Bienvenida

Hola, amig@.
Este es un blog dedicado a los caminos del ser humano hacia Dios. Soy cristiano, pero no pretendo dar una visión exclusivamente cristiana de estos temas.
Tampoco, y esto es muy importante, deseo que nadie tome lo que escribo como temas doctrinales. No imparto cátedra, líbreme Dios de algo que sólo está adjudicado a los sabios doctores con autoridad para impartir doctrina.
Lo mío es mi experiencia de vida y pensamiento, y lógicamente, puedo estar equivocado.
Dicho esto, y sin intención de cambiarle los esquemas a nadie, la pregunta que debes hacerte si quieres encontrar algo interesante en este blog es la siguiente:
"Si tengo y siento a Dios en mi vida, lo demás carece de importancia"
"Si no tengo o no experimento a Dios en mi vida, lo demás carece de importancia"
Si esta declaración va contigo, entonces, bienvenido seas.
Si no te dice nada, échale no obstante un vistazo; mal no creo que te haga, aunque sí puede que te haga rascarte la cabeza y plantearte cuestiones acaso "religiosamente incorrectas". Sobre todo ve a la entrada 19.- sitúate en el umbral
En cualquier caso, que la Paz esté contigo.
El título de blog "Todos los santos de Dios", afirma un convencimiento personal de que "todos los santos de Dios son todas aquellas personas de buena voluntad y sincero corazón, para los que Dios tiene sentido en su vida, aunque sean pecadores, aunque caigan una y otra vez, aunque incluso sean "ovejas perdidas de Dios", pero sienten algo dentro de sí que no saben lo que es, pero buscan el Camino de Regreso a Casa, con independencia de raza, nación y religión que pudieran profesar. Incluso aunque digan no creer. Si aman, y creen en la verdad, con todos sus defectos, forman la gran comunidad de Todos los Santos de Dios. Una Comunidad para los que Jesús de Nazareth vivió, murió y resucitó, aunque ni lo sepan, e incluso, ni lo crean.
Ya empezamos mal, desde el punto de vista doctrinal católico, pero no creo que esto a Dios le importe demasiado.

Si es la primera vez que entras, abre primero de todo la página "¿Quienes somos?, creo que te sorprenderás.
Luego consulta la página "Presentación del blog"
Y para navegar por las entradas de la página principal, vete mejos a la página "Índice", porque así encontrarás las entradas por orden de incorporación al blog.

Si, por otro lado, te interesa el pensamiento sistémico, te invito a que pases también a ver mi nuevo blog "HORIZONTE TEMPORAL", una visión sistémica del mundo para imaginar algo más allá de lo que pueden percibir nuestros sentidos.
Va de temas de aquí abajo, y de cómo plantearnos una forma holística de comprender los problemas que nos abruman en este mundo.

Correspondencia: alfonsoypaloma@gmail.com

domingo, 2 de octubre de 2011

120.- La Gran Unificación





 O cómo ver la vida de modo contemplativo, como vemos caer las hojas de los árboles. 
De cómo saber ver más allá de las cosas

Esta exposición requiere el esfuerzo de ver el escenario del pensamiento sobre la trascendencia del ser humano con una perspectiva global.
Sucede algo similar a la típica frase de que ver un solo árbol, impide contemplar todo el bosque; o alguien que no haya salido de su pueblo, no se puede siquiera imaginar cómo es el mundo en su conjunto.
Hecha esta advertencia, el planteamiento es el siguiente.





El ser humano, desde su naturaleza, es capaz de intuir la existencia de la Divinidad.
A lo largo de la Historia, han existido determinados personajes que han sabido “revelar” las verdades sobre la Divinidad. A la existencia, vida y mensaje de estos personajes históricos, les vamos a denominar “Fuentes de Revelación”.
Sobre estos personajes históricos y su mensaje, los que creyeron en ellos, desarrollaron los correspondientes sistemas religiosos que han desembocado en las diferentes religiones que se han establecido en el Planeta.
Como ejemplo inicial, apliquemos este planteamiento al mundo judeocristiano.



Los católicos somos fieles a una religión que es fruto del desarrollo doctrinal que los seguidores de Jesús de Nazareth han desplegado a lo largo de dos mil años de historia. Jesús de Nazareth, se presenta ante la Historia él mismo como el Hijo de Dios, como el Mesías, salvador del mundo. Nos da un mensaje que lo materializa en una vida de entrega total, hasta llegar incluso al sacrificio de la cruz. Jesús, el Cristo, es por tanto, Dios encarnado, el avatar.

El soporte de todo este planteamiento es la existencia de Dios, existencia que desde los libros del Antiguo Testamento se plasma como axioma indiscutible. Bien es cierto, que según lo describen los textos bíblicos, las actitudes de Yaveh Dios, son actitudes más bien humanas. Yaveh se enfada, es misericordioso, tiene compasión, pero a veces monta en cólera y envía castigos severísimos. Pero esto entra más en la forma de narrar las relaciones de dios con los hombres, a un pueblo en general inculto.

Pero en la base de todo, está la naturaleza humana, que se cuestiona sobre todo lo que existe, y sobre sí misma. Una naturaleza que no entiende la propia naturaleza de las cosas, y que ha de acudir a interpretaciones mitológicas, mágicas o sobrenaturales, para entender y aceptar tanto lo que siente como bueno, como lo que percibe y siente como malo o adverso. Una naturaleza que sufre y se alegra, que ríe y llora, que se ilusiona y desespera. Una naturaleza capaz de gestos heroicos y de las más bajas villanías. Una naturaleza sometida a fuerzas antagónicas que tiran en sentidos diametralmente opuestos, y que sólo en el equilibrio de esas fuerzas antagónicas, es capaz de encontrar la estabilidad y la paz. Una naturaleza, que finalmente, ha sabido, al menos empezar a comprender gracias a la Ciencia el mundo visible que le rodea, y gracias a la afectividad crear el arte, la cultura y en suma, la civilización, siempre entre la paz y la guerra.

Esta naturaleza humana, posee la capacidad necesaria y suficiente como para concebir algo asombroso; es capaz de concebirse a sí misma. Es capaz de crear con su pensamiento nada menos que el “yo”. Un “yo” frente a todo lo demás, hasta lograr afirmar “yo soy”, y así tomar conciencia de sí misma.

Este planteamiento es autocontenido en sí mismo, y responde a toda la visión espiritual del ser humano. Es a la conclusión que llega un doctrino en este caso del catolicismo. Y este planteamiento vale, si fuera éste el único planteamiento de estas características. Pero la verdad es otra bien distinta.




Sobre la base de la vida y mensaje de Jesús de Nazareth, el Cristianismo, a lo largo de la Historia no ha seguido una trayectoria uniforme, sino que tras sucesivos cismas, se ha fragmentado en diferentes ramas, en diferentes Iglesias, cada una con su doctrina, con sus principios, aunque todas ellas basadas en el Evangelio, más o menos. De esta forma, un mismo mensaje revelado por Dios a través de Jesús de Nazareth, es interpretado con matices lo suficientemente diferentes, como para forzar a una división interna múltiple. Un espectador externo se quedaría confuso a la hora de escoger cuáles de las interpretaciones es la verdadera, si acaso fuera que sólo una fuese la verdadera, versus las demás equivocadas.
Bien es cierto que a juzgar por el desarrollo histórico de las cosas, el tronco central ha sido el correspondiente a la visión católica del cristianismo, y que las demás son ramas disidentes de la doctrina primaria. Según esto, la versión verdadera sería la católica y las demás estarían equivocadas.
El que un cristiano pertenezca a la Iglesia católica, o a la ortodoxa, o a cualquiera de las iglesias protestantes, en principio es por razón de nacimiento, por el hecho de haber nacido en el seno de una familia cuyos padres fuesen de una determinada confesión, en una ciudad mayoritariamente de esa confesión, y/o en un país de similares características. Luego puede que una reflexión personal haya propiciado el cambio de confesión. Pero esto en principio es bastante raro. La excepción a esta rareza es América latina, en la que se está asistiendo a una fuga masiva de católicos hacia confesiones protestantes, fundamentalmente a la Iglesia evangélica.
Si dentro del universo cristiano, se asiste a esta multiplicidad de interpretaciones doctrinales, manteniéndose como única la fuente de revelación en Jesús de Nazareth, la cuestión sufre una explosiva multiplicación si nos alejamos aún más de una determinada fuente de revelación y multiplicamos las fuentes de revelación. Entonces tenemos el siguiente escenario.



Este panorama complica bastante la cuestión, dado que la fuente de la revelación se diversifica en diferentes avatares, que a su vez han dado como fruto religiones ramificadas, y por otra parte denominan a la divinidad con diferentes nombres, lo que en primera instancia insta a pensar que son diferentes, cuando en realidad es el mismo Dios denominado de diferente forma.
Sobre este desarrollo religioso, está el ser humano, que lógicamente no es homogéneo, sino que está diseminado en diferentes culturas y tradiciones, cada una de las cuales han dado origen a una concepción aparentemente diferente del mundo espiritual.




Es decir, las diferentes culturas y las diferentes tradiciones, tanto orales como escritas, han dado lugar a planteamientos diferentes en relación al mundo espiritual. Estos planteamientos son distintos en la forma, en las expresiones exotéricas, en las manifestaciones rituales, litúrgicas, ceremoniales, acorde con la idiosincrasia y con la particular historia de cada pueblo. Y también en el fondo, si por fondo entendemos las bases doctrinales de cada sistema religioso. Pero esto es sólo en primera aproximación.
Dicho esto, para un creyente de cualquier religión (nivel superior), este planteamiento resulta incomodísimo, porque, en principio, todas las religiones parten de la base de que la suya es la verdadera y las demás son falsas. Esto es especialmente aplicable al catolicismo y al islam, que bastante sangre han derramado y sufrimiento han provocado por esta manía de considerar a los demás infieles, a lo largo de la Historia.
Cuando una persona sólo conoce su religión y desconoce total o casi totalmente las demás, y tanto más cuanto que le dicen que sólo la suya es la verdadera, este planteamiento es absolutamente desconcertante, pues con él, la suya resulta ser una religión más de las muchas que existen.
Ante este planteamiento, es lícito plantearse si acaso lo que la Humanidad ha desarrollado en sus diferentes nichos ecológicos (civilizaciones, países, razas, culturas y tradiciones), no es otra cosa que diferentes interpretaciones de una misma realidad, realidad vista con el prisma, con las distintas gafas que aportan cada una de las civilizaciones, países, razas, culturas y tradiciones.
Ya los Vedas afirman al referirse a Dios, que “uno sólo existe, que los sabios llaman con diferentes nombres”.
Como he referido anteriormente, la adhesión a una determinada confesión religiosa no viene por decisión propia, sino por pura razón aleatoria de dónde hemos nacido, y en el contexto de qué civilización, país, raza, cultura, tradición y en concreto ámbito familiar hemos llegado a este mundo. De modo que un ferviente católico lo es por haber nacido en Italia o España, pero ese mismo sujeto, sería un ferviente hindú, de haber nacido en la India. Es decir, no ha sido decisión suya su fervor religioso hacia una determinada confesión, salvo que ya en la edad adulta, haya evolucionado y decidido cambiarse de bando. Es más, para los que acepten la reencarnación, cada uno de nosotros podemos haber sido en las diferentes vidas pasadas, hindúes en una, judíos en otra, bárbaros paganos en otra, ateos en otra, o piadosísimos católicos en otra. Brian Weiss así lo describe en sus libros.
La intuición de que todo este, llamémosle montaje semi intelectual, semi religioso, es fruto, como casi todo, de un elaborado de nuestro pensamiento, a lo largo de la Historia, hace que en un sector nada despreciable de la población, se asiente en el agnosticismo y el escepticismo frente a lo religioso, para al final llegar en el extremo al ateísmo, en el que nada hay que no pueda ser percibido con nuestros sentidos e interpretado por nuestra mente. Al ser la divinidad un elaborado de la Humanidad, no hay por qué aceptar su existencia desde un punto de vista objetivo.
Es decir, al final, todo es un imaginarium atribuible al modus operandi de la mentalidad de las diferentes culturas. No hay nada por encima.


La otra alternativa es la derivada de reconocer las diferentes religiones como interpretaciones desde diferentes perspectivas (las aportadas por las culturas y tradiciones), de una misma realidad. Esto nos lleva a reconocer que en todo este escenario religioso, existe un filtrado que es común a todas las interpretaciones, un factor común que unifica lo aparentemente disperso y dividido, lo que hace que el mundo esté dividido ante un mismo Dios.
Este planteamiento conduce entonces a comprender que Dios es uno, con diferentes nombres; pero también que la fuente de la revelación es una, con diferentes nombres. Es decir, que Jesús de Nazareth, Mahoma, Krisna, Buda, Lao Tse, aun siendo personajes diferentes en la Historia, son Uno en lo que respecta al Avatar de Dios, a Dios encarnado, tanto más, cuanto su mensaje es coincidente en lo relativo a la Verdad.
Esta afirmación es absolutamente rechazable y condenable para los cristianos, y sobre todo los católicos, para los que Jesús de Nazareth es el Cristo, el Mesías único. Y lo es para los musulmanes, para los que Mahoma es el auténtico profeta de Alá, y así sucesivamente, aunque Oriente no es tan fundamentalista como Occidente.
Por ello, este planteamiento no es admisible para ningún creyente de ninguna religión, con actitud de exclusividad. Es necesario un enfoque ecléctico, que nos separa necesariamente de cualquier planteamiento doctrinal de cualquiera de las religiones.
Y existen dos formas de alejarse de planteamientos doctrinales, una por la vía del escepticismo, concluyendo que todo es un modelo de una realidad no constatable, y otra desde un nuevo planteamiento filosófico, que es el que aporta la Filosofía perenne.
La Filosofía perenne es un concepto acuñado por Leibniz como término metafísico que reconoce una divina realidad en el mundo de las cosas, vidas y mentes. En el campo de la Psicología, se encuentra en el alma esa divina Realidad. Para la Ética, pone la última finalidad del hombre en el conocimiento de la Base inmanente y trascendente de todo ser. Esto supone aceptar que más allá de las cosas que son perceptibles por nuestros sentidos (e instrumentos de medida), existe una realidad que transciende la vida humana.
Si esto se acepta, entonces se comprende el caleidoscopio religioso como lo que es, toda una paleta de interpretaciones aparentemente diferente de una misma realidad.
El enfoque clásico que más se acerca a este planteamiento es la filosofía vedanta advaita, es decir, la filosofía no dual, última rama Veda del hinduismo, difundida por Shankara. Esta filosofía es la que más se aproxima a un planteamiento ecléctico de la vida espiritual. Y esta es la razón por la que la moderna metafísica, la está revitalizando y relanzando, como planteamiento integrador del misterioso mundo de lo trascendente.
Según este planteamiento, el escenario quedaría reducido a lo siguiente.




 

Existe una única realidad que denominamos CONSCIENCIA o DIVINA REALIDAD, en la que el ser humano participa en su misma esencia, pero existe una barrera que separa aparentemente al ser humano de sea divina realidad, que es la imagen que de sí mismo se ha forjado el ser humano, el “yo”, por el cual “yo soy” una entidad diferente, separada tanto de Dios, como de las demás criaturas del Universo.
Esto me confina en un mundo constituido por millones, miles de millones de seres humanos, cada cual con su  particulares intereses, con sus virtudes y sus defectos, y en permanente lucha competitiva por los recursos vitales y superfluos. Lo que nos hace seres enfrentados unos con otros. Y también me confina en una cápsula espiritual, el alma (atman), aparentemente separada de Dios.
Pero todo es un espejismo. El “yo” es un simple elaborado, útil para nuestra vida a bordo de este Planeta, pero nada más. Ni estamos separados de los demás, y mucho menos de la divina realidad, de la que participamos plenamente, tanto en esencia, como en manifestación.
Porque en realidad, todo es CONSCIENCIA, de la que los humanos formamos parte.

A partir de este hecho, cada teoría filosófica, cada religión, se lo monta a su manera, interpreta cosas, estructura sus modelos propios. Se contradicen entre sí. Yo tengo razón, tú no la tienes, yo estoy en lo cierto, tú estás equivocado. Unos piensan con el hemisferio cerebral izquierdo, otros con el derecho, otros con el hipocampo, y cada cual ve las cosas según su particular perspectiva. Y así, hasta los grandes pensadores se tiran los trastos a la cabeza unos a otros.

Creo, sinceramente que Jesús de Nazareth vino a este mundo a sentar las bases de la Gran Unificación.

... para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. (Jn 17, 21)

Pero parece que en sus planes no cabía otra que la creación de una estructura como la Iglesia católica, que adueñándose de la exclusiva, montara una religión más, de modo que sólo los católicos pueden ser uno con Dios. O este ha sido un error admisible, para que las cosas sucedan como han de suceder, dentro de la natural estulticia del ser humano, incapaz de comprender la unicidad de la Consciencia.

Cualquier planteamiento que se separe de la simplicidad de la Unidad es por principio un modelo imperfecto, y tanto más alejado de la Verdad, cuanto más complejo sea.

Porque la Verdad es simple, es Paz, es Luz, es Quietud, brillante y perfecta Quietud.

Esto sólo lo pueden ver con claridad los místicos, con independencia de la religión de la cual procedan, esa gente extraña y desconocida, a la que les es otrogado el don de la iluminación, acaso por estar abiertos a la simplicidad, y ver la vida de modo contemplativo, como vemos caer las hojas de los árboles, sin juzgar, sin interpretar nada, simplemente viendo más allá de las cosas, más allá de la multiplicidad, de la dualidad.

Esto no es una teoría filosófica, sino una actitud ante la vida, tan simple, como difícil para gentes tan complicadas como los seres humanos.

Dicho esto, y por el imperativo de tener que convivir con la comunidad a la que pertenecemos y a la que debemos amar, eso sí, sin escandalizar a "estos pequeñuelos", volvamos a compartir creencias, ritos y liturgias, cada cual la que corresponda con la de su comunidad, que al fin y al cabo, si las cosas son como son, es porque el mismo Dios, la propia Consciencia, tiene a bien y ve conveniente que así sea, al menos hasta ahora.

*

119,- La Verdad es Dios




Entonces Pilato le dijo: «¿Luego tú eres Rey?» Respondió Jesús:
«Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.» Le dice entonces Pilato: «Y...¿qué es la verdad?»
Juan 18, 37-38
Para un político, la verdad es su mayor enemigo, y por el contrario la mentira es su mayor aliado. Un político no puede ir con la verdad por delante, se lo comerían las otras alimañas de la política inmediatamente. No tendría carrera.
Sin embargo Jesús le responde que ha venido al mundo para dar testimonio de la Verdad.

La Verdad une, la mentira separa. (Consuelo Martín)
Gandhi y la Verdad

Afirmo que creo en la verdad desde mi infancia. La Verdad fue lo más natural para mí. En mi oración busqué y encontré la reveladora máxima: "la Verdad es Dios", en lugar de la habitual "Dios es la Verdad". Dicha máxima me permite ver a Dios cara a cara, por decirlo así. Siento que Él llena todas las fibras de mi ser.
- Harijan 9 de agosto de 1942, p.264



Siendo muy joven, me enseñaron a repetir lo que en las Escrituras hindúes se conoce como "los mil nombres de Dios". [Dios gusta llamarse al gusto de todos. Uno sólo existe, que los sabios denominan con diferentes nombres - Viejo proverbio Veda-]. Pero esos mil nombres no son en modo alguno exhaustivos. Nosotros creemos -y yo pienso que es verdad-, que Dios tiene tantos nombres como criaturas existen. Por eso también decimos que Él no tiene nombre. Y así como Dios tiene muchas formas, también consideramos que no tiene forma alguna; y del mismo modo que Dios nos habla a través de muchas lenguas, también consideramos que no habla en absoluto; y así sucesivamente. De hecho, cuando empecé a estudiar el islam, descubrí que también el islam tiene muchos nombres para llamar a Dios. Con los que dicen "Dios es Amor" yo digo también que Dios es Amor, pero desde lo más hondo de mi ser afirmo que aunque Dios es Amor, por encima de todo digo que "El Amor es Dios", pero sobre todo que Dios es la Verdad.
Pero hace dos años di un paso más y dije que "la Verdad es Dios". Hay una sutil distinción entre ambas afirmaciones: Dios es la Verdad y la Verdad es Dios. Llegué a esta conclusión después de una búsqueda incesante de la Verdad que empezó hace cincuenta años. Más tarde descubrí que lo que más nos acerca a la Verdad es el Amor. Pero también comprendí que la palabra "amor" tiene muchos significados y que el amor humano entendido como pasión, puede convertirse en algo degradante. También entendí que el Amor entendido como "no violencia", tenía pocos partidarios en el mundo. Pero nunca descubrí un doble sentido en relación con la verdad; ni siquiera los ateos ponen objeciones a la necesidad de poder ver la verdad. Sin embargo, en su pasión por descubrir la verdad, los ateos no dudan en negar la existencia misma de Dios - lo que es consecuencia lógica desde su punto de vista [creo en lo que veo]. De esta reflexión comprendí  que en lugar de decir "Dios es la Verdad", tengo que decir "la Verdad es Dios".
[...]Pero ¿qué es la Verdad?
Esta es una pregunta difícil, pero yo me la he respondido diciendo que es lo que la voz interior nos dice. Entonces -podríamos preguntar-, ¿cómo se explica que diferentes personas conciban verdades diferentes y hasta contrarias? Pues bien, si tenemos en cuenta que la mente humana opera a través de innumerables medios, y que la evolución de la mente humana no es la misma para todos, se sigue que lo que puede ser verdad para unos puede ser mentira para otros.
Cada cual tiene que percatarse de sus limitaciones antes de hablar de su Voz interior. Por eso nosotros creemos, basándonos en la experiencia, que quienes emprendan individualmente la búsqueda de la Verdad como Dios, tienen que hacer varios votos, como por ejemplo el voto de la verdad "la no maledicencia", la pureza, la pobreza de espíritu y la no violencia "no maleficencia".
Young India, 31 de diciembre de 1931. pp 427-428

Manifestaciones de la Verdad

Dios se manifiesta en el Amor y en la Verdad, que en esencia es lo mismo. La tradición cristiana tiene un canto precioso, el "ubi cháritas", que comienza con estos versos:
Donde hay caridad y amor
Ahí está Dios,
Congreguémonos en torno al Amor de Cristo...

Y como vemos, no es necesario estar adscrito a una confesión religiosa concreta para terminar viendo esto claro. Donde hay caridad y amor, ahí está Dios.
Una persona consagrada es aquella que dedica su vida a buscar la Verdad y derramar el Amor a los demás, una persona que, superando los corsés educativos con los que ha sido programado, acuerda consigo misma cuatro acuerdos:
El primero, la no maledicencia. Ser impecable en el hablar. Si o no, lo demás es excesivo.
El segundo es no tomar nada personalmente, de modo que quede lejos de ti emitir juicios de valor tendenciosos. No juzguéis y no seréis juzgados.
El tercero es no hacer suposiciones. No extrapolar consecuencias. Vivir el día a día, bástele a cada día su afán.
El cuarto, hacer siempre el máximo esfuerzo. Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Que llegue la noche y nuestro remordimiento haya sido no haber amado lo suficiente.
Si nuestra vida se muestra así, seremos testigos de la Verdad, y el Amor de Dios se derramará a nuestro través a todo aquel que lo necesite.
Se acabó, caso cerrado.
Este es el mensaje que el Papa con sus palabras, dio en las Jornadas Mundiales de la Juventud, una invitación a la juventud mundial a que sea testigo de la Verdad.

Y esto lo entiende un niño. Esto lo han entendido los jóvenes, en torno a dos millones de personas congregadas en el aeródromo de Cuatro Vientos en Madrid. No es difícil.
Ha sido una imagen estremecedora ver tamaña cantidad de jóvenes escuchando este tipo de mensajes del Santo Padre.
El mensaje de estos días no puede ser otro que el de siempre. Se le puede poner mayor o menor carga emotiva, pero no es otro que una invitación a seguir a Jesús, a colocarle en el centro de nuestras vidas, y dicho esto con unas u otras palabras.
El éxito de la JMJ no radica en la cantidad de jóvenes que han acudido, que ciertamente han desbordado todas las previsiones; ni depende de la organización, que ha resultado excelente, rayando en la perfección, al menos visto desde fuera. Tampoco ha residido en las palabras del Papa, que, como no podía ser de otra forma han sido las de siempre, palabras de ánimo para seguir a Cristo.

El éxito de la JMJ no se podrá comprobar en los próximos meses, cuando todo haya acabado. El éxito de la JMJ dependerá de sus frutos, de los dos millones de frutos que puedan producirse en los próximos años. Porque el éxito de la JMJ radica en el proceso que se pueda producir en el corazón, en lo más íntimo de todas y cada una de las personas que lo hayan vivido.

En este sentido, la JMJ no es sino una experiencia de choque, donde los mensajes están entremezclados con un ambiente propicio a las emociones fuertes, a la ternura espiritual, al deseo de dar la vida por Dios, por Cristo. Más o menos.

La cuestión, la pregunta, es qué quedará en el corazón de cada uno de los jóvenes cuando cada uno haya vuelto a su realidad, a la rutina diaria. Como siempre, los primeros días estarán flotando y sin poder aterrizar sobre la cotidianeidad de sus vidas, recordando cada momento. La cuestión será ver la calidad de los posos, de lo que quede tras el despertar de la resaca.

La cuestión es hasta qué punto el escenario, palabras del Papa incluidas, habrán sabido o podido tocar la fibra sensible de cada joven. Porque el resultado de la JMJ no se puede evaluar mediante estadísticas por muy espectaculares que resulten, en tercera persona del plural, "los jóvenes asistentes", sino en primera persona del singular, "yo", mi alma, mi ser, y cómo han sido removidas mis entrañas.

El fenómeno religioso en el ser humano, más allá de las manifestaciones exotéricas, litúrgicas, de culto, resulta ser un proceso esotérico, interior, íntimo. Lo he referido en anteriores entradas, como la décima, "porque tuve hambre". ¿De qué me sirve adorar al Santísimo en la custodia de Arce, si no le veo a Él en el corazón de cada ser humano con el que me cruzo, que es donde realmente habita?

La manifestación de la Verdad se produce en el corazón de cada uno de nosotros. Los impactos mediáticos están bien, es como sacudir violentamente un olivo, para que caigan las aceitunas. Y nadie duda que en este asunto, la Iglesia tiene oficio, pues viene haciéndolo de modo rutinario cada domingo en la Plaza de San Pedro, y "from time to time" en cada visita del Papa en su planetaria gira por el mundo. Pero la clave está en la capacidad que estos acontecimientos tengan para mostrar las sendas de la vida interior, que es en ellas donde se produce realmente el milagro de la conversión.

Manifestaciones de otra índole
Por lo demás, mi esperanza de apertura al mundo, a ofrecer compartir Paraíso con el resto de la Humanidad, no parece que esté en el programa de la Iglesia. La consagración de la juventud del mundo al Sagrado Corazón de Cristo es un gesto muy de agradecer, pero entiendo que esto lleva consigo la obligatoriedad del bautismo.

Todo sigue igual. La Iglesia sigue presentándose al mundo como la única vía de salvación.

Con calificarse esas jornadas de acontecimiento planetario, universal, sin embargo, ¿ha acudido algún joven cristiano no católico? ¿ha acudido algún joven no cristiano? ¿ha participado en ella algún escéptico con deseos de aclarar su mente y su corazón? ¿se ha invitado a la mesa del Papa a los publicanos y pecadores? ¿se han hecho risas y camaradería con ellos? Las manifestaciones laicas hablan de todo lo contrario.

Realmente ¿ha sido una jornada de la juventud, o una jornada mundial de la juventud católica? Incluso, aún más ¿no habrá sido una jornada mundial de la juventud católica simpatizante con el Papa?

En realidad es verdad que los dos millones de católicos de Cuatro Vientos representaban a la juventud del Papa, como ellos mismos se califican.

Aunque yo no soy monárquico, pero tampoco dejo de serlo, reconozco que el Rey es una figura que es capaz de reunir a simpatizantes de todos los partidos políticos (más o menos). Es decir, no creo que un socialista se encuentre a gusto en un mitin del partido conservador, ni viceversa. Sin embargo, ante una reunión con su Majestad el Rey, ambos, aunque se vieran de reojo, podrían acudir y escuchar.

¿Qué líder mundial, religioso o no, es capaz de convocar a personas de cualquier pueblo, etnia y religión?

La respuesta es "nadie". Nadie en este mundo es capaz de hacer que los lobos pasten con los corderos, que los católicos, musulmanes, hindúes y escépticos, se sienten juntos y puedan escucharle con atención. Nadie.

El Papa es capaz de congregar en torno a él a los católicos y no a todos, sino a los papistas. Esto no resta colorido y profundidad al acontecimiento vivido en aquellos días en Madrid.

Pero esto me lleva a derivar en algo que odio profundamente, y me lleva torturando toda mi vida, reconocer que si la verdad une, pero la mentira separa, el hecho de que ningún líder humano sea capaz de congregar a personas de distintas ascendencias religiosas, significa que la Humanidad sigue tristemente dividida por tendencias religiosas que enarbolan para sí la exclusiva de la Verdad. Esa actitud exclusivista encierra la semilla de la mentira, de alguna forma. Y no sirve ya esgrimir argumentos teológicos.

Esta es la razón por la que mi defensa de la existencia de una comunidad ecuménica de "todos los santos de Dios", más parece una entelequia, que una realidad. Y a pocos interesa este blog que justamente enarbola esta idea.

Pero el Maestro dijo que volvería por segunda y última vez, para decir, "venid benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer". No va a decir, "venid los católicos, porque habéis acertado, y al resto, que os den...".

Me pregunto si la Institución católica (curas, obispos y el Papa), se han enterado realmente y por completo a los cristianos que adoramos en el altar y reconocemos a Jesús como el Hijo de Dios, del mensaje que Él nos quiso transmitir, y parece que hemos interpretado a nuestro modo, en el sentido de exclusividad.

¿Realmente vino Jesús a fundar una nueva religión, tal y como la conocemos, con su cuerpo doctrinal y su organización, donde su líder se erige como el representante nada menos que de Dios en la Tierra? O simplemente vino a enseñarnos el Camino de Regreso a Casa y que cada grupo humano lo exprese como desee, siempre que sigamos sus pasos.

Esto, una nueva religión estructurada e institucionalizada, es lo que afirma la Iglesia católica que es a lo que vino Jesús, y este es el resultado, a día de hoy, y tras dos mil años, un escaso 15% de la Humanidad con alguna posibilidad de salvación. Si estoy equivocado, pido a alguien que lea este blog, que me lo explique. Hasta ahora ningún cura ha sido capaz de explicarme esto.

Jesús de Nazareth está fuera de toda duda, el Evangelio queda fuera de toda discusión, porque es en sí mismo Universal, y no puede ser que la Iglesia católica se crea con el derecho de ostentar en exclusiva el copyright y los derechos de autor del mensaje de Jesús.

Pero hay preguntas que siguen sin respuesta para todos aquellos que observan con escepticismo, no el mensaje de Jesús, sino las evoluciones de la organización católica, una organización, por ejemplo, absolutamente dominada en el Siglo XXI por hombres, donde el papel de la mujer es tan sólo de ayudantía.

Este fue el escenario de la misa en la catedral de Madrid, sólo para hombres. No había ni una sola mujer en el templo repleto con seis mil sacerdotes y seminaristas. No les estaba permitido a las mujeres asistir, no son dignas del sacerdocio. Será por lo del pecado de Eva, supongo y ser consideradas por Dios y por la Iglesia las causantes de todos los males de la Humanidad por lo de la puñetera manzana.
Ni siquiera la santidad se escapa de esa subordinación de la mujer al hombre. De cien santos del santoral católico, el 80% son hombres y tan sólo el 20% mujeres. Y por supuesto, casi el 100% son consagrados a la vida sacerdotal o religiosa, y tan sólo algún despistado que se haya colado de rondón, es seglar o laico.

En medio de las virtudes del evento, no es difícil encontrar estas cosas que te chirrían, y que te devuelven a los fantasmas de la infancia y a las cuestiones que nos soliviantan a los que tenemos la puñetera manía de pensar.

¿Donde está la Verdad? ¿Dónde está Dios?

Pero todo está bien. Esta sucediendo lo que ha de ser.

*

sábado, 27 de agosto de 2011

118.- Sólo llanto y crujir de dientes...


El Bosco. El jardín de las delicias (zona del infierno)


Tras celebrar el éxito rotundo de la JMJ, y ensalzar francamente el mensaje de esperanza al mundo de su Santidad Benedicto XVI, y de animar a los jóvenes congregados en Cuatro Vientos a proclamar la Buena Nueva, como en otras ocasiones de encuentros con el Papa, faltaba el contrapunto del mensaje, el temido "no obstante", que no es otro que la reafirmación de la temida frase "no hay salvación fuera de la Iglesia católica", como me maliciaba en mi entrada 116.- Misericordia quiero...

Al final del mensaje de amor y paz, los discursos "urbi et orbe", siempre se rematan con la advertencia de que "fuera de nosotros", sólo llanto y crugir de dientes.
El Papa hace indirecta referencia a esta realidad en la siguiente frase de la homilía de la misa de Cuatro Vientos, el domingo 21 de agosto:
Queridos jóvenes, permitidme que, como Sucesor de Pedro, os invite a fortalecer esta fe que se nos ha transmitido desde los Apóstoles, a poner a Cristo, el Hijo de Dios, en el centro de vuestra vida. Pero permitidme también que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él.

El Cardenal Stanislaw Rylco, presidente del Pontificio Consejo de los laicos y responsable final de las JMJ, en las palabras de agradecimiento al Papa, lo expresaba de esta forma:

Santo Padre, ahora llegamos al momento importante y tan esperado del envío misionero. Como conclusión de la Jornada Mundial de la Juventud 2011, todos los jóvenes aquí presentes están listos para salir de Madrid al mundo entero, enviados por vuestra Santidad, como apóstoles de la nueva evangelización. Cada uno de ellos ha recibido una pequeña cruz misionera que Usted, Santo Padre, bendecirá dentro de poco. Esta cruz les recordará siempre la importante consigna que han recibido hoy, de llevarla por el mundo como signo del amor del Señor Jesús por la humanidad, anunciando a todos que solo en Cristo, muerto y resucitado, hay salvación y redención.

Ante estas estas frases, estas expresiones de que fuera de Cristo no hay salvación, yo personalmente no tengo nada que objetar. Es más aplaudo con las orejas si es preciso. Porque decir Cristo es decir Dios, y la vida sin Dios realmente carece de sentido.

El problema no es este, si a la Humanidad se la divide en dos, los que ponen a Dios en el centro de sus vidas, y los que se ponen a sí mismos en el centro de sus vidas, dejando a Dios fuera de ella. Bajo esta perspectiva, estoy totalmente de acuerdo, y así lo vivo, con las palabras del Papa y del Cardenal Rylco. Porque bajo esta división de los seres humanos, subyace en el fondo los que viven la vida bajo la "no dualidad", todos somos uno, lo que significa la incesante búsqueda de la Verdad y la donación de la vida a los que necesitan de nuestro Amor, ("porque tuve hambre y me dísteis de comer"), de aquellos que viven la vida bajo "la dualidad", yo versus los demás, los que anteponen sus propios intereses y ambiciones a las necesidades de los otros, ("porque tuve hambre y no me dísteis de comer"). Porque como dice Gandhi, "nuestro planeta tiene recursos para todos, pero no los tiene suficiente para satisfacer la ambición de unos pocos".

Bajo este prisma, absolutamente todo el discurso del Papa tiene todo el sentido del mundo, y me adhiero a él fírmemente.

Pero..., siempre hay un pero.

Para la Iglesia católica, decir Dios, es decir Cristo; y decir Cristo es decir la Iglesia.

En la homilía de la misa de Cuatro Vientos, el Santo Padre lo expresaba de la única forma posible, según la doctrina católica, basada en el Evangelio...

Queridos jóvenes, también hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro. Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.
En su respuesta a la confesión de Pedro, Jesús habla de la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». ¿Qué significa esto? Jesús construye la Iglesia sobre la roca de la fe de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. Sí, la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Co 12,12). La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza.

Este enfoque va más allá del simple hecho de dividir a la Humanidad entre los que creen en Dios (se le llame como se le llame), y los que no creen en Él, sino entre católicos bautizados, y el resto, crean o no crean en Dios, tengan presente a Dios en sus vidas, o no, sean justos o injustos, den de comer al que tiene hambre o le quiten el poco pan de su boca para su beneficio personal.

La cuestión no es tanto una actitud sagrada ante la vida, sino el hecho de estar o no bautizado por la Iglesia, es decir, la cuestión está en pertenecer formalmente a la Iglesia católica o no. Este planteamiento presenta el bautismo católico como condición sinequenon para la salvación eterna.

Aquí es donde, a mi juicio, radica todo el problema; en si este es el planteamiento, basado además en la frase final de Jesús antes de ascender a los cielos...

Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Mc, 16. 15-16

Según esta sentencia, a día de hoy, con un porcentaje de católicos inferior al 16% de la población mundial, y bajando peligrosamente, el 85% de los seres humanos están condenados al fuego eterno, por el hecho de no estar bautizados (y mucho más si habiéndolo estado, se han pasado a otra confesión cristiana o no cristiana. Es el hecho de Latinoamérica, con la fuga de católicos a las confesiones protestantes en la actualidad).

Si a esto sumamos la dudosa certeza de que, aún estando bautizado, es dudoso te salves si no mueres en gracia de Dios, considerando que de los católicos, sólo una proporción muy pequeña son "católicos practicantes", es decir, que frecuentan los sacramentos (elemento esencial, según la doctrina católica para asegurar la salvación), tenemos que a penas el 1% de los seres humanos, más o menos, tiene alguna posibilidad de salvarse, si consideramos que pecado mortal (merecedor de la condenación eterna) es no ir a misa un domingo sin justificación bastante, usar el preservativo, o hablar mal de alguien.

Es decir, se invierte la proporción de ovejas descarriadas, de una frente a 99 que habla Jesús en la parábola del buen pastor, a 99 frente a una, que se deduce del anterior planteamiento.

Triste final para la maravilla de la Creación. Si Dios sabía, porque me imagino que lo sabría cuando tomó la decisión de crear el mundo, que la cosa iba a terminar, al menos para los humanos de este planeta, de forma tan desastrosa, más le valdría no haberse tomado la molestia de crear a un ser tan estúpido como el hombre, para al final, conformarse con recibir en el Cielo a San Pedro y unos cuantos amigos, católicos por supuesto, y el resto, todo el mogollón de desgraciados humanos, al puto infierno,. como está mandado.

Este razonamiento es el que me ha atormentado toda mi vida, y ha sido lo que me ha hecho recelar cada vez que el Papa o los obispos abren la boca. Es el planteamiento que se desprende del silogismo, si A (Dios) es igual a B (Cristo), y B es igual a C (Iglesia católica), entonces A (Dios) es igual a C (Iglesia católica), y que además se basa en las palabras del propio Jesucristo, como hemos podido ver.

Cada vez que he planteado este espinoso asunto a los sacerdotes católicos, éstos  suelen escabullirse como anguilas dando una respuesta de "si, pero no y no pero sí", por la vía circunfleja, que me deja igual, con la misma duda, sobre si es posible que este haya podido ser el planteamiento de Jesús de Nazareth, cuando los Evangelios canónicos lo reflejan con estos términos.

En un intento de no comerme el coco más de lo higienicamente necesario, he ido a las fuentes doctrinales, he estudiado más a fondo el tema, y he encontrado una respuesta a estas preguntas, que más o menos, suavizan el cartesiano planteamiento que he reflejado, de la siguiente forma, y para no quitar ni añadir, voy a transcribir literalmente lo encontrado en una página web católica, al respecto.


¿HAY SALVACION FUERA DE LA IGLESIA CATOLICA?
PREGUNTAS:

A la primera pregunta: puede alguien salvarse fuera de la Iglesia Católica, la respuesta es esta:
El Catecismo de la Iglesia Católica (#774-776), siguiendo la enseñanza milenaria de la Iglesia y citando al Concilio Vaticano II, nos recuerda que la Iglesia Católica es “instrumento de salvación universal” (LG 9). Y añade el Catecismo en su resumen de este tema: “La Iglesia es, en este mundo, el sacramento de la salvación, el signo y el instrumento de la comunión con Dios y entre los hombres” (Ver Catecismo de la Iglesia Católica #780).
Esta ha sido la posición de la Iglesia desde sus comienzos y durante sus dos milenios de existencia. Sin embargo, si bien en forma general se dice que es necesaria la pertenencia a la Iglesia Católica para la salvación, el Catecismo explica lo siguiente en un capítulo que titula “Fuera de la Iglesia no hay salvación”:
Entendida esta afirmación “de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo”. Es decir, quien se salve, dentro o fuera de la Iglesia, se salva por la gracia de Cristo y a través de su Iglesia.
Sin embargo, la afirmación de que no hay salvación fuera de la Iglesia no se refiere a los que, sin culpa suya no conocen a Cristo y a la Iglesia por El fundada. Y, citando nuevamente al Concilio, nos dice el Catecismo que si éstos “buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna (Vat.II, LG 16)”. (Ver Catecismo de la Iglesia Católica #847)
Sabemos que Cristo dejó bien especificada la necesidad de la fe y el bautismo para la salvación: “El que crea y se bautice se salvará. El que se resista a creer se condenará” (Mc. 16, 16). Además, instituyó su Iglesia como instrumento de salvación, en la que entramos a formar parte desde el momento de nuestro Bautismo. De allí que no podrían salvarse aquéllos que, sabiendo que Cristo (Dios) fundó su Iglesia como necesaria para la salvación, sin embargo no hubieran querido entrar a ella o hubieran escogido separarse de la misma. (cf.Catecismo de la Iglesia Católica #846)
Aclaremos un poco más: para todos aquéllos que rechazan la doctrina de Cristo, que evaden la pertenencia a la Iglesia, o que se separan formalmente o informalmente de ella, que es el instrumento de salvación que Dios mismo nos ha dejado, y esto lo hacen con pleno conocimiento y con pleno consentimiento, ponen en grave peligro su salvación eterna.
Pero existe la posibilidad de salvación para muchas personas fuera de la Iglesia de Cristo. Por ejemplo, aquéllos que vivieron antes de Cristo y que no formaron parte del pueblo de Israel, que era la prefiguración de la Iglesia en el Antiguo Testamento. Igualmente también tenían y tienen posibilidad de salvación los que no conocieron o no conocen de Cristo y de su Iglesia. ¿Qué decir, por ejemplo de los aborígenes de América que vivieron antes de la evangelización?
Y ¿qué sucede con las personas que pertenecen a otras religiones?
Otro documento del Vaticano II también toca este tema. Al hablar de nuestra futura resurrección dice así el Concilio: “Esto (la salvación, resurrección) vale no solamente para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de sólo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual” (Vat.II, GS 22).

Sin embargo el documento más reciente y más amplio que ha emitido la Iglesia Católica sobre este tema es la Declaración “Dominus Iesus” del año 2000. He aquí lo que dice al respecto:
“Ante todo debe ser firmemente creído que la ‘Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación, pues Cristo es el único Mediador y el camino de salvación presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia’ (Vat.II, LG #14). Esta doctrina no se contrapone a la voluntad salvífica universal de Dios; por tanto, ‘es necesario mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación’ (RM #9)”.
“Para aquéllos que no son formal y visiblemente miembros de la Iglesia, ‘la salvación de Cristo es accesible en virtud de la gracia, que, aun teniendo una misteriosa relación con la Iglesia, no les introduce formalmente en ella, sino que los ilumina de manera adecuada en su situación interior y ambiental. Esta gracia proviene de Cristo; es fruto de su sacrifico y es comunicada por el Espíritu Santo’ (RM # 10).”
“Sobre el modo en que la gracia salvífica de Dios llega a los individuos no cristianos, el Concilio Vaticano II se limitó a afirmar que Dios la dona ‘por caminos que El sabe’ (Vat. II, Ad gentes #7)”. La teología está tratando de profundizar este argumento. Sin embargo, queda claro que sería contrario a la fe católica considerar que la Iglesia Católica sería un camino más de salvación que vendría a ser complementado por otras religiones”.
En relación a la existencia de numerosos elementos de santificación y de verdad fuera de la estructura visible de la Iglesia Católica, es necesario afirmar que la eficacia de esos elementos de verdad, de bondad y de santificación que existen fuera de la Iglesia “deriva de la misma plenitud de gracia y verdad que fue confiada a la Iglesia Católica (Vat. II, Unitatis et redintegratio #3)”.
El Espíritu Santo, que es el Espíritu de Cristo enviado por el Padre, actúa en modo salvífico tanto en los cristianos como en los no-cristianos y lo hace de manera misteriosa. Pero sabemos que todo aquél que se salva, se salva por los méritos y por la gracia de Cristo, no por sus propios medios, ya que la voluntad de Dios de que todos los hombres se salven, se nos ofrece y de hecho se cumple, por la encarnación de Dios en la persona de Jesucristo y por los méritos de su pasión, muerte y resurrección.
No significa todo esto que porque algunos puedan salvarse fuera de la Iglesia de Cristo, los católicos estamos excusados de cumplir el mandato de Jesucristo de evangelizar, pues todos los seres humanos, pertenecientes o no a otras religiones, están llamados a formar parte de la Iglesia Católica, instrumento de salvación universal que el mismo Cristo nos dejó.
(Ver Catecismo de la Iglesia Católica # 846, 847, 848)

A la pregunta de si todos los católicos se salvarán, la respuesta del magisterio de la Iglesia es esta:

Tampoco significa todo esto que los que pertenecemos a la Iglesia Católica estamos automáticamente salvados por el hecho de pertenecer a ella. Es necesaria nuestra cooperación a las gracias que nos vienen de Cristo a través de su Iglesia y que el Espíritu Santo derrama continuamente sobre cada uno de nosotros.
Es importante notar que es verdad teológica, basada en la Sagrada Escritura, que los seres humanos tenemos todas las gracias necesarias -y muchas más- para salvarnos.
“Te basta mi gracia” (2 Cor. 12, 9). “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia” (Rm. 5, 20).
Aprovechar todas esas gracias de salvación que se encuentran a plenitud y en sobreabundancia en la Iglesia Católica, especialmente en los Sacramentos, es ya opción de cada católico.
En efecto, dice el Catecismo: “Los Sacramentos obran ex opere operato (por el hecho mismo de que la acción es realizada), es decir, en virtud de la obra salvífica de Cristo, realizada de una vez por todas ... Sin embargo, los frutos de los Sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe” (Ver Catecismo de la Iglesia Católica #1128).

A la pregunta de qué hay que hacer para salvarse, la respuesta es esta:

Antes que nada: desear la salvación, desear ser salvado por los méritos de Jesucristo, nuestro Señor. Y, además, sentirse necesitado de salvación, reconocer que sólo la gracia divina nos salva.
Ahora bien, necesitamos responder adecuadamente a todas esas gracias que continuamente están a nuestra disposición, es decir, se requiere nuestra colaboración a esas gracias. Pero, adicionalmente, debemos recibir esas gracias en humildad, sabiendo que hasta nuestra capacidad de respuesta a la gracia, es también gracia de Dios.
Responder a la gracia es aprovechar todas las gracias sacramentales (las que nos vienen a través de los Sacramentos) y las gracias actuales (las que se nos dan cada momento de nuestra vida), para ir conformando nuestra voluntad con la Voluntad de Dios. Esto equivale a decir que debemos aprovechar la libertad -don maravilloso de Dios a los seres humanos- para optar libremente por la Voluntad de Dios.
No quiere decir esto que nunca pequemos, pues la naturaleza humana herida por el pecado original, es débil y propensa al pecado. Significa que debemos tratar de no caer, para lo cual contamos con todas las gracias necesarias, pero que, cuando caigamos, debemos aprovechar las gracias actuales de conversión que se nos dan cada vez que pecamos y nos apartamos del camino de Dios, para retomar ese camino, a través del arrepentimiento, del propósito de enmienda y del Sacramento de la Confesión.
Y hay que retomar ese camino de conformación con la Voluntad Divina cada vez que caigamos, pues se requiere también nuestra perseverancia hasta el final, de manera que nos encuentre el Señor preparados en el momento de nuestra muerte.

En esta página web hay más cuestiones, que podéis encontrar con el enlace arriba colocado, pero para lo que nos ocupa, estas son las respuestas a las tres primeras preguntas.

Y este es el discurso del Papa y de los obispos, una dialéctica teológica que trata de hacer la cuadratura del círculo entre la idea de que es de noche, y la evidencia de que es de día. Es querer armonizar la conclusión de que "una oveja perdida frente a 99", que dice Jesús es lo mismo que "99 ovejas perdidas frente a una que se salva", que se deduce de la lógica cartesiana del razonamiento expuesto al principio.

Desconozco si hay más seres humanos para los que esta cuestión le quite el sueño. A mi me lo viene quitando desde que tengo sentido común (aunque no sé si lo tengo realmente, el sentido común). Es esta cuestión la que siempre me ha hecho recelar de la Iglesia, y la que me ha inducido a plantear la Tesis de "Todos los Santos de Dios", fundamento de este blog, porque no es posible que una persona de buena voluntad y sincero corazón, corra el peligro de condenarse al fuego eterno, por el hecho de no ser católica. Mi condición de "cristiano de frontera" me hace permanentemente tener presente en todos mis planteamientos filosóficos y religiosos a los que están fuera de los límites de la diócesis.

Al final creo que podemos dejar la cosa con la Iglesia católica en tablas, pues ella, presa en la cárcel de sus palabras, no es capaz ni puede (a riesgo de desdecirse de sus afirmaciones dogmáticas, lo cual es de todo punto imposible) ir más allá de lo que expone en su cuerpo doctrinal, en el que concluye que bueno... seamos clementes y aceptemos "pulpo como animal de compañía", es decir, que los no católicos pueden salvarse por razones que sólo Dios sabe, mediante una misteriosa relación con la Iglesia católica, y etc, etc. Es decir, una explicación teológicamente correcta a algo que es un verdadero callejón sin salida, tal y como está doctrinalmente planteado.

Dejémoslo así. Dejemos la cuestión del "llanto y el crujir de dientes" como destino para aquellos que, tanto si son católicos como si no, hacen de este mundo un lugar de llanto y crujir de dientes, y quedémonos con la inmensa parte positiva del mensaje del Santo Padre a los jóvenes, que yo comparto y hago mía plenamente, pues, con independencia de todo lo expuesto, siempre he sido y soy un miembro activo de la Iglesia católica, y me siento plenamente integrado en ella, aunque tengo mis dudas sobre si me salvaré por el hecho de poner en cuestión estos escatológicos asuntos...

Como diría Teresa de Calcuta, "yo amo a todas las religiones, pero estoy enamorada de la mía".


domingo, 21 de agosto de 2011

117.- Id y proclamad




Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.»  Mt 28, 19-20

Este ha sido el mensaje final que ha transmitido el Papa a los jóvenes a la conclusión de la JMJ. Es un mensaje claro y contundente, un mensaje que nos implica a todos los que hemos recibido el don de la fe.

Poco más hay que decir al respecto. En mi caso, tan sólo felicitar y mostrar la descomunal sorpresa de ver cómo se ha desarrollado esta Jornada Mundial. Ha sido un ejemplo increíble de civismo, rectitud, buena organización y ejemplar comportamiento del millón y medio de peregrinos y voluntarios que han intervenido en este acontecimiento que tiene un alcance planetario.



Decir que Cristo es la Puerta de la Salvación es decir que el Amor y la Verdad son la Puerta de la salvación. "Porque tuve hambre y me disteis de comer".

Yo así interpreto este mensaje, para que en él quepan las cuatro quintas partes de la humanidad que no es católica, y que en esa proporción existan algo más que gente atea, descarriada o perversa. 

Para todos aquellos santos de Dios que no son católicos, este mensaje del Papa, también aplica; al menos eso creo, o eso deseo creer. Para los musulmanes de buena voluntad, para los hindúes, judíos, taoístas, sintoístas, budistas, animistas, y demás seres humanos, que por una razón o por otra, no han conocido a Jesús por razones diversas, la esperanza de la salvación es real, tiene que serlo, si han sabido amar y dar testimonio de la Verdad a través de una vida entregada a los demás.


Valoro la JMJ como un descomunal sacrificio y esfuerzo por anunciar a la juventud de este planeta el mensaje de Jesús, aunque a este evento sólo haya asistido una representación de la juventud católica. En este sentido me siento totalmente hermanado con todos y cada uno de los peregrinos que han asistido a tal evento, y con los miles de voluntarios que la han hecho posible con su trabajo y dedicación.

El Santo Padre es la única persona en este Planeta capaz de congregar a seres humanos de todos los países, y si se lo propone, de todas las creencias. Tiene autoridad y capacidad para ello, para abrir las puertas del Cielo a toda la Humanidad.

Hago votos para que así sea.

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