud teologal por la que se espera que Dios dé los bienes que ha prometido.

A los doctrinos se nos educa en el valor de la esperanza, de modo que debemos rogar a Dios nos ayude para lograr llevar una vida santa y recta. Pero todo está dentro de los límites del sueño, del Confinador. En ningún caso se nos indica que el único camino es el abandono de nosotros, la rendición de uno mismo, la negación de nuestra “aparente identidad”, que es la que creemos es la verdadera, nuestro “yo individual”. Todo en este mundo, tanto desde la perspectiva profana, como religiosa se basa en el “yo individual”, el que nos hace individuos, separados del resto. Así que la esperanza que se nos infunde es la que corresponde a “la otra vida”, una vez hayamos muerto físicamente y si superamos el examen final, entonces la cosa será de fábula.

No creo que esto fuera lo que Jesús vino a decir.

Jesús proclamó bienaventurados los pobres de espíritu, los que se han abandonado a sí mismos. Bienaventurados los que sufren, es decir, los que son conscientes de que el sufrimiento es fruto de esta actitud egoica ante la vida, y por eso mismo no ambicionan aquello que provoca sufrimiento. Y continua…
9 Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. 11 Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Mt 5, 9-11

La paz es quietud del alma, silencio interior; la justicia es la “no dualidad”, la que derriba las barreras del individualismo. Y por todo ello, nos injuriarán y perseguirán. Empezando por nuestro propio “yo individual”, que se negará a admitir esta sarta de gilipolleces.

Así que lo tenemos crudo los que estamos en ese estadio intermedio entre el cielo ansiado y la tierra que nos ata a una vida  de la que quisiéramos librarnos.

Renunciar a Cronos

Sabernos en un estadio intermedio, es ser conscientes de que estamos en proceso, en evolución entre un estado inferior con un “yo individual” que nos putea y uno superior donde somos Uno con el Eterno.
Todo el mundo comprende que una simple gota se funde con el Océano.
Pero sólo uno entre un millón comprende que el Océano se funde con una simple gota.
Rumi.

Lo que sucede, si es que sucediera algo, no es que yo me fundo con el Eterno hasta ser Uno con Él, sino que Él se funde conmigo. Y eso sucede fuera del tiempo y del espacio.

La espera es una incómoda actitud sujeta al paso del tiempo. La espera hace uso de la memoria que recuerda el tiempo transcurrido desde que empezó todo, y se imagina lo que puede quedar. Y eso provoca desasosiego, in-quietud, juicios de valor, molestia, impaciencia si vemos que lo esperado tarda o no llega. No sabemos ni el día ni la hora.
40 Entonces, estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; 41 dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada. 42 «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 43 Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. 44 Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. Mt 24, 40-44

La espera está sujeta al tiempo, a la memoria. La esperanza transforma la in-quietud en quietud, en paz, en confianza. Ya llegará el momento, cuando sea conveniente.

La esperanza nos libera del tiempo, nos introduce suavemente en los dominios de la Eternidad, donde nada sucede, para que nada quede sin hacer.

Olvido de mi

San Juan de la Cruz, en su obra “Subida al Monte Carmelo”, tras referirse a la transformación del entendimiento en fe, continua abordando la transformación de la memoria en esperanza.
Así, expone los grandes impedimentos que en todo este proceso supone la memoria.

El Capítulo 3 del libro tercero, señala tres inconvenientes que se producen cuando el alma utiliza los conocimientos que ha memorizado. Primero, hay el de caer en muchos errores, juicios inadecuados y pérdidas de tiempo. Luego, los conocimientos de la memoria engendran apetitos, temores, esperanzas, gozos vanos... de todos los cuales daños no habrá quien bien se libre, si no es cegando y oscureciendo la memoria acerca de todas las cosas... y mejor se vence todo de una vez negando la memoria en todo. 

El tercer inconveniente es que el uso de la memoria impide la unión divina. Total, mejor es aprender a poner las potencias en silencio y callando para que hable Dios... Aquí a todas las cosas cerramos la memoria, haciendo que quede callada y muda, y sólo el oído del espíritu en silencio a Dios, diciendo con el profeta : "Habla, Senor, que tu siervo oye" (1R 3,10) .
Estése, pues, cerrado sin cuidado y pena... No pierda el alma cuidado de orar y espere en desnudez y vacío, que no tardará su bien.

El siguiente Capítulo (4) trata del daño que puede causar el demonio por la vuelta de los conocimientos memorizados. Esta referencia al demonio, frecuente en la época de Juan de la Cruz, tiene de hecho el fin de mostrar cuantas tristezas, aflicciones y vanos gozos pueden nacer para los espirituales de un uso inmoderado de los recuerdos, y la disipación que puede entonces producirse, haciéndolos también grandemente distraer del sumo recogimiento, que consiste en poner toda el alma, según sus potencias, en sólo el bien incomprehensible.

El siguiente Capítulo (5) trata del daño privativo que constituye el uso de la memoria en cuanto al bien moral y al bien espiritual. El bien moral consiste a controlar las pasiones y los apetitos. Ahora bien, si se dejan los recuerdos, nunca le nacen al alma turbaciones de la memoria, porque, olvidadas todas las cosas, no hay cosa que perturbe la paz ni que muevan los apetitos, pues, como dicen, lo que el ojo no ve, el corazón no lo desea. Por otra parte, si este bien moral, esta moderación de las pasiones falta, el alma es incapaz del bien espiritual, que no se imprime sino en el alma moderada y pacificada. 

Fuera de eso, si el alma retiene y hace caso de las aprehensiones de la memoria,  visto que no puede ser atentiva sino a una cosa a la vez, no es posible que sea libre por el incomprehensible que es Dios.

Así, la virtud de la esperanza no es otra cosa que el olvido de mí y la carencia de todo deseo, lo que contrasta con lo que habitualmente atribuimos como esperanza, y repito lo que es académica e incluso religiosamente aceptado:

Esperanza es ese estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos (RAE). Desde la religión, hablamos de la virtud teologal por la que se espera que Dios dé los bienes que ha prometido.

La Esperanza es simplemente contemplar pacientemente el paso de los días y de las horas sin desear que nada suceda, porque nada tiene que suceder fuera de lo que sucede. Esperanza es contemplación; es ver cómo caen las hojas de los árboles, el paso de las estaciones, el paso de la vida, una vida cada vez más extraña, como extraño es un sueño cuando vivimos en vigilia. Esperanza es no esperar que suceda nada extraordinario, ni siquiera que se produzca el fenómeno del despertar, porque en ese estado de esperanza, ya se está produciendo en nuestro interior lo que ha de ser, la aniquilación, la rendición de nuestra individualidad.

Esperanza es dejar que el Océano se fusione con mi gota de agua.

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